Perseguida por expresar mi pensamiento y opiniones feministas

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Jamás pensé que viviría lo que he vivido este último año. El verano pasado, al calor del ardiente debate en las redes sociales por la inaceptable Ley trans que pretende aprobar Irene Montero, escribí unos tuits criticando esta norma y los conceptos que se recogen.

Mi posicionamiento al respecto es claro y no cambio ni una coma. A la sociedad se la está confundiendo, empezando por las escuelas, para que crean que sexo y género son conceptos similares e intercambiables. El sexo, siendo las características biológicas que diferencian a mujeres y hombres, las primeras con potencial capacidad de producir gametos grandes (óvulos) a los segundos con potencial capacidad de producir gametos pequeños (espermatozoides), es una característica inmutable. Tomes lo que tomes, amputes lo que amputes, todo tu cuerpo es sexuado, no somos como el famoso juguete Potato. El género, siendo las normas, estereotipos, expectativas y actitudes que se imponen a mujeres (feminidad) y hombres (masculinidad) y que generan la desigualdad, es una herramienta de opresión para las mujeres, por lo que convertirlo en una identidad protegida por ley es antifeminista.

Por otro lado, toda la evidencia que he acumulado a lo largo de este tiempo, articulada en leyes autonómicas, protocolos educativos y guías subvencionadas por el Ministerio de Sanidad, que son las que dirigen actualmente las actuaciones en el ámbito sanitario y educativo respecto a las criaturas y adolescentes que muestran alguna disconformidad con el género, me ha hecho concluir que hay un camino trazado para que niños y niñas que no se ajusten al “género” esperado por su “sexo asignado”, sean dirigidos a asociaciones trans para empezar con un adoctrinamiento que les hace creer que son del género contrario, y por tanto tienen que ajustar su cuerpo al sexo que correspondería. Este camino conduce a un bloqueo temprano de su desarrollo corporal para después ofrecer hormonas cruzadas, lo que se llama método holandés, y finalmente, pasar al tratamiento quirúrgico, siendo este proceso irreversible. Hace un año, hablar de esto en Twitter, supuso que elaboran contra mí una denuncia dos asociaciones de personas trans, ATA Trans Andalucía y No es terapia, porque interpretaron que yo promovía terapias de conversión y que mis publicaciones eran discriminatorias. El sr Saúl Castro, presidente de la asociación No es terapia, se ha paseado por medios de comunicación diciendo que en Andalucía se practicaban terapias de conversión, en algunas ocasiones mencionando mi nombre. Otras personas han escrito tuits llamándome tránsfoba y otras lindezas. Medios de comunicación al que se les presupone seriedad, se lanzaron a hacerse eco de la noticia sin contrastar nada. Desde luego, mi reputación se ha visto afectada para quien no conozca lo que está pasando con el tema trans.

En febrero de este año recibí una notificación de la Junta de Andalucía por el que me abrían un expediente sancionador por haber cometido presuntamente una infracción muy grave que llevaba consigo una multa de hasta 120.000 euros y 5 años de inhabilitación. Este proceso ha sido un esperpento. La parte denunciante decía que yo había dicho cosas que no tenía nada que ver con lo que yo había escrito. Incluso llegaron a compararme en sus alegaciones con una persona que en año 2019 sí fue sancionada por anunciar terapias de conversión en su web. En sus escritos no paraban de llamarme tránsfoba por mis comentarios, hasta manifestar que yo podía, a través de mis tuits convertir a gente y que yo era una ignorante porque no sabía que la identidad de género era una esencia de la persona, que nacía con ella. Me acusaron de “obligar” a las personas a aceptar su cuerpo y de deconstruir los estereotipos de género. Honestamente, pensé que ojalá yo consiguiera esto último con unos tuits.

Para quienes nos tomamos la psicología en serio, más o menos porque siempre hay que tirar del humor, sabemos que las conductas, las expectativas, los sentimientos, las preferencias en vestimenta… no son innatas sino aprendidas. Estas asociaciones de personas trans me acusaban de afirmar algo que ya se sabe a ciencia cierta, que es que las personas estamos inmersas desde que nacemos en la socialización sexista que fomentará que las niñas en su gran mayoría se interesen por cuidar muñecos y vestir de rosa y los niños por jugar al fútbol y cochecitos; estas asociaciones pretendían acusarme de transfobia por el mero hecho de decir que si un niño quería ponerse una camiseta rosa o jugar con muñecas no es que fuera una niña trans, sino un niño corriente. Hemos llegado a un punto en el que, en las escuelas, donde apenas hemos aplicado una tibia coeducación, se les dice a las niñas que rechazan las horquillas, que son revoltosas y odian los tutús, que son niños trans. Con el camino que les espera. Mi opinión al respecto es que a los niños y niñas hay que dejarles jugar en libertad sin decirles explícita o implícitamente que existen “cosas de niñas” y “cosas de niños” porque esto es sexismo. Si sufren malestar psicológico lo que hay que hacer es escucharlos y resolver ese malestar en terapia, no atajarlo a golpe de bisturí y hormonas que causan daños irreversibles. ¿Desde cuándo la psicología ha dimitido de su propósito que es ayudar al paciente a recuperar su bienestar psicológico con terapia?

