El falso dilema que oculta la verdad sobre la inmigración

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Ya en 1696 decía John Bellers: «Porque si alguien tuviera cien mil acres y otras tantas libras en dinero y otras tantas cabezas de ganado, ¿qué sería ese hombre rico, sin trabajadores, sino él mismo un trabajador? Y así como los trabajadores hacen ricos a los hombres, cuanto más trabajadores, habrá tanto más ricos… El trabajo de los pobres es la mina de los ricos». Y así se expresaba Bernard de Mandeville a comienzos del siglo XVIII: «Donde la propiedad está suficientemente protegida, sería más fácil vivir sin dinero que sin pobres, ¿porque quién haría el trabajo?… Así como se debe velar para que los pobres no mueran de hambre, no debieran recibir nada que valga la pena ahorrar.
Citas de Marx en El Capital, tomo I cap XXIII

El advenimiento de Trump ha suscitado debates en diversos aspectos políticos y ha revelado algunas contradicciones. Se aprecia en la opinión pública un incremento en la preocupación por los inmigrantes, ante las grotescas amenazas del nuevo presidente norteamericano. Hasta nuestros actores gritan en la gala de los Goya que «ninguna persona es ilegal», señal de que se trata de uno de esos debates permitidos en la palestra de la actualidad.

El problema de la inmigración es planteado por la opinión pública como una disyuntiva. Se propone que la cuestión oscila entre los ideales de la fraternidad o de la caridad (incluida esa parte progresista que pretende subirse al carro del internacionalismo propio de la izquierda) y, por otra parte, la supuesta protección de lo nacional -próxima al racismo- propia de la derecha. En esta otra parte reaccionaria habría que incluir también a los falsos izquierdistas que argumentan que los inmigrantes son los responsables de «bajar los salarios».

Que este tema se presta especialmente a una gran hipocresía puede comprobarse sin necesidad de rasgar mucho en el envoltorio de falsedades con el que nos ocultan la realidad.

Por poner unos pocos ejemplos, nos pretenden vender que el “trumpismo” trata peor a los inmigrantes, cuando los datos revelan que durante los mandatos de Biden y Obama se produjo una persecución de los inmigrantes similar y en idénticas condiciones inhumanas.

Otro ejemplo, la supuesta preocupación de los gobiernos europeos en los derechos humanos de los migrantes, y los llantos fingidos con las muertes en el Mediterráneo, mientras se producen matanzas como la del Tarajal, y mientras las personas son tratadas como mercancías defectuosas que son devueltas “en caliente” o son rechazados a disparos.

Un último ejemplo, el supuesto fervor patriótico de los empresarios españoles, que queda en entredicho cuando piden en público que los españoles tengan siempre la prioridad, pero a las espaldas son los primeros en contratar mano de obra extranjera para el campo o para limpiar sus casas.

Como se verá, este planteamiento cumple la función de ocultar el verdadero motivo y a los verdaderos culpables. Se plantea precisamente así porque de este modo se ocultan las auténticas razones, el problema queda incomprendido, no se resuelve y esto lógicamente interesa para perpetuar el sistema.

Como sabemos, dentro de la lógica capitalista del permanente beneficio, la ganancia del empresario o plusvalor depende de la mayor cantidad de beneficio que pueda obtener de la parte variable del capital que aporta para su negocio. Esto es, el mayor valor que pueda obtener de la fuerza de trabajo que contrata. Esta parte variable puede explotarse con mayor beneficio para el empresario de diversas maneras, ya es sabido, por ejemplo alargando la jornada laboral, aumentando la carga de trabajo, dejando de pagar horas extras, etc.

Sabemos también que la existencia de un gran reservorio de desempleados es una cuestión imprescindible para el capitalismo. En las sociedades cuya forma de producción es el capitalismo, como la que vivimos, es estructural (propio y necesario) que exista un gran número de personas desempleadas, pues de ello depende que los salarios permanezcan en los valores más bajos posibles. Ese ejército industrial de reserva a disposición del capital «es el producto necesario de la acumulación capitalista, e incluso en condición de existencia del modo capitalista de producción» (Marx).

