La especulación inmobiliaria no solo genera más pisos (o cuartos) compartidos y bloquea el acceso al Ingreso Mínimo Vital (IMV), sino que alimenta un mecanismo clásico de acumulación de capital: la miseria estructural de millones de personas se convierte en mano de obra barata y en altos rendimientos financieros para las grandes empresas radicadas en España.
Quienes frecuentan la lectura del barbudo de Tréveris, conocen que el capitalismo, por su propia naturaleza, tiende a acumular riqueza en un polo y miseria e ignorancia en el polo opuesto. Cualquiera puede intuir que para que existan ricos es necesario que haya pobres, solo que mi tocayo lo describió sobre el papel en forma de leyes sociales, con la ayuda de una titánica dosis de estudio y la aplicación de métodos científicos.
En otras entradas de esta columna (comparto enlaces al final) hemos comprobado que la especulación inmobiliaria sigue encontrando rédito en la «más desvergonzada explotación de la miseria», palabras textuales con las que Marx definió al negocio de los alquileres. Mientras el Ibex 35 cerró 2025 con 65.500 millones de euros de beneficio neto —un nuevo récord histórico—, más de 12 millones de personas viven en riesgo de pobreza. El problema de la vivienda ha acercado a más familias al riesgo de la vulnerabilidad. Esto es, la posibilidad de caer en desgracia, o como llaman ahora, adentrarse en el umbral de la pobreza, o juntar varias de las diversas «precariedades». Hablando en plata: miseria.
Y como el capital no descansa en su capacidad creativa, nos llega ahora la siguiente jugada: la compraventa de habitaciones. Esta normalización de la especulación más rastrera se asume como parte del paisaje. Las empresas vendedoras de cuartos lo ofrecen como una forma de inversión. Además, existe la posibilidad de la tokenización del mercado inmobiliario a través de aplicaciones que invierten en SOCIMIs. Es decir, un pequeño capitalista que no le alcance para acometer los infladísimos precios de la vivienda (el precio de la vivienda en España subió un 12,7% de forma interanual según los datos de septiembre de 2025 publicados por el INE), puede ver así satisfecha su ansia de tomar su trozo del pastel en el festín inmobiliario.
La miseria es por tanto el filón del negocio inmobiliario. Veamos cómo es el proceso:
Alquileres de habitación sin derecho a empadronamiento
Según los datos que ofrece Seguridad Social, las solicitudes realizadas para percibir el IMV alcanzan un total cercano a los 4 millones (desde junio de 2020 hasta 28 de febrero de 2026). De esos 4 millones, 1,16 millones fueron aprobadas. El resto fueron inadmitidas por incumplimiento de requisitos tributarios como patrimonio, suspendidas sin superar los trámites en SEPE, o canceladas. Una parte importante son las solicitudes no admitidas, casi un millón y medio.
De ese millón y medio de solicitudes no admitidas, el mayor porcentaje se debe a la definición de unidad de convivencia/empadronamiento (principal causa de denegación una vez solicitada, el 68% de los expedientes denegados en 2024), según el estudio sobre el IMV del Airef.
Esto es debido a que las solicitudes corresponden a unidades de convivencia (hogares), no a personas individuales. ¿Qué ocurre entonces cuando se trata de un piso compartido? En su inicio, el Gobierno aclaró que habría fórmulas para diferenciar estos casos, de modo que las personas que compartiesen piso o habitación, pero no vínculo familiar o sentimental, podrían acceder al IMV consideradas como una situación especial en la unidad de convivencia.
Sin embargo, como vemos, un porcentaje elevado de solicitudes se quedan fuera por ese motivo, por no poder aclarar su empadronamiento y la unidad de convivencia. La preocupación por no poder realizar los trámites, o el desconocimiento provocan que puedan verse hoy día anuncios de alquiler de habitaciones que ya advierten que no van a empadronar a sus inquilinos. La desesperación por encontrar un sitio donde habitar obliga a muchas personas a aceptar esa imposición, de modo que quedan en un limbo sin empadronamiento o buscando una solución ficticia (pagándolo en otro lugar).

