Juegos de Esquirol

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Jesus Rodríguez

Antes de toda esta pandemia de información, antes de aprender que no somos más que monos asustadizos, antes cuando manteníamos a las empresas privadas con nuestra mano de obra, antes… Antes algunos éramos lobos, otros éramos ratas, otros serpientes…

A mitad de enero se empezó a llevar a cabo los contactos entre un par de trabajadores y el sindicato CCOO. Esto llevaba tiempo gestándose en la cabeza de uno; más de cuatro años, en la que se estuvo rozando unas elecciones ya anteriormente, si no llega a ser por no estar debidamente informado ahora no estaría contando esto, todo quedó en agua de borrajas. En cuanto al otro, la idea no le era ajena, ya que alguna vez intentó organizarse con los compañeros de forma independiente, pero claro está no sin padecer las consecuencias que le trajo el correveidile de turno.

Esta historia puede pasar en cualquier sitio, es más esta historia pasa, aunque menos de lo que debería. Es cierto que he buscado artículos sobre elecciones sindicales antes de escribir esto y solo he conseguido encontrar manuales de instrucciones, no he visto nada que se pudiese leer sin una herramienta en las manos. Es material clasificado, nadie se molesta en publicar sus andanzas, o se trata el tema con una confidencialidad supina. Puede que se piense que es por que se empieza una guerra fría contra la empresa, pero nada más lejos de la realidad. Esto es beneficioso para la empresa. La empresa sin trabajadores no es nada, no genera nada por sí misma, los trabajadores sin empresa siguen siendo trabajadores y generan fuerza, la suya propia por cada uno de ellos, juntos esas fuerzas son imparables.

El funcionamiento de una empresa depende de la calidad de las piezas, nosotros somos las piezas, es importante la salud de estas, su engrasado… ¡para aquí!, los trabajadores no somos piezas, ni objetos que debamos de ser engrasados, un trabajador no es un motor, ni un bolígrafo que se rompa y se deseche. De nosotros los trabajadores depende que se nos trate como una cosa u otra, tenemos que concienciarnos nosotros primero y egoístamente de que somos indispensables en nuestra propia causa y en nuestra propia empresa y aquí nombro empresa como misión, una misión básica, nuestra pervivencia y la de los nuestros. Si yo no me molesto por que traten a otros como simples objetos y lo consiento, después ¿como molestarme cuando me traten a mí así? Esto me recuerda al poema de Martín Niemöller. He
ahí una de las cuestiones que rondan en la cabeza de todo trabajador una vez que alguien le
sugiere la idea de sindicalizarse, -yo estoy bien ¿para qué me voy a complicar?- Pues algún día
vendrán a por ti y no quedará nadie para decir nada.

Llegados a este punto podemos discutir todo lo que he dicho antes, pero lo que es indiscutible es que la violencia que ejerce el capital sobre los individuos no es devuelta a no ser que la violencia que se recibe se vuelva insostenible. Por eso se encargan de que se ajuste la cuerda al cuello lo suficiente para ir asfixiado pero no para llegar a desfallecer. En los últimos años una empresa ha podido bajar los salarios mientras ha aumentado el trabajo, ha podido bajar el número de empleados y ha aumentar la gestión diaria. Y durante ese proceso ni Dios ha movido un dedo jamás, absolutamente nadie ha asomado la cabeza por si lo veía algún francotirador de esos que tienen la empresas, esos liquidadores de finiquito fácil. Aquí todo el mundo con las orejas agachadas sin decir está boca es mía. Hasta que dos personas se deciden a emprender un camino sindical. Información y apoyo, era la idea principal, la idea, ¿por qué no organizarse y así por lo menos nos informamos de que ocurre aquí? Es importante saber y hacer saber a los compañeros, las dudas que solo responde la empresa “cuando puede” claro está, porque hay cuestiones muy necesarias pero ”poco importantes” o de “poca urgencia” para la empresa.

Vamos a hacer un juego y vamos a imaginar. Imagínense que cuando estos dos trabajadores vuelven a sus respectivos puestos de trabajo, un día cualquiera por la mañana, con el sabor a café aún en la boca, ya en una mañana templada, poco abrigados, solo imagínenselo. Ya con todo el alboroto de la vuelta a la normalidad, con el aire de nuevo mancillado por los tubos de escape y las chimeneas. Una legión de soldaditos dedicados a sostener a un muerto de hambre, el ejército del capitalismo del que todos formamos parte. Imagínense que cuando estos dos vuelven, imagínense que a alguien, alguien que tenga contacto con la dirección, elige
a su séquito de siempre y decide hacer un grupo y organizarse contra los sindicalistas. ¿Pero cómo? Apuntándose al sindicato para intentar reventar cualquier posibilidad. Imagínense que contaran con una impunidad de tal calibre que incluso avisándoles desde el mismo sindicato de que están fuera de la protección sindical no tienen ningún problema en seguir adelante. Imagínense que este grupo de simpáticos y dicharacheros espías de pacotilla se dedican a hacer campaña para apartar a estos sindicalistas y dar un golpe contra toda posibilidad sindical real, haciendo que casi cuarenta personas se queden sin protección ante la empresa y así quedar todo como estaba. El sindicato al no poder decir que no a alguien que se quiera sindicar está atado de pies y manos, y en el caso que así lo hiciesen, el otro sindicato haría de ellos su punta de lanza. ¿Qué hacer en este caso? Todo esto es imaginación, esto no pasa ni está pasando. Es solo un ejercicio de imaginación de cómo funcionan las elecciones sindicales.

Pero por un momento imagínense que pasa, imagínense que la realidad supera a la ficción. Por si acaso debería de llegar esto a los lugares de trabajo. Para la información de los compañeros y sirviendo de aviso para pequeños mamíferos y reptiles.

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