Cómo identificar al imperialismo en España (V) El relato fariseo sobre la inmigración

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En este y los anteriores artículos se trata de evidenciar cómo es posible observar en las contradicciones de la actualidad la influencia imperialista en el caso español, de modo que el imperialismo, como concepto, siga siendo un referente de lucha para la izquierda nacional en momentos en los que el vertiginoso movimiento internacional puede desorientarnos. Las anteriores entradas son:
1 El falso embargo de armas al genocidio
2 La represión sindical y la Ley Mordaza
3 Las elecciones en el entorno UE
4 Los recortes sanitarios

La reciente iniciativa de regularización extraordinaria de inmigrantes (nota de prensa) por parte del Gobierno (PSOE-Sumar y a propuesta de Podemos) se presenta como una medida humanitaria, pero requiere un análisis crítico dentro del contexto del sistema capitalista global y las relaciones de poder internacionales.

Dado que el debate político se ha adocenado de manera intencionada en los últimos años, nos vemos obligados a señalar una obviedad: realizar este análisis no implica cuestionar los derechos legítimos que deberían poseer los trabajadores independientemente de su nacionalidad. La solidaridad entre trabajadores de distintos pueblos debe prevalecer en todo caso.

Es evidente que, una vez que existe el problema de esos cientos de miles de trabajadores que ya se encuentran en España, es positivo que al menos quienes provocaron el problema ofrezcan alguna mejora, y que propongan acceso a los derechos mínimos que cualquier persona debe tener por el hecho de existir, como la posibilidad de habitar en algún sitio -empadronarse- o dejar de ser invisibles en los registros y reflejar, negro sobre blanco, sus derechos laborales -posibilidad de firmar contratos de trabajo-, pues en esto consiste la regularización ofrecida y que no debe confundirse con la nacionalización.

Pero la cuestión aquí es que, precisamente, quienes se arrogan la posición humanitaria y solidaria son los mismos que contribuyen a que el problema exista y se perpetúe, tanto como los que se atribuyen las posiciones patrioteras y proteccionistas.

No es casual que la parte percibida como izquierda de los parlamentos españoles saque el debate cuando en la sede original del modelo bipartidista, EEUU, se producen asesinatos a sangre fría durante las protestas por las batidas contra inmigrantes de los mercenarios de Trump. Nuestros representantes «progresistas» buscan así revalidar su rol de parte izquierdista de la comedia, renovar su contrato electoral de «alternativa social».

Las discusiones entre las dos partes de nuestro bipartidismo neoliberal han copado los medios estos días, con argumentos que aluden a la visceralidad en ambas orillas electorales. Es astuto que se empleen sentimientos y no razones, porque el uso de la lógica dejaría al descubierto la falsedad del fingimiento. Repasamos a continuación los datos reales que deberían emplearse para valorar la medida.

En las distintas cumbres celebradas en los últimos años, las dos partes de los bipartidismos atlánticos aparcaron siempre sus diferencias y coincidieron en el rearme y la protección de las fronteras

La hipocresía en la política exterior migratoria, cortina para la dinámica imperialista

En la Cumbre de la OTAN de 2022 (ficha informativa del Gobierno USA), celebrada precisamente en Madrid durante la anterior legislatura (PSOE-Sumar-Podemos), se definió explícitamente al «flanco sur» (Norte de África) como zona de interés estratégico, punto central del control migratorio. El Concepto Estratégico, así llamado, estableció que «los Estados y actores no estatales del Sur utilizan medios híbridos, incluyendo flujos migratorios».

De manera explícita, la OTAN identificó sin ambages a China como «desafío» y a Rusia como «amenaza más significativa y directa». La «agresión rusa» se empleó ya de forma franca como excusa para el gasto militar, la dedicación de parte del PIB de los países al rearme, que luego sería ampliada en la siguiente cumbre de La Haya en 2025. En este reciente encuentro otanista, Sánchez confirmó que España «seguirá siendo una pieza clave de la arquitectura de la seguridad europea, tanto en el flanco Sur, como en el flanco Oriental» (nota de la Moncloa sobre la Cumbre 2025).

Entretanto, en 2024, Sánchez realizaba una gira por Mauritania, Gambia y Senegal, donde anunciaba que España retomaba los «contratos de migración circular», que permiten la entrada temporal de trabajadores para sectores específicos con déficit de mano de obra en España. Este sistema crea una fuerza laboral marginal, sin derechos plenos, que compite con trabajadores nacionales y presiona a la baja los salarios (nota de RTVE que explica las actuaciones GECCO, de contratación en origen, usadas por los gobiernos de los dos signos).

En resumen, mientras el humanitario Gobierno asume su papel de guardián del flanco sur de los aliados atlánticos, mientras aumenta el gasto militar que se dedica no sólo a entregar armas a Ucrania sino a las operaciones del Mediterráneo que bloquean rutas migratorias, y mientras establece acuerdos de control fronterizo con países como Marruecos, fomenta el extractivismo económico de la migración circular, que trae temporalmente a trabajadores subsaharianos y latinoamericanos para emplearlos con salarios inferiores y sin posibilidad de reagrupación familiar pues luego regresan a origen.

