Cómo identificar al imperialismo en España (V). El trader o especulador financiero español

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Encontramos hoy profusa publicidad en internet sobre cómo ganar «un dinerillo extra» invirtiendo un pequeño capital. En una sociedad que tiende a ponderar los valores individualistas y el hedonismo, el tradeo se ofrece como una posibilidad de aumentar los ingresos y por tanto el nivel de vida, de manera aséptica y anónima. Muchas veces a través de una app, que recuerda a la manera en que se pide una comida a domicilio o se compra algo con entrega rápida. Como no vemos directamente a quién puede afectar, nos parece menos inquietante desde el punto de vista ético. La figura del inversor trasciende la del tradicional rentista, al que le sobreviene la oportunidad mediante por ejemplo una herencia en inmuebles, y se relaciona ahora con la astucia o la capacidad de relacionarse con buenos informadores.

Según un estudio realizado por una empresa de asesoramiento financiero, unos 6 millones de españoles -el 12%- posee algún tipo de inversión bursátil. Una cantidad lejana al porcentaje de EEUU, Canadá, Australia o Reino Unido, pero que le coloca entre los 20 países con mayor número de inversores. Va más allá del popular depósito de ahorros bancario. El perfil es cada vez más diverso, y aumentan aquellos que se deciden por los fondos de inversión, los valores indexados y en especial los inmobiliarios.

No se trata en esta entrada de dirimir la mayor o menor cualidad ética de la inversión, ni discernir si ello convierte en capitalista o rentista. Se procura relacionar esta actividad con el imperialismo, dentro de esta serie de entradas dedicadas a poner de manifiesto cómo es posible observar, en las contradicciones de la actualidad, la influencia imperialista, de modo que el imperialismo, como concepto, no devenga en ese ente difuso e impreciso que propalan los políticos de los partidos autopercibidos como izquierda, y que tan beneficioso resulta al propio interés imperialista. Las anteriores entradas son:

1 El falso embargo de armas al genocidio
2 La represión sindical y la Ley Mordaza
3 Las elecciones en el entorno UE
4 Los recortes sanitarios

Como vimos en las anteriores entradas, si el imperialismo actual se manifiesta más que en la histórica ocupación territorial militar (aunque sigue existiendo, en Palestina, Siria, Sáhara Occidental), en el control económico y financiero, entenderemos que en el llamado trading se apreciará mejor la influencia de corporaciones, fondos de inversión y élites transnacionales. Pero aún así trataremos de analizar algunas cuestiones.

El mes pasado, el ministro de Economía, Cuerpo, celebraba muy ufano que la agencia de calificación de riesgo S&P subiera la nota a España a A+ (notable alto), lo que valoraba como señal de «solidez», aunque ello se basara realmente en algo tan etéreo y volátil como la confianza de los inversores en los negocios españoles, que como todos sabemos están cimentados básicamente en algo tan insustancial y temporal como el turismo y la hostelería. Un verdadero castillo de naipes.

Perfil de las inversiones e impacto en la economía real

Según la CNMV (Comisión Nacional del Mercado de Valores), en 2022 alrededor del 11.5% de la población española poseía inversiones en bolsa, impulsadas por las apps de trading (TradingView, eToro), dato que aumenta en la participación a través de fondos de inversión, planes de pensiones, rondando el 25-30% de la población. La Encuesta Financiera de las Familias, del Banco de España, pone de manifiesto la desigualdad en la tenencia de estos activos: el 1% de las familias más ricas posee aproximadamente el 40% de toda la riqueza financiera (acciones, fondos, depósitos), el 10% más rico concentra más del 60%, y la mitad de las familias apenas tiene riqueza financiera; su principal posesión es su vivienda (si es que la tienen).

Ganar un «extra» con la inversión es más un mito que una posibilidad. Aunque es difícil obtener datos, la CNMV advierte que una gran parte de los pequeños inversores minoristas pierden dinero a largo plazo, especialmente los que se dedican al trading activo (a corto plazo, a diferencia del pasivo, a largo plazo). Los que suelen obtener ganancias son los grandes inversores, que pueden diversificar y absorber pérdidas.

