«Tan grave o peor es la tragedia de la vivienda. Hay en Cuba doscientos mil bohíos y chozas; cuatrocientas mil familias del campo y de la ciudad viven hacinadas en barracones; dos millones de nuestra población pagan alquileres que absorben entre un quinto y un tercio de sus ingresos. Aquí ocurre que si el Estado se propone rebajar los alquileres, los propietarios amenazan con parar las construcciones; si el Estado se abstiene, construyen mientras puedan percibir un tipo elevado de renta, después ni una piedra más aunque el resto viva a la intemperie. Otro tanto hace el monopolio eléctrico: extiende las líneas hasta donde pueda percibir una utilidad satisfactoria, a partir de ahí no le importa que vivan en las tinieblas por el resto de sus días. El Estado se cruza de brazos y el pueblo sigue sin casas y sin luz».
Fidel, 1953, en La historia me absolverá, seis años antes de decretar la Primera Ley de Reforma Urbana que reducía al 50% los alquileres, en marzo de 1959, primer año de la Revolución Cubana.
La grotesca situación de la vivienda en España está produciendo situaciones dramáticas que cada vez preocupan a más personas. Desde desgracias como suicidios ante los desahucios, a las penurias cotidianas de las familias que comparten habitaciones realquiladas, o el aumento de personas que malviven donde pueden para acceder a puestos de trabajo temporales, y en general la normalización del gasto de la mayor parte del salario en el pago de un pequeño piso.
Se trata sin duda de un problema inherente al capitalismo, pero que en estos momentos sentimos agudizado, debido a que el Estado español carece de soberanía, es dependiente de una Unión Europea decadente y es incapaz de resolver el problema. No puede resolverlo y hasta profundiza en él, impelido por los poderes económicos que le someten, deteriorando la economía de las familias trabajadoras. Mientras, se ofrece a sufragar las guerras y las armas a las que les requiere el imperialismo, o ve cómo las opacas empresas de su índice IBEX son adquiridas progresivamente por los fondos de inversión de una influencia económica colosal, fondos que poseen intereses en las tierras y las viviendas, tal como en la propia guerra.
Se vuelve así actualidad el debate de las posibles soluciones. Las propuestas de los partidos percibidos como izquierda en el imaginario bipartidista capitalista se quedan en buenas intenciones, incluso ocupando carteras ministeriales (1), como sucedió en esta y la anterior legislatura, con la Ley por la el derecho a la vivienda y las siguientes reformas anunciadas en foros por la vivienda (2). Estos Gobiernos aportaron soluciones que probablemente serían tildadas de «cavilosas soluciones prácticas» por Engels según su conocido estudio sobre el problema (3).
Ante este repunte del problema en España, y el interés por entender los entresijos del problema de la vivienda, surgen los debates que proponen más construcción de vivienda, otros el control de las viviendas turísticas, otros el aumento de las garantías para arrendadores, e incluso hay quienes apelan a la buena fe de los rentistas (como la ministra del ramo, por cierto). En este embrollo, la aproximación a la teoría marxista es imprescindible. Por eso es muy recomendable el seguimiento de seminarios como el que la Asociación Cultural Volver a Marx está realizando en estos meses, sobre la renta de la tierra (4).
También surgen las comparaciones con otros países y experiencias históricas. Acudir al ejemplo de la Revolución Cubana, en especial a las palabras de una mente brillante como la de Fidel, es siempre una buena idea. La relectura de textos conocidos como La historia me absolverá o las Declaraciones de la Habana aportan mucha luz para el esclarecimiento. Veamos.

La historia me absolverá
El título de este texto de 1953 es en realidad la última frase (contundente y visionaria) del alegato de defensa del acusado Fidel Castro, ante el tribunal que le juzgaba por el asalto al cuartel de Moncada en Santiago de Cuba. El alegato, publicado posteriormente y considerado manifiesto del Movimiento 26 de Julio, es el discurso de un acusado al que se le priva de la posibilidad de un abogado defensor, pues en su cautiverio es aislado y las escasas citas que puede mantener con su abogado son fiscalizadas por la presencia de un militar. En esa tesitura, Fidel, licenciado en Derecho, decide asumir su propia defensa.
Es mucho más que una defensa personal, es también el alegato de los pueblos oprimidos. Es el grito de dignidad de los pueblos que se rebelan ante el imperialismo (interesante por cierto consultar la definición de pueblo que Fidel describe en el capítulo IV), pues en la esencia del mensaje se encuentra presente el internacionalismo y la solidaridad entre naciones oprimidas.
