La historia de mi tío Ángel, un gran ejemplo de lucha, coraje y valentía

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Manuel Sauce Gonzalo, vecino del pueblo de Alía en Cáceres, escribe la historia de su tío Ángel Gonzalo Yelmo, comunista que luchó con valentía y de manera incansable por la libertad en varios de los períodos más duros y oscuros de nuestra historia reciente.

Esta es la historia de Ángel Gonzalo Yelmo, hermano de mi madre, nacido en Alía Cáceres en el seno de una familia pobre:

Su padre, el tío Paco “Choa”, era el capataz de una de las muchas almazaras de aceitunas (prensas), la de los Sánchez. Un hombre muy trabajador, con poca cultura y por lo tanto muy fácil de manipular por parte de los amos.

Ángel, con la edad de ocho años ya guardaba las vacas de los amos de su padre. Cuando llega la República, Ángel empezó a interesarse por la política de la mano de su tío “Laranlo” hermano de su padre, uno de los primeros impulsores de la primera célula comunista del pueblo de Alía junto con el tío Juan Salas (hombre de mucha cultura, procedente de la burguesía), peón caminero y sindicalista de la UGT que trabajaba en la presa del pantano de Cijara (pedanía de Alía).

Ángel asistía a las charlas y reuniones en la casa del pueblo que se encontraba en un edificio llamado “el Pósito”. También su cuñado “El Aragonés”, se encargaría de su formación política afiliándolo a la JSU (Juventudes Socialistas Unificadas).

Cuando surge el levantamiento fascista, el joven PCE, la UGT, la CNT y la JSU, tuvieron una asamblea en la casa del pueblo, haciendo un llamamiento a todos los trabajadores y fuerzas de izquierdas a tomar el cuartel de la Guardia Civil, que hasta ese momento no se habían pronunciado ni a favor ni en contra de la República.

Al enterarse el alcalde republicano, señor León Cid de Izquierda republicana, se presentó ante los concentrados con su bastón de mando y después de parlamentar con el comandante de puesto de la Guardia Civil que le garantizo fidelidad a la República, convenció a los concentrados para que se disolvieran.

En el ayuntamiento de Alía tenían mayoría los republicanos, pero el alcalde llamo al jefe de la CEDA, el tío Calixto Pradera, para formar un gobierno de coalición para que en Alía no pasara nada.

A los pocos, días se presentan en Alía grupos de falangistas y guardias civiles procedentes de Guadalupe, algunos falangistas del pueblo, dirigiéndose al cuartel de la guardia civil para convencerlos de que se sumaran al levantamiento, cosa que consiguieron. A continuación se dirigieron al ayuntamiento apresando al alcalde y a los concejales republicanos, al igual que a muchas personas de izquierdas encerrándolos en la ermita “de la Pasión” que se la habilitó como cárcel de la Falange. Después de tomar el pueblo, empezaron a tomar represalias contra algunos de los conciudadanos que habrían destacado con ideas de izquierdas como su tío “Laranlo” y el alcalde León Cid, a los que fusilaron en las calles del pueblo sin ser sometidos a juicio alguno todo por sus ideas republicanas.

También cargaron un camión indiscriminadamente con muchos vecinos y vecinas, dirección a Guadalupe, dejando por el camino un reguero de cadáveres; cuatro de ellos nada más pasar el arroyo Lorguijo.

De los demás nunca más se supo.

Cuando se corrió la voz de estas fechorías, se formaron columnas de trabajadores provenientes sobre todo de la presa de Cijara, algunos de Alía y otros de pueblos cercanos como Castiblanco y del Puerto de San Vicente. Al frente de esas columnas se encontraba el alcalde socialista del Puente del Arzobispo (Toledo), Orencio Labrador tomando el pueblo de Alía sin apenas resistencia porque los sublevados creían que los asaltantes traían potentes bombas hechas con dinamita y metralla que utilizaban en la presa de Cijara.

