Cómo pasar de puta a cerda

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No soy especialmente fanática del refranero popular, tiendo a olvidar con cierta facilidad la frase hecha, sobre todo cuando se muestra anubarrada en la sentencia final. Admito su gran riqueza, la sapiencia que alberga las tradiciones y la raíz de las mismas como ejemplo de los valores culturales edificados sobre la moral, el hacer de los pueblos y sus necesidades ancestrales. También son muy socorridos, lo mismo valen para un roto que para un descosido; es una invitación a ponerle buena cara al mal tiempo. Pero, como no siempre es oro todo lo que reluce, es mejor prevenir que lamentar que por mucho pájaro que creamos tener en mano, es fácil que se nos escapen cientos volando.

En España fueron los fenicios quienes introdujeron los primeros cerdos dando origen a diversas razas utilizando como método de conservación la salazón, que pasó a ser parte de la costumbre popular en lo que hoy conocemos como matanzas, extendidas posteriormente en toda Europa. La abundancia cárnica del noble alimento, sirvió de acopio para proveer a toda la familia durante los meses de mayor escasez encontrando, así, en el bienaventurado producto, una fuente de energía de primaria necesidad que terminaría integrándose en la economía familiar. Poco a poco la necesidad fue convirtiéndose en tradición, festejo, jarana y celebración hasta que hoy en día, en muchos lugares de Europa, el momento de la matanza es un espacio de reunión y algarabía en el que se consagran remotos —e incluso anacrónicos— rituales. Así es como este híbrido doméstico de su ancestro el jabalí salvaje, originario del Norte de África, consiguió diseminarse por Europa, Asia y América.

 Actualmente, bajo el capitalismo, el negocio de la industria cárnica ha hecho del cerdo un producto más a explotar. El cerdo no es solo fuente de alimento, sino un recurso para saciar los deseos más frívolos y fútiles de los individuos representados en nuestra sociedad de consumo. Mientras el conjunto de población desposeída pasa verdaderas necesidades, otro grupo utiliza al generoso animal para fines menos excusables.

Vísceras, manitas, intestinos, vejiga, morro, sangre, proteínas, recortes, huesos, paleta, jamón, piel, uñas, pelos, carrilleras, costilla, lomo, solomillo, rabo, panceta, pluma, secreto, presa, codillo, papada, aguja y cachola: Del cerdo se aprovecha hasta los andares, reza el refranero.

Van a disculparme la comparativa, pero no puedo evitar pensar en cierta analogía entre la situación de la mujer y el cerdo doméstico. Si la situación de la mujer actual viene precedida de etapas durante el desarrollo social basadas en su domesticación en calidad de productora de vida en los límites de la economía natural cerrada, en la actualidad podemos observar cómo la capacidad reproductiva de la mujer sigue siendo objeto del mercadeo más vil bajo el capitalismo y la era de la técnica. Afirma Emilia Pardo-Bazán: «La educación de la mujer no puede llamarse tal educación, sino doma, pues se propone por fin la obediencia, la pasividad y la sumisión.”

Las actuales posturas queer, apoyadas en los condicionamientos producidos gracias a la diseminación del poder, han sustituido la palabra opresión por técnica, adaptando la desigualdad sexual, producto de la situación de la mujer en el desarrollo socioeconómico y del lugar que ocupan como productoras, a las necesidades construidas en un formato ad hoc destinado a sujetos deseantes.

Hace poco salió a la luz la noticia del primer trasplante de útero hecho en España con una  donante viva. La donante, hermana de la receptora, necesitó de largas horas de intervención quirúrgica y de una veintena de especialistas autorizados; entre ellos, cirujanos y ginecólogos que se prestaron a tales fines éticamente cuestionables. La razón de dicho trasplante, que aboca al tratamiento de por vida a la paciente y a la muerte prematura orgánica de las funciones del aparato reproductor femenino de la donante, es la imperiosa necesidad de la trasplantada de concebir un hijo biológico.

En 1999, cuando el sueco Mats Brännström se convirtió en el primer cirujano del mundo en trasplantar una mano  —un cáncer acabó con la vida de la paciente—, surgió la idea de experimentar con el ansiado órgano reproductor, algo que pudo ejecutar en 2013. «Tenemos mujeres que han dado a luz con el útero de sus madres, del que nacieron ellas mismas, y esto es increíble», explicó el cirujano en la ponencia que ofreció en el Congreso VI sobre Medicina Reproductiva tras 12 años de perfeccionamiento de la técnica. Se calcula que el coste de este procedimiento ronda entre los 50.000 y 70.000 euros por paciente. El afamado cirujano abre así la puerta a que las mujeres trans sean su mayor reclamo y su logro histórico más importante: «Es posible trasplantar un útero a un hombre que desea ser madre. Es real, porque estos hombres que cambian de sexo sienten como mujeres, tienen el aspecto de mujeres y también, por supuesto, el deseo de concebir hijos».