El parole humanitario español

Mención aparte merece la relación del gobierno español con la oposición venezolana. Desde reconocer a Juan Guaidó como «presidente encargado» de Venezuela a acoger a los opositores que pedían la invasión militar de su propio país (que finalmente culminó en el secuestro propio de piratería del presidente Maduro), España fue siempre un sumiso colaborador de la posición estadounidense ante la República Bolivariana de Venezuela.

Al mismo tiempo, Venezuela se ha convertido en una de las principales fuentes de migración a España (más de 400.000 venezolanos residen actualmente en España según el INE). Esta contradicción revela cómo las políticas desestabilizadoras generan flujos migratorios que luego se gestionan de forma selectiva.

Vendría a ser un remedo español del Parole Humanitario implementado durante el mandato de Joe Biden en EEUU. To be on parole quiere decir libertad condicional. El término se aplica también al permiso temporal con el que el gobierno Biden abrió sus puertas a ciertos inmigrantes, aunque acompañado de un calificativo piadoso, más cercano al ideal demócrata, el Permiso Humanitario o Parole Humanitario. Con este permiso, personas extranjeras reciben autorización para traspasar las fronteras, que de otro modo les estarían vetadas y les provocaría persecución. La licencia se otorga, como su nombre indica, bajo la palabra del demandante, además de la de un patrocinador, quienes deben comprometerse a cumplir una serie de requisitos.

Extracto del formulario que el «patrocinador» debe rellenar para traer a su beneficiado al país.

La explotación laboral ya existente gracias a la presión imperialista de las grandes empresas (subrogación de la mano de obra en otros países para su abaratamiento) realiza así un nuevo tipo de presión pues arranca directamente del país perseguido el capital humano. Los países receptores extraen del país desfavorecido la mano de obra para insertarla en su propia maquinaria productiva. Esta doble jugada resulta en el caso de EEUU, además, gratuita, pues son los patrocinadores (familiares en su mayoría) quienes corren con los gastos de viaje, estancia y los gastos que conlleve, como por ejemplo gastos médicos que sean necesarios. El beneficiario del parole procurará, por su bien y el de su mecenas, buscar enseguida la primera oferta de trabajo que aparezca. Será una mano de obra dispuesta, diligente y expuesta a las condiciones laborales que se le propongan por parte de los empleadores.

Esa vuelta de tuerca o hiperexplotación de la contratación de inmigrantes acaba favoreciendo la bajada de los costes. Al tratarse de personas que han tenido la valentía de abandonar sus países y sus familias, y provenir de peores condiciones sociales, estas se encuentran más disponibles a aceptar condiciones laborales más penosas o salarios más bajos.

Esa hiperexplotación plantea condiciones de venta muy apetecibles para el capital. La integración laboral de los inmigrantes se sitúa mayoritariamente en puestos elementales (servicio doméstico, personal de limpieza, vendedores ambulantes, servicios de dependencia, comercio, manufacturas, montajes y agricultura), con sueldos inferiores (hasta 40% menos), peor contratación (temporalidad, parcialidad), condiciones peores (mayores jornadas, más horas extras y menos pagadas). Algunos de estos sectores plantean la incongruencia de que sólo gracias a esta hiperexplotacion serían viables. Es el caso de la agricultura del plástico y del servicio doméstico.

La verdadera actitud de la izquierda sería señalar la colaboración de España al imperialismo y buscar alternativas en el contexto internacional

La regularización de inmigrantes, aunque pueda tener efectos positivos individuales, se enmarca en un sistema capitalista global que genera migración forzada mediante políticas económicas y militares imperialistas. Además, gestiona selectivamente los flujos migratorios según necesidades del mercado laboral. De ese modo utiliza la división entre trabajadores nativos e inmigrantes para debilitar la solidaridad de clase y mantiene una retórica humanitaria que oculta relaciones de explotación estructurales.

La verdadera solución se encontraría en cuestionar el papel de España en la arquitectura económica global. Esto comprendería rechazar las políticas exteriores que generan migración forzada. Por otra parte, crear alianzas internacionales de clase que superen las divisiones nacionales, que se encuentran precisamente en el Sur Global y en los países que la OTAN señala como «enemigos».

Mientras las regularizaciones se implementen como medidas aisladas dentro del marco capitalista-imperialista, seguirán siendo parches que, aunque alivien situaciones particulares, perpetúan el sistema que genera las migraciones forzadas y la explotación laboral transnacional.

Lo que los partidos que se autoperciben como izquierda ocultan es que España desempeña un papel específico en la arquitectura imperialista como gendarme del flanco sur de sus superiores atlantistas. Ejecuta las políticas migratorias duras que otros países europeos no quieren aplicar directamente. Media entre UE y África/Latinoamérica, suavizando la imagen del neocolonialismo europeo.

Se trata de la hipocresía institucionalizada: mientras regulariza algunos miles, externaliza la violencia fronteriza, financia regímenes autoritarios y participa en guerras que generan más desplazamientos. La regularización migratoria, en este contexto, es una válvula de escape que alivia tensiones sociales sin cambiar estructuras, un maquillaje humanitario para políticas esencialmente violentas. Una cortina de humo que oculta la complicidad española en el sistema imperialista que genera migración forzada.

Mientras España no abandone la OTAN, cualquier regularización será un paliativo dentro de un sistema genocida por omisión, donde las políticas españolas contribuyen directamente a que miles sigan muriendo en nuestros mares, mientras se explota a los que logran llegar como mano de obra barata y desechable.

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