Pues bien, con esta denuncia durante seis meses todas mis publicaciones, todas mis intervenciones, han sido fiscalizadas y puestas bajo una lupa. Creedme que no es plato de buen gusto porque si bien yo tengo a la razón de mi parte, también sé que la doctrina trans/queer tiene tentáculos muy largos. Sin embargo, si algo celebro es que el proceso administrativo ha sido impecable y los razonamientos jurídicos mucho más. No os quiero aburrir con ellos, pero cada alegación presentada por la parte denunciante ha sido desestimada porque no tenía nada que ver lo que ellos denunciaban con mis publicaciones. La justicia es lo que tiene, que, si acusas a alguien de algo y les enseñas las pruebas, esas pruebas deben tener relación con lo que estás denunciando, si no, haces el ridículo.

Durante mi práctica clínica con mujeres que han sufrido maltrato psicológico, es muy habitual que los ex les pongan demandas por cosas que son falsas pero que tiene una base de verdad: por ejemplo, la mujer lleva al hijo al médico porque la criatura ha perdido peso, el pediatra le dice que entra dentro de los parámetros normales pero que lo observe. El padre del niño aprovecha la coyuntura para demandar a la mujer por negligencia de la salud del menor. Ella tiene que perder tiempo y energía para pedir informes, volver a buscar abogado o solicitar uno de oficio y demostrar que es falso que el niño esté en situación de riesgo. Yo me he sentido así, teniendo que perder tiempo, dinero y energías en desmontar una mentira y dejar de lado proyectos de mi activismo como madre de una niña con discapacidad.

Finalmente, el archivo del expediente es claro y contundente. Mi crítica a la Ley trans, mis publicaciones sobre los conceptos de “identidad de género” (sentimiento profundo inherente de ser hombre, mujer o una mezcla), la inmutabilidad del sexo, la problemática que existe en la infancia y la evidencia que lo sustenta, no tienen nada que ver con promover terapia de conversión ni discriminar al colectivo trans, sino que forma parte de mi derecho a la libertad de expresión.

Un año después, han cambiado muchas cosas. La clínica Tavistock va a ser cerrada y unas mil familias se preparan para demandarles por aplicar tratamientos a niños y niñas que han resultado ser experimentales. En España ya tiene mucha fuerza la asociación Amanda Familias, nació la Red de Psicología Casandra, profesionales de la psicología críticas con la identidad de género y Sanitarias Feministas, equipo multidisciplinar de sanitarias feministas abolicionistas. En algunos países ya no se puede hormonar a menores de edad y hay muchas más personas dándose cuenta del disparate que implica hacer una ley por la que cualquier persona puede ir al registro y cambiar su sexo en el DNI y ser tratado a todos los efectos legales como tal. Es decir, un señor cualquiera, podría ir al registro y hacer el cambio. Nadie le puede cuestionar absolutamente nada, porque sería atentar contra su identidad. Sería tratado como mujer a todos los efectos legales, incluso las acciones positivas previstas en la Ley de igualdad entre hombres y mujeres (Art 37 y 40 del anteproyecto de Ley trans de Irene Montero de 2021). Esto le va a permitir, por ejemplo, entrar en vestuarios y espacios protegidos para mujeres; optar a las cuotas de paridad de partidos para mujeres; si ejerce violencia contra otra mujer sería agresión de mujer a mujer, no violencia de género, incluso la violación; si va a la cárcel sería internado en el módulo de mujeres; podría competir en la categoría de las mujeres en el deporte… Esto ya está pasando. Me opongo al borrado jurídico de las mujeres y a la experimentación con menores y lo expreso porque me ampara el artículo 20 de nuestra Constitución Española.

1 Comentario

  1. No tiendo mucho de este tema, pero lamento que seamos tan crueles de atacar, criticar, insultar; en la mayoría de las veces sin razón. Por tanto estoy muy a favor del RESPETO.
    Confío en que se haga justicia con esta profesional y madre.

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