A por la tercera, produciendo

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El presente artículo forma parte del especial que lanza El Común en conmemoración del 90 aniversario de la proclamación de la II República Española, proyecto referente de la izquierda transformadora de este país, que sigue aspirando a un régimen de democracia plena casi un siglo después de aquella experiencia.

En estas fechas, señaladas por el aniversario de la proclamación de la II República española, conviene hacerse muchas reflexiones sobre lo que supuso en su momento y sobre lo que nos supone ahora el Estado republicano. Mucho se ha escrito sobre las cuestiones ideológicas que envuelven a la cuestión, así como sobre el beneficio social del periodo más democrático de la historia de este país. Así que quisiera centrarme en un tema de candente actualidad y relevancia atemporal.

Quiero hablar de la producción. Dicho así, pudiera parecer algo pequeño, que casi puede pasar desapercibido, pero no nos engañemos, supone la piedra angular de cualquier sociedad.

El Estado español de 1931, con casi la mitad de su población trabajando en la agricultura, no se vio en ese momento tan afectada por la crisis mundial del momento. Pero, seamos realistas, quedaban muchos pasos por dar hasta alcanzar una producción planificada y la necesaria intervención del Estado para iniciar un desarrollo industrial firme y justo se vio truncada con la llegada del bienio derechista y por supuesto con el posterior golpe de estado y dictadura franquista.

No tener una producción planificada y consolidada da lugar a muchos condicionantes. Obliga a depender de los países o instituciones supranacionales que copan la misma y, por tanto, a grandes renuncias de soberanía y de derechos. Vamos, una situación a la que nos ha abocado nuestra pertenencia a la Unión Europea y demás instituciones creadas para superar y anular cualquier mínima posibilidad de control efectivo desde los Estados y, por tanto, del pueblo. Esta globalización ultracapitalista que acabamos normalizando como parte del desarrollo mundial nos ha obligado a olvidar que si no producimos, estamos vendidos. Pero así actúa el capital, y eso es precisamente lo que más le interesa.

Actualmente tenemos infinidad de ejemplos que lo confirman, pero es que hace mucho que algunos dejaron de apostar por la industria. La infame reconversión industrial supuso esa “crónica de muerte anunciada” de nuestra producción. Qué os voy a contar, como saguntina y porteña que soy, de lo que supuso para mi ciudad el cierre de los Altos Hornos del Mediterráneo. Pero ahí nos la clavaron. El PSOE, haciendo alarde de ese liberalismo encubierto que tanto lucen al vender servicios públicos, condenaba una vez más a poblaciones enteras.

Aún así se mantuvo gran parte de esa industria en nuestro país y, en estos momentos, se siente tan amenazada como entonces. Ford, Pilkington, Aluibérica, Siemens Gamesa… y un largo etcétera de industria no sólo de las matrices principales de fabricación, sino especialmente de las auxiliares de cada sector, han visto venir una oleada de bajadas de producción, cierres y peligros de los puestos de trabajo.

Pero, ya está bien. Ya está bien que no apostemos por el intervencionismo estatal, ya está bien que tratemos de poner capital a fondo perdido pero no participemos en las gestiones, o en los Consejos de Administración. Ya está bien de mantenernos con cuotas que no llegan al 5% en muchos casos. Es el momento de recuperar ese espíritu de la primera parte de la Segunda República y que nos muestre el camino a la Tercera. Que nuestra Tercera empiece por apostar por la producción, por un Estado fuerte que recupera la industria y que recupera también su soberanía. Por un Estado que no se va a dejar coaccionar y va a mantener y potenciar puestos de trabajo. Por un Estado que cope las energías renovables sin olvidar que no se pueden cerrar las restantes industrias de un día para otro y sin plantear alternativas. Un Estado que tenga claro que hay que empezar a invertir sin complejos, que hay que empezar a gestionar con valentía desde lo público y, sobre todo, que ese rancio, caduco e interesado mensaje de que la gestión desde lo público es menos eficiente quede desterrado al estercolero de la historia.

A por la Tercera República, y eso sí, produciendo.

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