Pepe

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Yo tengo un conocido del barrio que se llama Pepe que es un tipo peculiar. Y es que Pepe es un animal de bar, de esos que sólo pisa la casa para dormir y que pasa más horas con los camareros que con su familia. Cuando se levanta de buena hora va allí a tomar su café y su tostada, y si no tiene nada que hacer se pasa la mañana hablando de fútbol, de política o de lo que sea, haciendo tiempo para poder tomarse la primera cervecita a una hora prudente para que no lo tomen por alcohólico. Muchas veces, se alarga la cosa y se toma un par de tapitas, para después volver por la tarde y repetir la operación café-cerveza, a la que ya por la noche suma los cubatas, que se bebe a un ritmo impresionante sin que se pueda notar nunca que va borracho. Pepe es, como decimos aquí, un máquina. Un tipo que cae bien, buen conversador, generoso y nada ostentoso. Porque a pesar de que al tío le sobra el dinero, sigue viviendo en su barrio de toda la vida sin más lujos que un buen coche y el permitirse hacer lo que le apetece en cada momento sin tener que rendir cuentas ante nadie. Vamos, que el hombre vive como quiere. Y hace bien.

Pero a pesar del tiempo libre que se le supone, Pepe no es rico de herencia, ya que sigue trabajando aunque no lo parezca. Porque Pepe es comerciante, y hace de intermediario entre los productores agrícolas andaluces y una cadena de supermercados importante y un par de clientes más que tiene en Suiza. Y es que Pepe no tendrá estudios ni padrinos, pero desde muy joven supo dar un pelotazo viendo las oportunidades que le permitía saber idiomas y tener contactos, y lo aprovechó, montando una empresa sin apenas personal (creo que tiene una secretaria y un contable que le lleva las cuentas) que tiene márgenes de beneficio brutales. Porque la empresa de Pepe no produce, ni da trabajo, y ni siquiera transporta mercancías (pues subcontrata a otros), y simplemente pone en contacto a productores y vendedores finales, llevándose por la cara unas ganancias indecentes que después invierte -como buen español- en ladrillo.

Así, Pepe es un parásito que sale beneficiado de cómo está montado esto del capitalismo. Un parásito pequeño desde luego en comparación con los gigantes del comercio que multiplican lo que él gana llegando a cifras que marearían a cualquiera, pero un parásito al fin y al cabo. Él lo sabe pero le da igual, porque hay otros peores que él y, al fin y al cabo, la Ley está de su parte. Por supuesto, que no le quita el sueño que los agricultores con los que trabaja tengan que seguir reduciendo costes a límites de subsistencia para continuar siendo competitivos, y se vean obligados con ello a vender sus productos a un precio que después se sextuplica en los supermercados para pagar los beneficios de los intermediarios como él. Esto es una jungla, y él lo sabe bien. Y no le van a dar pena ahora cuatro terratenientes que a su vez intentan ampliar su margen de beneficios explotando a mano de obra inmigrante a la que pagan fuera de convenio como me reconoció una vez.

Pero no. Pepe se equivoca ahí. Porque si bien es cierto que ese perfil de gran propietario agrícola existe, también lo es que en toda España hay miles de pequeños agricultores que sobreviven con lo justo, y que están atados de pies y manos y a merced de una Unión Europea que impide a los gobiernos meter mano en esta sinrazón que los condena a ellos a la miseria mientras enriquece a intermediarios que viven de especular con el trabajo de los demás. Pero esto funciona así, y hay difícil solución. Porque vivimos en un mundo capitalista globalizado en el que hay que competir con Marruecos, y si nuestros agricultores exigen un aumento de sus beneficios, los intermediarios como Pepe dejarán de comprarle la fruta a ellos para comprársela a los marroquís, que para eso tienen unos acuerdos económicos con Europa que casi les permite ser miembros de la UE.

El campo agoniza, y mientras que los pequeños propietarios se van viendo abocados a plantearse el cierre, los grandes terratenientes de toda la vida amenazan con garantizar sus beneficios haciendo pagar el precio de la especulación a los jornaleros que trabajan para ellos. Así, cínicamente, culparán al gobierno de haber subido el SMI, obligándoles con eso a ellos a darle un par de euros más a sus trabajadores, mientras callan cobardemente viendo como el precio del melón aumenta en los mercados hasta el 1000% con respecto a lo que les pagan a ellos. Porque eso es así. Mejor atacar al débil que al fuerte, ¿no? Y que así los de siempre sigan viviendo del cuento con la bendición divina que les da saberse los dueños del mundo. Esto es el capitalismo señores, y el que no mata, muere.

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Alejandro Sánchez Moreno
Alejandro Sánchez Moreno. Docente en educación secundaria e historiador. Es autor de numerosos artículos de investigación y de varias monografías sobre episodios de la Historia del comunismo español, además de serlo de una novela. Escribe habitualmente en prensa escrita y digital y ha colaborado en medios como Diario 16, Viva Sevilla, El Correo de Andalucía, Infolibre, Cuarto Poder o Tercera Información. Es director de El Común.

1 Comentario

  1. […] que en este momento me estáis leyendo a la última columna de mi compa Alejandro Sánchez Moreno «Pepe» porque creo que en el caso de la uberización (aunque aquí esté mas enfocada el tema de los […]

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