Tras describir, en los primeros tres capítulos, los pormenores de su defensa sobre el asunto concreto del asalto al cuartel, Fidel repasa las cinco leyes que iban a ser comunicadas por radio a la nación de haber triunfado la toma del emplazamiento. El conjunto de estas leyes revolucionarias comprendía:
- Reinstaurar la Constitución de 1940 como ley suprema en tanto el pueblo decidiese modificarla (una norma progresista en lo social y asumida como reflejo de gran parte de las reivindicaciones de la revolución previa de 1933, tras la que Batista iría progresivamente eliminando adversarios hasta el golpe de Estado de 1952; esta Constitución sería reemplazada años después una vez instauradas las reformas de la Revolución).
- Conceder la propiedad de la tierra a los colonos y aparceros que ocupasen pequeñas parcelas (tras la Revolución vino la reforma agraria de 1959 y la expropiación de las tierras a los arrendadores).
- Otorgar a los obreros y empleados la participación del 30% de las empresas no agrícolas (esta medida no fue implementada debido a que fue superada por los logros de la Revolución al ser directamente expropiadas esas empresas).
- Derecho de los colonos a participar del 50% del rendimiento de la caña (también superada más tarde por idénticos motivos).
- Confiscación de bienes a los malversadores y sus herederos y de los bienes que fuesen considerados mal habidos mediante tribunales (esa confiscación se hizo efectiva tras la Revolución, de modo que las propiedades de los batistianos que se exiliaron pasaron a ser públicas).
En este pequeño resumen reivindicativo, se muestran las líneas maestras de un proyecto decididamente revolucionario. Abarca amplias cuestiones como vemos, pero al ser el asunto que nos ocupa el de la vivienda (y por tanto el problema de la tierra) nos ceñimos en esta entrada a ese aspecto concreto.
En un país con una economía en la que tiene un gran peso la agricultura y con sus habitantes condenados a una alternativa industrial escasa, destinada para colmo por los poderes económicos imperialistas a ser retiro de vicios para adinerados, es lógico que los rebeldes hicieran énfasis en el problema del suelo y agrícola. Pero el especial peso que tienen esas reformas en el proceso transformador señala la importancia del análisis material de la propiedad del suelo y las rentas derivadas.
Se sabe que tanto Fidel como sus compañeros no hablaron explícitamente de socialismo hasta años más tarde, pero obviamente el estudio de la teoría marxista hubo de estar presente. En el tercer tomo de El capital, Marx despliega su teoría sobre la renta de la tierra. Allí encontramos que Marx localiza el problema de la tierra (el de la vivienda por tanto, cuestión análoga y de mismo origen) básicamente en tres aspectos: 1) el control monopolizado del sector en unas pocas manos que disponen de ese bien a su arbitrio 2) la necesaria ayuda legal y normativa para oficializar que exista ese monopolio e institucionalizar el rentismo 3) la acumulación de capital que trasvasa la ganancia desde una mayoría asalariada a una minoría rentista.
Esas tres características podrían resumirse de forma escueta en una: el problema de la vivienda es propio de la sociedad capitalista, pues su motivación consiste en la creación de esas determinadas condiciones históricas de producción en las que es favorecido el conjunto de intereses que permite especular con la renta del suelo. Hablando en plata, se crean las condiciones necesarias para que un reducido grupo controle los medios para obtener beneficio del resto de personas a través de su necesidad básica de la vivienda, de un modo semejante a como ocurre con la especulación de otras necesidades vitales como el empleo, la sanidad, la educación, las pensiones, etc.

Seguidamente, Fidel en el alegato continúa especificando que «el problema de la tierra, el problema de la industrialización, el problema de la vivienda, el problema del desempleo, el problema de la educación y el de la salud del pueblo, he ahí los puntos a los que se hubieran encaminado nuestros esfuerzos (se refiere lógicamente hasta ser detenidos) junto con la conquista de las libertades públicas y la democracia política«.
Así pues el problema habitacional va de la mano de los ejes principales del proceso transformador. Pues «si la prosperidad de la nación depende de un campesinado saludable y vigoroso y de un Estado que lo proteja y lo oriente, ¿cómo es posible que continúe este estado de cosas?«.
