Así se desmontan los argumentos de una persona trans.

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Varones que dicen ser mujeres se quejan todo el rato de que las mujeres no queremos que los hombres invadan nuestros espacios, no solo privados, sino políticos ni de lucha activista.

         Da igual que sean Manolo o Paco y que ahora se llamen Lorena o Samantha. Son todos exactamente iguales: vanidosos, caprichosos y narcisistas.

         Estos varones saben perfectamente que la discriminación y opresión de las mujeres se basa en el sexo, pero a ellos les da igual, ellos lo que quieren a toda costa es que las mujeres creamos en el mito de la identidad de género, un sentimiento de ser mujer, hombre o algo intermedio (basado en el sexismo; esto nunca lo dicen), y que finjamos que ellos son mujeres sin que protestemos ni pensemos en las consecuencias que todo esto está trayendo. Si puede ser con una sonrisa en la cara, mejor.

         Como buenos narcisistas que son, lo que hacen es hacerse las víctimas diciendo que queremos dificultarles su existencia. Están todo el día con la turra del “odio” porque las mujeres no creemos en el mito de la identidad de género y no les damos la razón: no son mujeres. Se parecen a sus primos voxeros que dicen que las mujeres siempre queremos arruinar la vida a los hombres de bien.

         No es odio no darte la razón, Manolo.

         Por supuesto, en un exacerbado despliegue de narcisismo, lo primero es hacerte sentir culpable con unas palabras elegidas a propósito: la exclusión. ¡Qué horror, exclusión! Nadie quiere ser excluido y está mal excluir. Esto toca la fibra a muchas personas de buena fe y por supuesto, sin formación en el feminismo.

         ¡Quejas, quejas, quejas, quejas, queeeejaaas…! Una tras otra: que si hemos organizado manifestaciones diferentes en el 8 de marzo, Día internacional de la mujer trabajadora, que si consideramos que la prostitución es explotación y no trabajo… ¡Les da pavor a estos personajes que las mujeres tengamos una opinión, incluso si ésta fuera desacertada, que no lo es, tenemos derecho a tener una! ¡Lo pone en la Constitución Española!

         Estos hombres se permiten hasta chascarrillos: «¿cómo va a una mujer trans a borrar a una mujer?» Bueno, así a vuelapluma me acuerdo de que un señor que dice ser mujer se ha llevado un premio a mejor actriz recientemente, y que hay ya unas 1000 mujeres en el mundo que han perdido medallas en el deporte porque se los han dado a señores que dicen ser mujeres.

         Cuando hablan de la violencia machista, legalmente conocida como violencia de género, se hacen la picha un lío. La violencia de género es aquella que ejerce el varón sobre la mujer mediando una relación sentimental presente o previa. Las feministas venimos diciendo que esa definición se queda corta. Una mujer a la que violan y asesinan unos desconocidos también sufre violencia machista. Pero no constará como violencia de género.

         En cualquier caso, la violencia de género es la que ejerce el varón contra la mujer por una cuestión de poder y control para someterla. ¿Es violencia de género que un señor mate a una señora por un fardo de drogas? No, eso no lo es. Lo digo porque siempre viene el mismo «desubicao» de siempre a decir “¿entonces pegar a una mujer siempre es violencia de género?”.

         A continuación… aparece el dato demoledor: 321 personas trans asesinadas. Entramos en terreno farragoso, porque estos personajes esconden datos y si argumentas, empiezan las acusaciones del “y tú más”. Pero este dato hay que explicarlo. Para empezar, es un dato MUNDIAL. En España fueron asesinadas dos personas el año pasado. La mayoría son hombres que dicen ser mujeres, y la mitad estaban en situación de prostitución. Hay que destacar que, además, tres cuartas partes ocurre en América latina y en el Caribe y que el 80% de los asesinados estaban afectados por el racismo, entre otros factores como la homofobia. Por supuesto, la mayoría son asesinatos perpetrados por varones.

         Estos asesinatos son muy penosos. Nadie, insisto, nadie, debería ver segada su vida por otro ser humano. Los detonantes de estos hechos no tienen nada que ver con la violencia de género, pero en un totum revolutum, estos personajes dicen que las mujeres son asesinadas por los mismos motivos. Eso es falso.

         En España llevamos 1263 mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas según datos oficiales, que contabilizan desde 2003. Sabemos que el momento más arriesgado de una mujer es cuando se divorcia o se separa. El varón, viendo que su “posesión” se va, la destruye.

La violencia de género en el sentido más amplio tiene su origen precisamente en que la hembra humana, la mujer, ha sido históricamente considerada un bien de consumo para tres servicios fundamentales: dar hijos al varón, cuidar la prole y el hogar del varón y como esclava sexual.

Nótese que esas situaciones tienen que ver con nacer con sexo femenino.

El patriarcado es el sistema social donde el varón tiene la autoridad y credibilidad y la mujer está subordinada a él. No lo digo yo, lo analiza muy bien Gerda Lerner en La creación del patriarcado.             