Dentro de esta lógica, el inmigrante padece una especial explotación: el empresario encuentra aquí un filón para agrandar su margen de beneficio. Esa vuelta de tuerca o hiperexplotación de la contratación de inmigrantes acaba favorenciendo la bajada de los costes. Al tratarse de personas que han tenido la valentía de abandonar sus países y sus familias, y provenir de peores condiciones sociales, estas se encuentran más disponibles a aceptar condiciones laborales más penosas o salarios más bajos.

Esa hiperexplotación plantea condiciones de venta muy apetecibles para el capital. En un sensacional artículo publicado por el colaborador de este medio, Pedro Andrés González Ruiz, titulado Inmigración y capital en España, encontramos algunos datos muy aclaratorios:

  • La integración laboral de los inmigrantes se sitúa mayoritariamente en puestos elementales, con sueldos inferiores (hasta 40% menos), peor contratación (temporalidad, parcialidad), condiciones peores (mayores jornadas, más horas extras y menos pagadas).
  • Los sectores son los más elementales, servicio doméstico, personal de limpieza, vendedores ambulantes, servicios de dependencia, comercio, manufacturas, montajes y agricultura.
  • Algunos de estos sectores plantean la incongruencia de que sólo gracias a esta hiperexplotacion serían viables. Es el caso de la agricultura del plástico y del servicio doméstico.

En el caso de la agricultura del plástico son cientos o miles las personas que malviven en barrios de chabolas adyacentes a los terrenos de cultivo, en condiciones cercanas a la esclavitud. Es penoso recordar que precisamente sea España un país que hace no mucho vivió la emigración masiva y cuyo Estado se sostiene hoy a través de la semiesclavitud y el semifeudalismo de señoritos que aprovechan la necesidad de los subsaharianos, contando además con las ayudas de la PAC a través de la UE.

En el caso de las empleadas domésticas el horror no se queda atrás, pues las mujeres (aquí habría que señalar la doble explotación por ser trabajadoras y por ser mujeres) soportan empleos internos, sin apenas descansos, sin contrato y en ocasiones sin el necesario empadronamiento para legalizar su situación, de manera que quedan en un limbo legal que las deja totalmente vulnerables a la mayor explotación.

Si todo este ejército laboral inmigrante no existiera, no habría mano de obra nacional para seguir funcionando. Esos sectores señalados tendrían que cerrar porque su viabilidad reside en las ayudas estatales y en esa sobreexplotación de la fuerza de trabajo.

Por tanto es el propio capitalismo el más interesado en que exista inmigración, pero siempre que no tenga los mismos derechos e incluso que sea indocumentada.

La cuestión imperialista

No puedo dejar de mencionar un aspecto que está íntimamente relacionado. En un par de artículos traté de describir la inmoralidad del imperialismo en la explotación de los inmigrantes a través de dos ejemplos de la actualidad.

Se trata del caso de los contratos de Parole Humanitario de la administración Biden , contratos que se realizan de forma exclusiva para ciertas nacionalidades (casualmente de Venezuela, Cuba o Nicaragua entre otras) y que proponen permisos de empleo a personas que EEUU extrae de países repudiados políticamente para insertarlos en su propia maquinaria productiva. Y además esto lo hacen a costa de los familiares que esas personas ya tienen en EEUU, de modo que logran la doble jugada de robar mano de obra a esos países y acoplarla -a coste cero- en su sistema productivo. Es un ejemplo de la hipocresía que se gastan los responsables políticos en este tema.

El Gobierno de USA pidió disculpas en 2021 ante las imágenes de migrantes haitianos apaleados salvajemente por policías en una masiva caravana que trató de entrar al país a través de México. El presidente era el maravilloso Biden.

Por otra parte, el papel que ejerce el Gobierno de Progreso de PSOE+Sumar en lo que llaman migración circular. Recientemente Sánchez anunció en una gira por África una propuesta denominada migración circular, en acuerdos firmados con Mauritania y Gambia, que consolidarían los ya existentes (principalmente con Marruecos, aunque también con Senegal y otros en Latinoamérica como Ecuador, Honduras o Colombia).