Esto es, las medidas políticas deben encuadrarse en el marco de un Estado, que normalmente pasa desapercibido en el capitalismo o es sencillamente naturalizado como un ente abstracto que carece de influencia en los gobiernos pero está ahí, como un paisaje cotidiano que se mira sin ver. Al poner de relieve el aspecto material de las sociedades pasa a un primer plano y se revela su verdadero carácter opresor y sostenedor del orden que permite y facilita la especulación.
Es destacable también la cita usada en el inicio de este artículo, sobre la «tragedia de la vivienda», palabras en las que Fidel expone con los datos reales el problema de los alquileres: si el Estado se propone rebajar los alquileres, los propietarios amenazan con detener las construcciones; si el Estado se abstiene, construyen mientras pueden percibir algún tipo de renta. En cuanto ese beneficio se acaba o deja de ser rentable, «no colocan una piedra más aunque el pueblo viva en la intemperie».
Queda así revelado el papel necesario y cómplice del Estado burgués. Si bien con la renta del suelo no se obtiene una ganancia similar al plusvalor que se obtiene con la actividad productiva, y que conocemos gracias a la descripción marxista de la composición orgánica del capital, sí se poduce una obtención de renta en la que otro tipo de capitalistas, los rentistas, valorizan sus recursos gracias a su situación social en el entorno y las condiciones del capitalismo, y que conocemos gracias a la teoría de la renta de la tierra.
«Un gobierno revolucionario -prosigue párrafos más adelante Fidel- resolvería el problema de la vivienda rebajando resueltamente el cincuenta por ciento de los alquileres, eximiendo de toda contribución a las casas habitadas por sus propios dueños, triplicando los impuestos sobre las casas alquiladas, demoliendo las infernales cuarterías para levantar en su lugar edificios modernos de muchas plantas y financiando la construcción de viviendas en toda la isla a escala nunca vista, bajo el criterio de que lo ideal es que cada familia viva en su propia casa o apartamento. Hay piedra suficiente y brazos de sobra para hacerle a cada familia cubana una vivienda decorosa. Pero si seguimos esperando por los milagros del becerro de oro, pasarán mil años y el problema estará igual«.
¿De dónde sacar el dinero necesario?, se pregunta poco más adelante. «Cuando no nos lo roben, cuando no haya funcionarios venales que se dejan sobornar por las grandes empresas en detrimento del fisco, cuando los recursos de la nación estén movilizados y se dejen de comprar tanques, bombarderos y cañones en este país sin fronteras, sólo para guerrear contra el pueblo, y se le quiera educar, en vez de matar, entonces habrá dinero de sobra«.
Un cambio de paradigma, pero real.
Como es sabido, al juicio que motiva La historia me absolverá, y la posterior condena y amnistía, siguen los sucesos históricos que desembocan en la victoria de los revolucionarios el 1 de enero de 1959. Sólo un par de meses después se establece la Primera Ley de Reforma Urbana, que decreta la ya anticipada medida de la reducción de los alquileres al 50%.
Vemos que una de las primeras medidas se dedica por tanto al problema de la vivienda. A ella sigue, otros dos meses después, la Primera Ley de Reforma Agraria de Cuba, que acaba con la situación de la tierra, entonces consistente en un 80% de las mejores tierras cubanas en manos de compañías norteamericanas.
El proceso revolucionario, que hasta ese momento había sido visto por EEUU sin demasiadas preocupaciones excepto algunas represalias económicas, se radicaliza con las nacionalizaciones de las refinerías de petróleo y otras empresas estadounidenses, lo que ya sí es contestado con sanciones, que ya se formalizaron en el infame bloqueo que aún pervive con la creación de la Federación de Mujeres Cubanas, los Comités de Barrio para la Defensa de la Revolución o las Milicias Nacionales Revolucionarias.
Otra vez observamos aquí cómo al imperialismo lo que le duele es que el Estado antes funcional a sus intereses (los intereses que permiten el expolio de sus empresas), pase a ser, en cambio, un Estado manejado por el poder popular, por las masas organizadas, como paso previo al socialismo en el que la dictadura del capital va dando paso a la dictadura de los trabajadores, esto es, al dictado de la mayoría y de la justicia.
Se emiten entonces las dos Declaraciones de la Habana, en 1960 y 1962. En ellas, el proyecto bosquejado en el alegato se materializa y se desarrolla aún más. Cuba, leemos en las Declaraciones, condena el latifundio (nuevamente la renta de la tierra en lugar destacado) como fuente de miseria, condena el analfabetismo, la falta de protección a la vejez, la desigualdad de la mujer, condena a las oligarquías militares que impiden el ejercicio de su soberanía.
