Sin novedad en el frente

0

¿Cómo entender esta locura bélica que parece apoderarse del presidente galo?, oculta su impotencia política mediante el ejercicio de la comunicación. A las 20h del martes 4 de abril, con un aire marcial la alocución presidencial comienza, se dirige a todo el país, apela a un rearme masivo de Europa y propone un debate sobre una disuasión nuclear extendida a los aliados europeos.

Una cierta esencia a gaullismo en el plató televisivo: “El futuro de Europa no tiene por qué decidirse en Washington o Moscú”. Macron lo sabe por experiencia, gracias al conflicto de Ucrania derrotó a la extrema derecha de  Marine Le Pen en la campaña presidencial de 2022. Comienza el primer episodio de la 2ª temporada de una serie ya conocida, desde su primera elección en 2017, siempre han sido las crisis las que le han permitido recuperarse políticamente, coûte que coûte [1].

La intervención le dio la oportunidad para aclarar sus observaciones sobre la disuasión nuclear. Aunque afirmó que quiere «abrir el debate estratégico» sobre la protección de «nuestros aliados en el continente europeo«, quiso ser firme en que «la decisión siempre ha estado y seguirá estando en manos del presidente [2]”. A ser verdad, cada presidente de la Quinta República ha defendido a su manera una dimensión europea de la disuasión nuclear. Nunca se trató de «compartir» el arma definitiva, sino de tener en cuenta los «intereses vitales» de Francia.

En un continente autoimpulsado a una guerra quimérica contra Rusia y con la predecible retirada del apoyo militar de EEUU, el juego internacional sólo les da a Francia (dentro de la UE) y el Reino Unido (fuera de la UE) la capacidad de tener voz en el viejo continente gracias a su asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU y a su fuerza disuasoria nuclear, el resto de países comunitarios son como “los de afuera, son de palo”, Macron se apoya en este crédito para intentar persistir políticamente y orquestar una respuesta a la ofensiva trumpista.

Exponente de un militarismo demostrativo dictado por la agenda interna francesa, Macron con la ineptitud del arribista ha optado por no intentar calmar el clima internacional ni abrir perspectivas de paz, sino dramatizar la situación hasta el extremo. Menos preocupado por tranquilizar a los franceses que por exacerbar sus miedos, sus ansiedades, sus incertidumbres. De este modo espera sin duda distinguirse en el papel del hombre providencial, el único capaz de conjurar el apocalipsis. Algunos espíritus malignos dirán que éste era quizás el único nicho que le quedaba después de haber quemado todas sus naves en la política interna. Después de su intervención la guerra que se creía lejana ahora puede ser parte del paisaje diario.

Senderos de gloria

“No permitáis que la ambición se burle del esfuerzo útil de ellos / De sus sencillas alegrías y oscuro destino / Ni que la grandeza escuche, con desdeñosa sonrisa / los cortos y sencillos hechos de los pobres. / El alarde de la heráldica, la pompa del poder y todo el esplendor, toda la abundancia que da, / espera igual que lo hace la hora inevitable. / Los senderos de la gloria no conducen sino a la tumba“             Thomas Gray (1716 / 1771):

El Ejército francés moderno no es en absoluto la “Grande Armée. ¿Cuál es la situación en la práctica?, detrás del discurso bélico se esconde una dura realidad: el Ejército francés está preparado, en el mejor de los casos, para guerras de baja intensidad y despliegues neocoloniales, pero no tiene ni los recursos ni las capacidades para un gran conflicto continental. Las FFAA francesas cuentan con unos 270.000 efectivos, de los cuales 118.600 pertenecen al Ejército, incluidos 9.500 integrantes de la Legión Extranjera y 25.000 reservistas.

 El Ejército con más de 220 carros de combate Leclerc (y otros 200 almacenados o en proceso de modernización), hasta 5.000 vehículos de combate de infantería y blindados de transporte de tropas, así como algo por encima de 70 obuses Caesar, 100 cañones remolcados TRF1 y unos 400 morteros de 120 mm. Un tigre de papel, conflictos coloniales en Indochina (1946-54) y Argelia (1954-62), la crisis de Suez (1956) y Guerra del Golfo (1990-91), Libia (2011). En las guerras proxy, sobre el terreno, tampoco han tenido un rendimiento brillante: la “europeización” de la política africana de Francia llevó al despliegue de misiones que participaron en los conflictos del Congo (1960-1963), Nigeria (1967-1970), Angola (1975-2002), Chad (1969-2008), Libia (2011), Malí y el Sahel (2013-2022)

En cuanto a Ucrania, ni las entregas de armas francesas de hasta 3.200 millones de euros, ni la capacitación al personal ucraniano o la facilitación de los datos de inteligencia, han servido para reforzar las capacidades de Kiev: decenas de millones de euros de los contribuyentes franceses se han quemado en forma de armas destruidas, y los informes de entrenadores franceses abatidos son habituales. Los propios medios de comunicación franceses y otros europeos han informado largo y tendido durante los últimos tres años que los militares franceses se quedarían sin munición a las pocas semanas o incluso días de iniciarse un ‘conflicto de alta intensidad’ inmediatamente.

La credibilidad es un arma frágil en política.

 Ya en 2020, el presidente de la República había mencionado la « dimensión europea » de los intereses vitales franceses durante su  discurso  sobre la disuasión en la Escuela Militar. Siguió un camino trazado por sus predecesores, quienes eran conscientes de que la seguridad de Francia no se detenía en sus fronteras. También había propuesto a sus socios «participar en ejercicios de las fuerzas de disuasión. La oferta quedó en papel mojado, relegada a un segundo plano por el inicio de la pandemia de Covid unas semanas después y por falta de interés de las principales capitales europeas. En aquella época, el escudo estadounidense se consideraba suficiente.

Al “paraguas nuclear” se le conoce como disuasión extendida. Surge de la decisión de una potencia atómica de compartir la protección que le otorga su arsenal con otros países, sea por razones políticas, convenios transnacionales o por la necesidad simplemente de extender el círculo propio de autodefensa más allá de las fronteras. El Pentágono tiene actualmente emplazados unos 159 misiles nucleares repartidos en bases de Alemania, Italia, Bélgica, Turquía y Países Bajos. Las bases en cuestión son Kleine Brogel (Bélgica), Büchel (Alemania), Aviano y Ghedi (Italia), Volkel (Países Bajos) e Incirlik (Turquía). La presencia de las armas tiene su origen en un acuerdo alcanzado durante la Guerra Fría, en los años 60, para disuadir a la Unión Soviética y convencer a los países implicados de que no era necesario iniciar sus propios programas de armas nucleares.

El caso particular del poder nuclear disuasorio que ofrece el Reino Unido es distinto, no tiene el componente “nacional” como en Francia, está “otanizado,” subordinado directamente en los planes de la OTAN y a EEUU, sólo tiene un componente, el submarino, que depende del suministro norteamericano de cabezas nucleares, en cuanto a Francia la credibilidad política es frágil, la disuasión francesa no está integrada en los planes de la OTAN y plantea otro dilema para la UE, en cualquier caso Macron no será presidente después de 2027.


[1] Cueste lo que cueste.

[2] “La France, c’est moi” atribuida a De Gaulle

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.