         Aunque en las sociedades actuales sobre el papel tenemos iguales derechos y deberes, en la práctica las mujeres seguimos en esa subordinación a través de la pornografía, la prostitución, los vientres de alquiler, los roles de género y la violencia machista. A través de la propaganda las mujeres son convencidas de someterse al mito de la belleza e hipersexualizarse, de estar disponibles sexualmente para los hombres, de tener hijos porque toca, de cuidarlos sin descanso, de entrar en la prostitución y pornografía si hay pobreza, de vender hijos por “altruismo”… y ahora también quieren convencernos para que traguemos un grado más de subordinación: que los hombres pueden ser mujeres porque ellos lo digan y nosotras a callar.

         Sus quejas no quedan ahí, hablan de la infancia, por supuesto desde el sentimentalismo. Que les odiamos, que no dejamos a les niñes tomar hormonas ni amputarse los órganos sexuales libremente. De nuevo, en una estrategia de transposición, ellos son los buenos y las mujeres que queremos proteger a la infancia, las malas. Como el maltratador que va por ahí poniendo verde a la mujer y él haciéndose el santo.

         Los datos son los que son, y es que en los últimos años en España ha incrementado en un 5700% el número de niñas que dicen ser chicos, y eso implica también chicas tomando testosterona con los riesgos que conlleva. Podéis ver el análisis de datos en el informe Trànsit de Feministas de Cataluña y en el informe de Confluencia del Movimiento Feminista.

         Se pueden ver los efectos de los bloqueadores en el informe de Lesbians-United y las recomendaciones de la Dra Cass en su reciente informe donde dice claramente que los tratamientos “afirmativos trans” no son seguros ni beneficiosos para la disforia de género, es decir, para aliviar el rechazo que chicas y chicos sienten con su cuerpo sexuado.

         Sugieren educar basándose en el mito de la identidad de género y las diversidades sexuales, en vez de en la coeducación. Esto tiene consecuencias y se están viendo: más violencia machista, más violaciones múltiples, más abusos sexuales, promoción de compra de óvulos, de compra de bebés, normalización la violencia sexual como fetiche… Hace más de una década que en las escuelas y en las universidades entraron estas doctrinas y las mujeres estamos pagándolo muy caro.

         La verborrea de estos personajes da para mucho, pero no quiero dejarme nada, porque cuando hablan de cómo afecta la ley trans a las mujeres se convierten en unos forococheros de manual con el típico “pero si las terf dicen que un hombre va a tener beneficios por ser mujer será porque las mujeres tienen más beneficios que los hombres”.

         “Miente que algo queda” debería ser su lema. La ley trans de Irene Montero y Pedro Sánchez es clara: si un señor falsea su sexo en el DNI poniendo que es mujer, si agrede DESPUÉS a su pareja, mujer, ya no será violencia de género, no lo digo yo, lo dice Rodríguez Pam en este vídeo. No, las mujeres no tenemos más beneficios, lo que perdemos las mujeres con este falseamiento del sexo son las medidas compensatorias para aliviar la opresión y la discriminación que sufrimos las mujeres.        

         No dan puntada sin hilo cuando abordan la diferencia entre sexo, roles de género e “identidad de género”. Es en esta parte de su falacias donde te das cuenta de que se están recochineando y riéndose de las mujeres en “to su cara” como decimos en el sur.

         Reconocen el sexo como realidad orgánica. Vale. Y a continuación dicen que lo que ellos niegan es que el sexo determine una “identidad de género”.

         Para ellos la identidad de género es el sentimiento de ser mujer, hombre o un género intermedio. Están diciendo que son los sentimientos los que determinan si eres hombre, mujer o los cientos de géneros que se inventan. ¿Qué sentimientos son los de hombre y cuáles son los de mujer? Querido lector, querida lectora, ¿crees que hay sentimientos de hombre y de mujer?

         Esto cae por su propio peso, porque si creemos que las mujeres son dulces, coquetas y amables y los hombres rudos, serios y firmes, estamos cayendo en el pozo fangoso y apestoso del sexismo rancio de toda la vida. Aristóteles estaría contento.

         Como ya saben que alguien les va a señalar esto del sexismo, también dicen que hay miles de maneras de vivirlo. Es decir, mujer y hombre se convierten automáticamente en conceptos vacíos de realidad orgánica pero llenos misterio. El dogma principal de nuestra sectita de confianza. Llegué a escribir un libro sobre esto, por si alguien no lo recuerda.

         Por supuesto, estos personajes defienden que las personas trans han existido siempre. Lo que ha existido siempre son hombres y mujeres que por alguna razón no se han ajustado a los roles impuestos de la feminidad y masculinidad y que la sociedad arcaica ha dado una interpretación mitológica e irracional. Tuvo que surgir el feminismo en la Ilustración, hace más de 300 años, para situarnos, para defender que las cualidades intelectuales, habilidades físicas, cognitivas, intereses, actitudes, rasgos de personalidad, gustos… no estaban condicionadas por el sexo.    

P.D. En este artículo no utilizo los conceptos «mujer trans» u «hombre trans» ya que son términos que esconden la realidad orgánica de las personas. Yo, la autora, no creo en el mito de la identidad de género, y aunque respete las creencias de las personas, tengo un firme compromiso para no crear confusión en mis lectoras y lectores a la hora de escribir sobre feminismo donde es fundamental distinguir los sexos.

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