Así pues, la tierra y las rentas que se generan a partir de ella, tanto las agrícolas como las habitacionales, forman parte necesaria del entramado social que impide la soberanía de los pueblos. Y la comprensión de este problema es aplicable a todos ellos, no solo a Cuba sino a cualquiera donde se produzca la explotación del ser humano por el ser humano, de los países subdesarrollados por el capital financiero imperialista.

Dicen que las comparaciones son odiosas, pero las «cavilosas soluciones prácticas» de los Gobiernos progresistas españoles, tanto el actual como el anterior, se antojan muy insuficientes, debido a que, precisamente, no ha habido ningún cambio de paradigma ni nada que se le parezca remotamente.
Claro que podrá justificarse que las condiciones no son las mismas que en el ejemplo de Cuba propuesto aquí, ni se puede exigir de los españoles actuales el esfuerzo heroico realizado por el pueblo cubano ante el ejemplo de personajes de la altura de los Fidel, Raúl, Ernesto o Camilo. Pero de Gobiernos en los que participan supuestos comunistas cabría esperar, al menos, tener la decencia de explicar la verdad, más cuando ésta proviene de la teoría marxista.
Volviendo a Cuba, el cambio de paradigma (real, este sí) se manifiesta en un fondo habitacional de 3.824.861 viviendas, para un total de 11 millones y medio de habitantes, lo que supone una media de 2,84 habitantes por unidades de alojamiento, según la actualización del Censo de población y viviendas de 2012 (5).
El paradigma abandona aquí su origen capitalista, en el que las necesidades vitales se convierten en artículo de especulación, para adquirir una dimensión social en la que los recursos y el trabajo se ponen a disposición del bienestar común.
En el primer año revolucionario se crea el Instituto Nacional de Ahorro y Vivienda (INAV), bajo la gestión de Pastorita Núñez (6), que supuso la llegada de conjuntos de viviendas sociales, diseñados con criterios de calidad arquitectónica y urbanística ejemplares.
Aunque en la actualidad los expertos advierten de que sigue siendo mejorable la situación de la vivienda en el país, acuciada también por el execrable bloqueo impuesto por EEUU, sin duda la Ley de Reforma Urbana, así como los programas de viviendas sociales y otras medidas semejantes, como los proyectos de electrificación, mejoraron la vida de miles de cubanos.
Un problema relacionado también con las guerras y el imperialismo
Así como Fidel apelaba a la norma constituyente derogada por Batista, sin ser revolucionaria, los españoles podríamos apelar a nuestra propia Constitución vigente para referirnos al problema de la vivienda.
Recordemos que el artículo 47 de la Constitución española cita textualmente que todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Pero también que los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias para impedir la especulación. Sería un primer paso exigir que se cumpla la propia norma fundamental de nuestro Estado, pero para que ese paso fuese transformador sería necesario que fuese acompañado de otros cambios.
Otras palabras de Fidel, estas en el discurso pronunciado en Naciones Unidas en septiembre de 1960 (7), son tremendamente significativas. En este memorable discurso, Fidel señala con inteligencia la relación del problema de la vivienda con los Estados sumisos a intereses de empresas extranjeras, y también la relación con la guerra como forma de sometimiento de pueblos enteros y de su hundimiento en la miseria, la insalubridad y el analfabetismo:
«Con 50 tanques o carros blindados, y unos cuantos aviones pasados de moda, no se defiende a ningún continente, no se defiende a ningún hemisferio. En cambio, sirven para oprimir a los pueblos desarmados; en cambio, sirven para intimidar a los pueblos. Sirven para lo que sirven: sirven para defender los monopolios. Por eso, estos pactos de defensa hemisférica, mejor pudieran llamarse pactos de defensa de los monopolios norteamericanos.
El Gobierno Revolucionario comienza a dar los primeros pasos. Lo primero que hace es rebajar los alquileres que pagaban las familias, en un 50%, medida muy justa, puesto que como decíamos anteriormente, había familias que pagaban hasta la tercera parte de sus ingresos. Y el pueblo había sido víctima de una gran especulación con la vivienda, y las tierras urbanas habían sido objeto de tremendas especulaciones a costa de la economía del pueblo. Mas, cuando el Gobierno Revolucionario rebaja los alquileres en un 50%, hubo disgustados, sí, unos pocos que eran los dueños de aquellos edificios de apartamentos, pero el pueblo se lanzó a la calle lleno de alegría, como ocurriría en cualquier país, aquí mismo en Nueva York, si les rebajan un 50% los alquileres a todas las familias. Mas no significó ningún problema con los monopolios. Algunas compañías norteamericanas tenían grandes construcciones, pero eran relativamente pocas.