Tras hacerse con el control del pueblo, los republicanos abrieron las puertas de la cárcel de la ermita liberando a sus convecinos. También se tomaron represarías contra algunos vecinos partidarios de la Falange llevándolos hacia el Puerto donde allí fueron fusilados, tal vez algunos inocentes, pero en el calor del momento era difícil contener la rabia e indignación por los abusos que habían cometido anteriormente los falangistas.

Se dio la circunstancia que dos falangistas del pueblo que no pudieron escapar a Guadalupe se refugiaron en casa de su padre el tío Paco “Choa”, uno de ellos Ismael Álvarez, el cual posteriormente sería el primer alcalde falangista al terminar la Guerra civil, y el otro Rafael Boba, hasta que el tío Paco “Choa” convenció a su yerno el “Aragonés” y al propio Ángel de que los dejasen marchar a Guadalupe. 

Se da la circunstancia de que Ángel, al tener solamente la edad de 16 años no le admitían en la brigada 62 y tuvo que ir al ayuntamiento, consiguiendo que le cambiaran la edad de nacimiento y ya con 17, Ángel se enroló como miliciano en una de las columnas de Orencio Labrador.

Cuando el gobierno republicano militarizo las milicias formando la 62 brigada mixta, Ángel después de la instrucción militar paso a formar parte de dicha brigada participando en algunos combates en el pueblo de Guadalupe, Carrascalejo, Oropesa, Villar del Pedroso donde murió su cuñado el “Aragonés” en combate.

En los meses siguientes la brigada no tuvo demasiada actividad limitándose a labores defensivas.

Ya en 1938 su brigada fue enviada al frente de Aragón participando en la batalla del Ebro, retirándose después hacia Cataluña. Al terminar la guerra pasó a Francia, donde le internaron en el campo de concentración de Argelès-sur-Mer. Allí se alisto en el ejército de la Francia Libre, participando en numerosos golpes de mano contra el ejército Nazi. Hecho prisionero por los Gendarmes del gobierno de Vichy, fue entregado a los nazis que lo trasladaron al campo de concentración de Mauthausen.

Por su juventud y su buen comportamiento le permitían junto con otros prisioneros trasladarse al pueblo a por herramientas y material de construcción, etc…

Un día junto a otro prisionero francés tomo contacto con los ferroviarios que tenían montada una fantástica red de falsificación de salvoconductos y todo tipo de documentación, lo que les permitió escapar de aquel infierno y volver a tomar contacto con las partidas de maquis tanto franceses como españoles para continuar la lucha hasta el final de guerra mundial.

Finalmente, Ángel terminó instalándose en Moulins, en la región de la Auvernia, departamento del Allier, en Francia. Allí hizo formación profesional aprendiendo el oficio de tornero que practicó hasta su jubilación y también conoció a la que ha sido su pareja durante toda su vida, Leonor García (niña de la guerra evacuada del País Vasco junto con sus hermanos).

Cuando los dos se jubilaron se compraron una casita en San Pedro del Pinatar (Murcia), donde él siguió con su militancia comunista presentándose en varias ocasiones en las listas de IU para concejal de dicho ayuntamiento.

Con el paso de los años, ya siendo octogenarios decidieron retornar a su tierra Extremadura, por el apego emocional de su marcha tan joven de dicha tierra, ingresando ambos en la residencia de mayores del Bohonal de Ibor, falleciendo a los 92 años.

Por su deseo sus cenizas fueron trasladadas al cementerio de Moulins, ya que allí se encontraba su único hijo, fallecido en un accidente con 19 años.

Allí rindieron un gran homenaje a Ángel, tanto sus antiguos camaradas franceses como españoles y una delegación del ayuntamiento de la localidad que también acudió portando una corona de flores rojas, cubriendo su féretro con la bandera republicana y al son de la Marsellesa y la Internacional.

Para Manuel Sauce Gonzalo sobrino de Ángel, su tío fue un gran ejemplo de lucha, coraje y valentía en defensa de los derechos humanos, la democracia y la libertad.

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