El laberinto burocrático del «escudo social»
Así pues, la especulación inmobiliaria dispara un 50 % la oferta de habitaciones, impide empadronarse a decenas de miles de personas y las condena a la pobreza, mientras bancos y fondos se reparten el mayor botín de la historia empresarial española.
El nexo entre ambos extremos no es casualidad, es un mecanismo perfectamente orquestado. La especulación inmobiliaria obliga a miles de hogares a compartir habitación; ese modelo de vivienda bloquea el acceso al Ingreso Mínimo Vital (IMV) en un alto porcentaje de los casos, y la miseria resultante mantiene a raya los salarios y multiplica los rendimientos financieros de bancos y fondos.
El precio medio de una habitación alcanzó los 510 euros al mes, porque el alquiler completo de vivienda se ha vuelto inasequible. Los propietarios reconvierten pisos familiares en compartidos porque nadie puede pagar 1.200 euros por un piso entero. Y lo hacen porque así obtienen una rentabilidad superior al alquiler tradicional.
Al mismo tiempo, el 68 % de todas las denegaciones del IMV se deben exactamente a problemas de empadronamiento o definición de la unidad de convivencia (informe de Airef citado). Es la causa número uno y ha crecido sin parar: 33 % en 2020, 45 % en 2021, 62 % en 2023 y 68 % en 2024.
Como resultado, el 55 % de los hogares que tienen derecho al IMV ni siquiera lo solicita (non-take-up). En total, la prestación solo llega al 20 % de los hogares pobres. En un piso compartido, el titular del contrato prefiere no empadronar a los realquilados porque, si lo hace, la “unidad de convivencia” se amplía, sus ingresos se suman y pierde o reduce drásticamente su propio IMV. Finalmente miles de personas no pueden acreditar residencia efectiva y quedan fuera del «escudo social», que ya de por sí es escueto.

En la miseria tanto capitalistas como rentistas hallan su festín
Mientras tanto, las 35 empresas del Ibex cerraron 2025 con 65.500 millones de beneficio neto. Dos de esas 35 son SOCIMIs, Merlin Properties e Inmobiliaria Colonial, esto es, su negocio es la especulación con inmuebles.
La banca sola recibió más de la mitad de esos 65 mil millones. Santander, BBVA y CaixaBank. Estos mismos bancos financian a los fondos (Blackstone y otros) que compran carteras masivas de vivienda y a los propietarios que reconvierten pisos en habitaciones rentables. No olvidemos también a las constructoras, que aportan su cuota al selecto grupo de los 35 (ACS, Ferrovial, Acciona, Aena, Sacyr).
La mano de obra barata y desesperada (cuya angustia incrementa ese bloqueo de las escasas y ridículas ayudas del «escudo social») mantiene los salarios deprimidos y los márgenes financieros altos. La miseria ya no es un daño colateral debido al «trumpismo» o al empedrado: es el alimento del que se nutre la acumulación de capital, con guarismos de récord. Los mismos actores que encarecen la vivienda y bloquean las ayudas sociales son los que se embolsan los mayores dividendos de la historia reciente.
Observamos una vez más cómo capitalistas y rentistas van de la mano, en un contexto despiadado en el que la parte más frágil de la clase trabajadora, la que no tiene la suerte de poseer un lugar donde habitar, sufre el estrangulamiento de sus condiciones de vida. Y comprobamos también como la soberanía de un pueblo es vendida hasta en sus más principales valores, como es su propio suelo, su propia tierra, en el altar de las rentas de los especuladores.
Otras entradas en esta columna sobre la especulación inmobiliaria en España:
La miseria normalizada como estilo de vida
¿Cómo se produce el trasvase de capital desde los salarios hacia los bolsillos de los rentistas?








