En Estados Unidos leen a Keynes. España es más de Torquemada

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Con todas las limitaciones que pueda tener Keynes, hay que reconocer que su pensamiento económico es contradictorio con los dogmas y prejuicios neoliberales de la oligarquía española. Sus indicaciones sobre la necesidad de fuertes inversiones públicas y de un sistema fiscal progresivo como única manera de garantizar un crecimiento más o menos sostenido bajo el sistema capitalista y, sobre todo, como receta imprescindible para salir, lo más rápido posible, de las crisis periódicas, consustanciales a la economía de mercado, es un anatema para aquellos que han hecho de la especulación y el rentismo su forma de vida, aún a costa de sacrificar sistemáticamente la economía productiva.

No obstante, «The Price of Peace. Money, Democracy and the Life of John Maynard Keynes» de Zachary D. Carter, una biografía sobre este economista británico, se ha convertido en uno de los grandes éxitos de venta en los Estados Unidos ante el silencio mediático celtibérico que, fiel a los intereses de sus accionistas, prefiere el silencio en torno a todo lo que no huela a ultraliberalismo económico.

No es de extrañar, pues, que la obsesión con el austericidio, la desregulación laboral, la regresividad fiscal y los recortes sociales sean los esquemas mentales en la mayoría de los medios económicos del país. Por enésima vez, España llega tarde y con retraso a la realidad cultural del planeta mientras los poderes fácticos se mueven en la sombra para acabar con un Gobierno democrático de coalición que, pese a inconsecuencias y a un programa socialdemócrata excesivamente suave y tímido, no sacrifica la economía productiva en aras de la especulación financiera de un puñado de rentistas ociosos y de los «empresarios» del chanchullo y el pelotazo.

Puede haber quien crea que nuestras élites económicas son más de Adam Smith que de Keynes, pero no es así: son más de Torquemada. Sólo que, ahora, no queman herejes y librepensadores: prefieren quemar en la pira a la economía productiva y, a los progresistas y demócratas, de momento, se conforman con quemarnos «en efigie»…

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