Los sectores de inversión muestran un claro impacto en la economía real. La composición de estas inversiones muestra un absoluto distanciamiento con la economía productiva que da empleo a la clase trabajadora:

  • Socimis (Sociedades de Inversión Inmobiliaria en el Mercado Inmobiliario) son empresas que invierten en activos inmobiliarios para alquilarlos y distribuyen la mayor parte de sus beneficios en dividendos a los accionistas. Son un vehículo de inversión colectiva en bienes inmuebles (principalmente vivienda residencial y oficinas) que goza de grandes ventajas fiscales. Su éxito está directamente ligado a la crisis de vivienda y el alquiler. Los grandes fondos (como Blackstone) y pequeños ahorradores invierten en Socimis, que compran bloques de pisos, encareciendo el mercado y expulsando a los residentes. Es un claro ejemplo de cómo la inversión financiera agrava un problema social básico, que de por sí es intrínseco al capitalismo.
  • Fondos de Inversión y ETFs, los españoles que invierten suelen hacerlo en en fondos indexados (ETFs) que replican índices como el IBEX 35 o el S&P 500.
  • Sectores del IBEX 35 nacional, como la banca (Santander, BBVA), energía (Iberdrola, Repsol), turismo (Amadeus, Meliá), telecos (Telefónica). Son sectores ya consolidados y con gran poder de mercado.

El impacto sobre la economía es brutal. Estas inversiones no financian nueva actividad productiva, sino que compra acciones ya existentes, beneficiando a los accionistas a través de dividendos y recompra de acciones. Esto motiva que las empresas centren sus esfuerzos en los beneficios a corto plazo para los accionistas, en lugar de hacerlo sobre la inversión en I+D, en salarios o la creación de empleo estable en España.

¿Agranda la Diferencia entre Clases Sociales?

La respuesta es absolutamente sí. La financiarización actúa como un mecanismo de transferencia de riqueza y de amplificación de la desigualdad. Los capitalistas y rentistas obtienen ingresos por dos vías: trabajo (rentas altas) y capital (dividendos, plusvalías). La clase trabajadora depende exclusivamente del salario, que está estancado o en retroceso.

Se produce un círculo vicioso. La clase pudiente tiene excedentes para invertir, por tanto puede diversificar en activos (vivienda, acciones), que se revalorizan, luego su riqueza crece de forma exponencial, lo que le permite invertir más. En cambio, la clase trabajadora gasta la mayor parte de su salario en necesidades (vivienda, alimentación, energía), no tiene capacidad de ahorro, no puede acceder a la apreciación de los activos, lo que conduce a que se empobrece en términos relativos y absolutos.

El problema de la vivienda es un ejemplo perfecto de impacto económico de la espaculación a través de Socimis y fondos. Mientras un fondo de inversión o un pequeño inversor compra su segunda, tercera vivienda o participa en una Socimi, una familia trabajadora no puede acceder a su primera vivienda. El mismo mecanismo (la inversión financiero-inmobiliaria) que enriquece a unos, empobrece a otros. Recuerda vivamente a la acumulación por desposesión de la que habla David Harvey.

Relación con el imperialismo y la dependencia de la UE/OTAN

Como bloque compuesto por una diversidad regional, España puede verse como una colonia dependiente de la Alianza Atlántica. Su carácter de periferia se evidencia en su organización subordinada a la UE. Las políticas económicas de la UE, basadas en la austeridad e impulsadas desde la Troika (Comisión Europea, BCE, FMI), crean el marco en el que prolifera la acumulación por desposesión comentada, en el desmantelamiento de los servicios públicos y la devaluación salarial.

Esto crea el entorno favorable, el caldo de cultivo, para las privatizaciones. Los servicios públicos recortados son luego nicho de mercado para empresas privadas en las que se puede invertir. A su vez, la mano de obra barata y necesitada de ingresos atrae a fondos de inversión internacionales que compran empresas españolas para exprimir su rentabilidad.

