Ecosostenibilidad o Revolución. El papel de Unidas Podemos en el Gobierno

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El pasado agosto tuve ocasión de hacerle una pregunta al ministro Alberto Garzón durante un curso organizado por el PCE en una universidad sevillana, en la que le inquirí sobre la utilidad de la participación en el Gobierno junto al PSOE. Garzón fue tan amable -he de señalar- de contestarme largamente. En su respuesta comentó que la participación en el Ejecutivo estaba plenamente justificada, dado que las fuerzas reaccionarias son tan enormes que no queda otra alternativa que realizar los pequeños cambios que sean posibles.

La tendencia de los responsables de Unidas Podemos ha confirmado esa línea, pues valoran como muy positivas, incluso históricas, las reformas que se van obteniendo. Siendo condescendientes, los trabajadores debemos entender que esta actitud es bienintencionada y que pretende ser pragmática. Pero, en el ecuador de la legislatura, con la enésima escenificación del desencuentro de las «partes» del Gobierno en la polémica de las macrogranjas, y todo ello sobre el paisaje de la pandemia que ha agudizado la crisis capitalista, cabe preguntarse si los avances tienden a mejorar el futuro de los trabajadores o no.

¿Está el Gobierno de progreso colaborando con el sostenimiento del sistema o sus reformas mejoran las condiciones subjetivas y objetivas de los trabajadores?

La dificultad para discernir qué movimientos son revolucionarios (en el sentido de transformadores del sistema) es uno de los muros en los que se choca históricamente la izquierda. De hecho, en el Manifiesto se señala que los comunistas se distinguen en saber diferenciar qué pasos conducen a esos cambios y cuáles no. En aquel entonces, unos jóvenes alemanes convencieron a los trabajadores organizados de que era necesario realizar un análisis material de la realidad para no diluir la lucha en ilusiones idealistas. Obsérvese que esta cuestión se debatía en 1848. ¡Hace ciento setenta y cuatro años!

Ficha antropométrica de Rosa Luxemburgo en su ingreso a la prisión de Varsovia

Cincuenta años más tarde, Rosa Luxemburgo daba respuesta a la continuidad de este debate en la colección de artículos Reforma o Revolución. Para el lector interesado, de necesaria lectura (1). En esos artículos Luxemburgo disecciona y refuta, con su brillante análisis, las tesis de su contemporáneo Eduard Bernstein. Bernstein afirmaba que en la lucha contra el capitalismo lo importante es el camino de las reformas y que lo fundamental es el movimiento; sintetizaba su pensamiento una frase muy significativa: «para mí el fin, sea cual sea, no es nada; el movimiento lo es todo».

Luxemburgo plantea que, aunque en ocasiones se emplee (también hoy) el término reformista como algo despectivo, reformar puede ser un camino para avanzar hacia la revolución; sin embargo, habría que distinguir entre lo que es reforma eficaz –si se dan ciertas circunstancias en esa reforma de manera que su alcance trascienda– de lo que sería una reforma no transformadora.

En palabras sencillas, no todas las reformas son reformistas, sino que en determinadas condiciones pueden colaborar a crear el apoyo desde el que avanzar hacia el cambio a otro tipo de sociedad. Habría por tanto reformas que, en lugar de colaborar a cambiar, lo que hacen es ayudar a prolongar el sistema. La cuestión es entonces cómo diferenciarlas.

Las perspectivas similares a las de Bernstein, comunes hasta nuestros días como podemos observar, estiman que ya no es necesario un enfrentamiento hostil enfocado como lucha de clases, sino que es posible un cambio gradual hacia el socialismo, en pequeños pasos y desde el uso de las instituciones ya existentes. Esta forma de organización menos agresiva, compatible con el orden establecido, encuentra acomodo en los sectores más moderados y se adapta como un guante a la disputa dentro del ámbito electoral.

Los ministros de UP consideran que sus medidas -en este caso la continuidad de la Reforma Laboral con algunas modificaciones- serán «un cambio en la vida de la gente» y que eliminan la precariedad.