Huelga apuntar el despiece al que se verán sometidas las mujeres en esta revolucionaria mesa de matanza. Nicho de negocio asegurado.

Si las mujeres han sido explotadas de todas las maneras posibles mediante su capacidad reproductiva, no iban a ser menos las capacidades correspondientes a su sexualidad: vientres de alquiler, prostitución, pornografía y, lo último para el mercado neoliberal, los propios fluidos corporales.

En enero de 2020, Gwyneth Paltrow nos sorprendía con su exitoso negocio de ventas de velas aromáticas con olor a vagina comercializadas a través de la marca Goop, marca valorada en 225 millones de euros según The New York Times. Las exitosas velas que prometían estar creadas con la fragancia excretada por los fluidos vaginales de Paltrow, se agotaron vertiginosamente a razón de 75 dólares la unidad.

El negocio de la venta de leche materna no se queda atrás, el tráfico de este producto natural se ha convertido en otra mercancía más que puede adquirirse a través de páginas de compra y venta habituales. Lo mismo vendes la mecedora vieja de la abuela que ya no usas, como algunos centilitros de leche sobrantes. Tal es la preocupación del aumento de esta actividad, que Unicef Camboya condenó la comercialización de leche materna donada por madres de ese país, que es exportada a Estados Unidos, alertando que esa práctica podría llevar a los bebés de las mujeres pobres y vulnerables a padecer malnutrición.

Si pensábamos que no era posible que el cuerpo de la mujer pudiera ser más aprovechado por el capital, estábamos bajo las premisas de una idea errónea. La orina de las mujeres pobres lleva años siendo explotada a través de la donación. En la Municipalidad de Guaymallén, se promueve a través de un laboratorio de investigación para la fertilización asistida la donación de orina entre sus vecinas, todas procedentes de contextos donde abunda la precarización o, como en el caso de Buenos Aires, orina para fines cosméticos relacionados con la belleza. La compra de este producto tiene como intermediarias a más de doscientas mil mujeres menopáusicas que ofrecen toda la cantidad posible de litros diarios a cambio de una insignificante donación.

Paul B. Preciado, una de las autoras más influyentes de las Teorías Queer, afirma para reivindicar la prostitución como trabajo, que «los fluidos, los órganos y las prácticas corporales de las mujeres han sido objeto de un proceso de privatización, de captura y de expropiación que se confirma hoy con la criminalización de la prostitución» alegando que si torturar a un animal en una mesa de despiece es considerado trabajo, moralmente no habría razón para no legalizar la prostitución. «Las prostitutas son la carne productiva subalterna del capitalismo global».

Lo que viene a aceptar Preciado es que ya que las mujeres han sido y serán explotadas, qué menos que hacerlo libre, abierta y legalmente. Acabar con la explotación no entra en su análisis.

Existen también páginas y foros en internet en los que se exponen consejos y recetas para dar múltiples usos a la placenta; hacer un batido con ella, remedios homeopáticos, encapsularla, realizar obras de arte o, simplemente, comerla — se aconseja hacerlo recién expulsada para que no pierda propiedades, como los zumos de naranjas —. Lo mismo podemos decir sobre la menstruación, nutriente utilizado para las plantas, creencia ancestral utilizada como ofrenda a la madre tierra por sus principios nutrientes y su alto contenido en hierro. En 2003, Vanessa Tiegs presentó la producción de Menstrala; proyecto en el que la artista neoyorquina tenía como principal objetivo crear una imagen positiva de la menstruación con un total de 88 obras.

Es bien sabido que las mujeres hemos utilizado nuestra sangre menstrual para muchos propósitos, y uno de ellos es el arte. […] Pero cuando este tipo de creaciones, trasciende el ámbito de la intimidad y es compartido en una exposición pública, la estructura patriarcal –que se ha empeñado en convencernos de que la menstruación es avergonzante–.

Llama mucho la atención que el vicepresidente Pablo Iglesias, nos anunciara en su cuenta de Twitter el compromiso del Gobierno con los derechos de los animales de cara al 2021, teniendo en cuenta que, como podemos comprobar, los derechos de las mujeres están aún sin resolver y sometidos a nuevas formas de explotación que no solo no son capaces de intuir desde una mirada internacionalista, sino que se pliegan a las ideas neoliberales del nuevo mercado. Cuando ya no haya más que explotar por fuera, nos explotarán por dentro: orina, flujo vaginal, órganos, sangre, sudor y lágrimas, y cuando ya no hay nada que explotar por dentro, serán explotados hasta nuestros andares, aunque para eso ya se están fabricando úteros artificiales que emulan los movimientos de la madre al pasear para un futuro feto. Vamos a pasar de ser putas a ser cerdas con toda su literalidad. Dinero llama al dinero, amigas.

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