Por encima de esta lógica económica, se encuentra la arquitectura geopolítica que garantiza la estabilidad y continuidad del sistema. La OTAN garantiza la estabilidad geopolítica necesaria para que se den esos flujos globales de capital. La seguridad que permite a un fondo de inversión estadounidense o alemán comprar activos en España sin «riesgo político» (que tanto valora S&P y que pone tan contentos a los ministros del Gobierno de Progreso) está, en última instancia, respaldada por la arquitectura de seguridad occidental liderada por la OTAN.

Esta liberalidad en el trasiego de capitales, junto con su fatum de destino turístico con el que la condena la UE, convierte a España en un receptor neto de inversión extranjera. Los grandes fondos de inversión extranjeros (o de procedencia indeterminada y anónima) son dueños de una parte significativa del IBEX 35 y del stock de vivienda de alta gama, además de grandes parcelas de tierra para uso agrícola o para instalaciones energéticas. Las ganancias generadas por estas inversiones se filtran en parte fuera del país. Los pequeños inversores españoles que participan en este juego son, en cierta forma, beneficiarios menores de una cadena de valor extractiva que su propia clase trabajadora sostiene con su trabajo y su consumo. En palabras llanas, los pequeños inversores reciben las migajas del festín que se produce a costa del despedazamiento de la clase trabajadora.

Así pues, podemos afirmar con propiedad que la financiarización de la vida cotidiana (el pequeño inversor) es la otra cara de la moneda ideológica y práctica de la precarización de la vida de la clase trabajadora. Bajo el relato «emprende y hazte responsable de tu futuro financiero invirtiendo», se esconde la realidad subyacente: el Estado, como órgano gestor de UE/OTAN, administra el desmantelamiento de los pilares de la seguridad social (pensiones, sanidad, educación), trasladando el riesgo a los individuos, mientras facilita un sistema financiero donde solo los que ya tienen patrimonio pueden protegerse y aumentarlo mediante la acumulación de capital.

Epílogo con más conclusiones que se pueden extraer de la lógica de la dominación financiera (imperialismo moderno) en las inversiones españolas

Desvinculación con la Economía productiva local: un trabajador español que invierte en un fondo del S&P 500 no está financiando la economía de su barrio o país. Lógicamente está canalizando sus ahorros hacia el capital corporativo multinacional, principalmente estadounidense. Sus ganancias futuras dependerán del éxito de estas megacorporaciones, no del bienestar de la economía española.

Refuerzo de los Monopolios y Oligopolios: Los índices como el S&P 500 o el IBEX 35 están llenos de empresas con un enorme poder de mercado. Al invertir en fondos indexados, se está financiando y reforzando la posición dominante de estos gigantes, que a menudo son acusados de prácticas que perjudican a trabajadores y consumidores (presión a la baja en salarios, evasión fiscal, u otras tantas tropelías).

Fuerza la aceptación resignada del modelo económico como única alternativa: Este modelo de inversión presiona a todas las empresas, independientemente de su sector o país, a maximizar el valor para el accionista, ya que su inclusión en el índice depende de ello. Esto fomenta un modelo de negocio cortoplacista (despidos, recompra de acciones para inflar el precio) que puede ser contrario a la inversión a largo plazo en empleo de calidad o en I+D dentro de España.

En definitiva, el auge del fondo indexado es la forma más descarnada de la financiarización. El pequeño inversor se convierte en un rentista cuyo bienestar financiero se alía, consciente o inconscientemente, con la lógica del capital global, a menudo en contradicción directa con sus propios intereses como trabajador y ciudadano.

Es un fenómeno que manifiesta la contradicción fundamental, la de capital-trabajo, está predominantemente ligado a los estratos socioeconómicos más altos, que ya parten con ventajas patrimoniales y educativas. Amplifica la desigualdad, pues el sistema financiero actúa como un «acelerador» de la riqueza para quien ya la tiene (acumulación de capital). La clase media-alta puede usar la inversión para proteger y aumentar su patrimonio, mientras que la clase trabajadora, sin capacidad de ahorro, se queda fuera de este circuito.

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