Luxemburgo refutó estas teorías mediante la demostración detallada de que la adaptación capitalista a sus propias crisis (especialmente mediante los monopolios y los créditos) no sólo no mejoraban las condiciones objetivas y subjetivas de los trabajadores sino que incidían en su empeoramiento y en el sostenimiento del capitalismo.

Por tanto, volviendo a la pregunta del principio, ¿se justifica la participación de la izquierda con representación parlamentaria en el logro de mejoras que van a ser transformadoras o crearán la disposición subjetiva para emprenderlas? Juzgue por sí mismo el lector con la exposición de dos ejemplos de entre los muchos que podrían indicarse:

A) la gestión de la pandemia y las vacunas. Cierto es que ni el peor enemigo hubiera imaginado un escenario menos propicio para emprender una legislatura. Pero también ha sido y es una oportunidad única de demostrar al mundo que es posible gobernar por el bien de los trabajadores y de señalar las contradicciones capitalistas. O si no era posible (porque las fuerzas reaccionarias son muy poderosas, etc) al menos usar el altavoz ministerial para enseñarlo. Es decir, si no es posible combatir esas fuerzas inalcanzables, al menos hacer pedagogía para sumar conciencias contra ese sistema, no lo contrario, reforzarlo dentro de los esquemas de la ideología dominante.

Un diminuto virus ha destapado todas las vergüenzas del capitalismo: ha evidenciado la superioridad de los países que poseen cierta planificación económica con respecto a las caóticas economías neoliberales, ha señalado la absoluta necesidad de poseer sistemas públicos de sanidad y asistencia social, ha puesto de manifiesto la necesidad de la colaboración científica internacional por encima de intereses económicos, entre otros aspectos.

¿Y cuál ha sido la posición de España en este sentido? Alinearnos con la anarquía del sistema capitalista: preferir no detener la actividad económica (ni siquiera la turística u hostelera, por supuesto, excepto cuando era escandaloso no hacerlo), anteponer los intereses de los mercados a la vida de las personas, dedicar miles de millones de nuestra deuda al pago de compañías farmacéuticas afines a EEUU que disparan sus acciones en bolsa y multiplican obscenamente sus ingresos, mientras miles de personas mueren, y para colmo mediante contratos opacos y sospechosos.

Pese a los obscenos ingresos que han disparado las acciones de las farmacéuticas en Wall Street o Nasdaq, o los inservibles intentos de caridad como el mecanismo COVAX, el Gobierno (sección no PSOE incluida) se ha alineado con el sistema de EEUU. Si no era posible de otro modo, al menos podría haber apoyado con palabras el ejemplo de Cuba, pero al contrario, apoya a quienes mantienen el bloqueo.

¿Por qué no se ha apuntado al ejemplo de otros países? China ofreció desde el primer momento en la OMS su vacuna y propuso la colaboración científica internacional (2). Cuba, la isla pequeña en tamaño pero enorme en dignidad, demostró que si se invierte en tareas no lucrativas pero necesarias, como la investigación de vacunas, es posible crear una propia, incluso a pesar del criminal bloqueo de EEUU y la Unión Europea (3).

B) Los fondos Next Generation de la UE. Tras las indecentes subidas de la factura de la luz, los trabajadores pudimos comprobar que las posibilidades de enfrentarse a las poderosísimas empresas desde los parlamentos son muy limitadas.

El oligopolio energético de España es un triunvirato de empresas dispersadas en una infinidad de acciones compradas por fondos de inversión o bancos, formado por Endesa, Iberdrola y Naturgy. El Gobierno ha apostado la salida de la crisis a la recuperación mediante el ingreso de los fondos europeos provenientes del Plan Next Generation. Esa entrega de fondos milmillonarios está supeditada a la observación de la Unión Europea y está fiscalizada además por un mecanismo de «freno de mano«, que puede revertir las ayudas si alguno de los miembros ve que la devolución de los fondos no se asegura mediante la imposición de nuevas tasas, impuestos ecológicos o recortes de partidas sociales.