España realiza estos contratos en el cumplimiento de los acuerdos anunciados por Ursula Von der Leyen y la UE, con la movilización de importantes partidas económicas.

Sin embargo, poco después, el pasado julio, en una reunión de la OTAN, Sánchez pedía más presencia militar en el Sahel. Curiosamente esto se producía al anunciarse la ampliación de la Alianza del Sahel, un acuerdo en el que las juntas militares de Malí, Burkina Faso y Níger incrementaban la integración de los miembros de la AES (Alianza de los Estados del Sahel, pacto de defensa mutua tras las amenazas de la CEDEAO de intervenir militarmente) y además anuncian la creación de un banco de inversiones y un fondo de estabilización, que permitan el abandono del franco FCA (monedas usadas en doce naciones anteriormente gobernadas por Francia en África Occidental y Central).

Es evidente que tanto a Sánchez como a Von der Leyen lo que les preocupa aquí es que esos países sean capaces de quitarse el yugo imperialista de los aliados de la OTAN, como Francia, y tender la mano a países como Rusia, y les conviene que en esos países no haya gobiernos soberanos sino las habituales satrapías que empobrecen a los pueblos y los convierten en carnaza dispuesta a todo, incluso a abandonar su país, a cambio de trabajar por un salario miserable, y de paso que sus recursos minerales sean manejados por empresas afines a la OTAN.

Cuál debe ser entonces la actitud política ante este problema

Como se ha tratado de explicar, la ocultación de la verdadera raíz del problema es el caldo de cultivo en el que se nutre la podredumbre reaccionaria. El pensamiento estrecho es el que favorece a los simples que tratan de argumentar las cuestiones políticas con cuatro tópicos. No son los inmigrantes los que «abaratan los salarios» sino que son los propios capitalistas quienes especulan con las vidas humanas en el aprovechamiento de las condiciones sociales que suscitan que existan países notoriamente desfavorecidos, cuya población sirve de alimento a la superexplotación que sostiene sectores productivos enteros.

Es necesario explicar que el problema de la inmigración es una cuestión propia del sistema capitalista. Que los capitalistas necesitan abaratar la mano de obra para obtener beneficio. Y que por tanto la raíz del problema no está en las personas que tratan de ganarse la vida honradamente en otro país, sino en quienes se lucran con sus necesidades.

El imperialismo ahonda en esta situación, impidiendo que los países de origen puedan ser soberanos y rechazando que estos puedan organizarse y acercarse a otros países que proponen relaciones comerciales mucho más ventajosas e igualitarias para esos países más desfavorecidos.

Hay que denunciar por tanto el papel explotador de las políticas de la UE, como organización subsidiaria del imperialismo. Evidenciar la necesidad de planificar la economía nacional, de modo que haya un control real de la mano de obra necesaria y que provenga del extranjero, y no a discreción de las grandes empresas.

El aumento de las inspecciones de trabajo, o el control efectivo de las normas laborales en sectores como los trabajos agrícolas, se antojan como medidas necesarias para perseguir las situaciones de semiesclavismo e incentivar a los propietarios agrícolas que son honestos y rechazan la mano de obra sin papeles.

Un país realmente soberano promovería la creación de bolsas de trabajo públicas para las tareas del campo, que tengan una estrecha relación con la previsión a nivel estatal de los planes económicos y la contratación de mano de obra foránea.

De un modo semejante, debería promoverse la municipalización (y control en manos de trabajadores) de las empresas del sector denominado de “los cuidados” y que en capitalismo parece destinado de manera exclusiva a las mujeres. Asimismo, una legislación laboral real y efectiva del sector del empleo doméstico. Creación de servicios sociales de ayuda a familias con personas dependientes, para que puedan acceder a la contratación de ayuda a domicilio en condiciones formales.

Son algunas sugerencias, pero que en todo caso deben enfocarse en hacer notar que la cuestión de la inmigración es un problema que sólo se resuelve si se señala al verdadero foco, que es el capitalismo y su fase histórica que vivimos en la actualidad, de decadencia imperialista.

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