Después vino otra ley. Vino una ley anulando las concesiones que el gobierno tiránico de Fulgencio Batista le había hecho a la Compañía de Teléfonos que era un monopolio norteamericano.
La tercera medida fue rebajar las tarifas eléctricas, que eran de las más altas del mundo. Surge el segundo conflicto con los monopolios norteamericanos. Ya nosotros empezábamos a parecer comunistas; ya empezaban a embadurnarnos de rojo, porque habíamos chocado, sencillamente, con los intereses de los monopolios norteamericanos.
(…) Pero viene la tercera ley, ley imprescindible, ley inevitable, inevitable para nuestra patria, e inevitable, más tarde o más temprano, para todos los pueblos del mundo… al menos para todos los pueblos del mundo que no lo hayan hecho todavía: la Ley de Reforma Agraria.
El Gobierno Revolucionario ha construido, en ese breve período de tiempo, 25 000 viviendas en las zonas rurales y urbanas; 50 nuevos pueblos están surgiendo en este momento en nuestro país; las fortalezas militares más importantes albergan hoy decenas de miles de estudiantes, y, en el próximo año, nuestro pueblo se propone librar su gran batalla contra el analfabetismo, con la meta ambiciosa de enseñar a leer y escribir hasta el último analfabeto en el próximo año, y, con ese fin, organizaciones de maestros, de estudiantes, de trabajadores, es decir, todo el pueblo, están preparándose para una intensa campaña y Cuba será el primer país de América que a la vuelta de algunos meses pueda decir que no tiene un solo analfabeto».
En definitiva, el ejemplo histórico cubano nos deja al desnudo la hipocresía del sistema capitalista en el caso español:
- De estar regido el país por un Estado español supuestamente alineado con la democracia europea, ese «orden basado en reglas», se trasluce la realidad de un Estado pantomima que es incapaz de implementar ni las normas más básicas de su ordenamiento, como la Constitución.
- Fidel sitúa desde el origen a la vivienda como problema fundamental entre los 5 principales, entiende que es un problema relacionado con el sistema social y con la propiedad, que como señala la teoría marxista es una de las formas en que se produce la acumulación de capital, y que va unido a la reforma agraria y a la cuestión de la renta del suelo en general.
- Las leyes decretadas por Gobiernos aún tildados como progresistas no son para nada útiles si no contemplan honestamente el paradigma del que proceden los problemas, y más bien acaban resultado en el apuntalamiento del rentismo como forma cómoda de vida para una minoría a costa de la mayoría.
- Queda señalada también la relación de los problemas locales y concretos de los pueblos con el imperialismo, cosa imposible para los gobiernos que nunca evidencian la relación con lo internacional, pues esto sería a la vez poner en evidencia que dependen de los fondos europeos y de los pactos firmados con las entidades europeas como el Plan Next Generation, los compromisos falaces de estabilidad y otros aún más perjudiciales, como la actual exigencia de cumplir con los miles de millones que requiere una guerra contra un enemigo inexistente.
1 – Por qué no cambiaron el «paradigma de la vivienda» ni lo van a hacer, https://elcomun.es/2024/01/28/por-que-no-cambiaron-el-paradigma-de-la-vivienda-ni-lo-van-a-hacer/
2 – Foro de la vivienda: sí, es una cuestión de lucha de clases, lo que pasa es que ustedes la están perdiendo https://elcomun.es/2025/01/20/aluminosis-en-los-pilares-del-estado-de-bienestar/
3 – Un repaso al texto de Engels Contribución al problema de la vivienda https://elcomun.es/2024/02/04/actualidad-de-la-contribucion-marxista-al-problema-de-la-vivienda/
4 – Seminario La propiedad inmobiliaria en la actual formación del Estado español, de la Asociación Cultural Volver a Marx https://www.youtube.com/@VolveraMarx6903
5 – Censo de Población y Viviendas de Cuba 2012. https://adsdatabase.ohchr.org/IssueLibrary/ONEI_Censo%20de%20Poblacion%20y%20Viviendas%202012.pdf
6 – Semblanza de Pastorita Núñez https://www.ecured.cu/Pastorita_N%C3%BA%C3%B1ez
7 – Discurso en la ONU 1960 http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1960/esp/f260960e.html