De los 140.000 millones de euros que la UE iba a destinar para España, más de 120.000 millones habían sido solicitados ya en marzo por parte de las grandes empresas. De esos 120 mil la gran mayoría ha sido solicitada precisamente por empresas energéticas (4), como las tres mencionadas más Repsol, Cepsa y otras empresas de sectores como el de infraestructuras, tales como las que posee Florentino Pérez.

En conclusión, incluso salvando las distancias del tiempo, las tesis expuestas por Rosa Luxemburgo parecen resonar como un eco en la realidad que vivimos actualmente. La adaptación del capitalismo en esta crisis hacia una relajación o moderación de su carácter más cruel -apoyada desde los gobiernos progresistas como el nuestro, con medidas neokeynesianas- nunca podrán realizar ninguna medida que sea transformadora.

Las instituciones que deciden el futuro de los trabajadores, anteriormente conocidas como Troika, ahora son nuestras amigas.

¿Cómo se pretende cambiar «el paradigma» con apaños como el IMV, los ERTES o subidas de salario de unos cuantos euros, si la suerte de los trabajadores está hipotecada bajo los deseos de un entramado de grupos de inversionistas, con un poder superior al de Estados, cuya única ansia es obtener el mayor beneficio en el menor tiempo posible?

¿De qué forma se pretende crear conciencia para cambiar ese «paradigma» si, además de hipotecar el futuro de los trabajadores a esos fondos de inversión, se nos indica que este sistema es el mejor posible y que sus instituciones (CEOE, UE, OTAN) son mejorables mediante el diálogo y la buena fe?

No podrá hacerse jamás mediante el refuerzo de los monopolios, los grandes capitales hoy movidos en los oscuros fondos de inversión que se lucran con las empresas farmacéuticas, por ejemplo, que hoy sostienen las acciones en las bolsas, sin plantear si quiera alguna alternativa a ello.

No podrá hacerlo jamás mediante el aumento de la deuda, cuando esa deuda está fiscalizada por un sistema que prioriza el interés de los mercados al de las personas y está controlada por esos grandes intereses empresariales.

¿Y podrán al menos elevar la conciencia de los trabajadores y preparar así las condiciones subjetivas para una mejora de la correlación de fuerzas? Es absolutamente improbable, pues ¿cómo pretenden que se logre sólo empleando ilusionantes expresiones como «cambio de paradigma» o «trabajo decente» o «poner fin a la precariedad»?

No, no se puede. Sin acometer la realidad material las únicas transformaciones posibles son las que se hagan en el mundo idealizado de las bellas palabras y las intenciones entrañables, que quizás sea ese el cambio de paradigma y la transformación histórica y revolucionaria que se propone: convertir a la parte menos conservadora de la derecha en la nueva izquierda, convertir la lucha desclasada en la nueva organización de los trabajadores, y que la vida morigerada (compartir vivienda alquilada, lavadoras colectivas, productos de alimentación menos accesibles, no tener vehículo, y todo ello trabajando más por menos) sea la nueva aspiración de vida socialista.

En palabras de la propia Luxemburgo: «Como quiera que el objetivo final (revolución o no) es lo que establece la diferencia entre el movimiento socialdemócrata y la democracia burguesa, y como ello es lo que hace que el movimiento obrero pase de una cómoda tarea de remendón encaminada a la salvación del orden capitalista a la anulación de este orden, tenemos que este dilema de Reforma o Revolución es el de ser o no ser. No se trata de esta o aquella manera de luchar, de esta o aquella táctica, sino de la vida de todo el movimiento socialdemócrata. Y reconocerlo así es doblemente importante para los trabajadores, porque se trata justamente de ellos mismos y de su influencia, porque son sus barbas las que se van a pelar»

1- Reforma o Revolución, texto descargable en pdf en este enlace.

2- Xi Jinping propone vacunas públicas y suspensión de deuda a países pobres, noticia.

3- Cuba primer país del mundo en vacunar a niños, noticia.

4- Las grandes empresas han pedido el 212% del dinero de los fondos UE, noticia.

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