El Presidente reconoce públicamente en un foro sobre la vivienda que el problema es una cuestión de clases sociales. Pero a la vez propone medidas que aumentan la diferencia social. Lo hace además como si las políticas ejecutadas por él y sus antecesores -como Zapatero- no formasen parte del entramado del Estado que posibilita esta situación. Y, para colmo, advierte que es un problema que se da en Occidente, mientras el propio Occidente señala a otros países, que sí han resuelto el problema de la vivienda, como dictaduras o como enemigos de guerra.
Una sencilla radiografía del llamado Estado de bienestar sería suficiente para dar un diagnóstico: osteoporosis. La densitometría de los cimientos muestra que se encuentran tan socavados que parece cercana la fractura y el desplome. Servicios sociales, Educación, Sanidad o Pensiones son ejes que han sido horadados desde que las instituciones europeas instaron a la «estabilidad presupuestaria», anteponiendo por ejemplo el rescate de bancos a los gastos sociales. Hoy, además, priorizando el gasto de miles de millones en armas para guerras contra supuestos enemigos.
Y he aquí que el presidente del Gobierno, aquel que nos salva de la derecha, participa en un foro llamado «Vivienda, quinto pilar del Estado de bienestar». En la clausura de ese foro, el Presidente anuncia «12 nuevas medidas para fortalecer el derecho a la vivienda asequible», que pueden ustedes repasar en la página de la Moncloa.
Podría haberse llamado perfectamente Festival de la ironía. En ese foro, Sánchez nos regaló esta perla:
«el acceso a la vivienda se ha convertido en uno de los principales retos que tienen las sociedades europeas» (…)»Occidente se enfrenta a un desafío decisivo: no convertirse en una sociedad dividida en dos clases, la de los propietarios ricos y los inquilinos pobres«.
Resulta llamativo que una cuestión aparentemente tan básica como proporcionar un techo a sus habitantes sea un «reto» para los gobiernos europeos. ¿Puede considerarse serio un gobierno que carece de capacidad para solventar situaciones tan fundamentales?
En otros países ajenos a Occidente, con menos recursos incluso, los Gobiernos solucionan sin tanto apuro este problema. En Venezuela, por ejemplo, el Ministerio del Poder Popular lleva entregadas 3 milllones de viviendas nuevas y 2 millones de rehabilitadas. Pero sucede que Occidente considera a Venezuela como una dictadura y entregar la cabeza de su presidente está recompensado con 25 millones de euros.
¿Será que es la segunda cuestión indicada por Sánchez, que la sociedad occidental está dividida en dos clases, ricos y pobres, la que explica todo?
Esto es lo que podría extraerse del texto emitido por la propia Moncloa. En él se advierte que la oferta pública española es ínfima comparada con otros socios europeos. Y que va a adquirir varias decenas de miles de viviendas de la SAREB, o banco malo. Más aún, ahora el Gobierno se preocupará por la compra de viviendas por extranjeros y para uso turístico, así como por los fondos de inversión que se nutren de la especulación inmobiliaria.
Por si fuera poco, remata el Presidente con la noticia que de que incentivará el alquiler asequible con premios fiscales a los propietarios.
Pero ¿de donde surge todo ese entramado económico de inversores anónimos, explotadores turísticos, monopolio de las viviendas por fondos y rentistas? ¿Proliera de manera espontánea como el verdín o las setas?
Lógicamente, para que todo esto evolucione necesita su medio ambiente. La SAREB absorbió, por ejemplo, miles de viviendas que como activos tóxicos los rescatados bancos deseaban desocupar.
Igualmente, para que el precio de la vivienda pueda inflarse necesita previamente ser un bien escaso, debe estar monopolizado por grandes poderes económicos, como los fondos de inversión. Fondos que, casualmente, ya son propietarios de buena parte del IBEX y echan sus redes en otros sectores imprescindibles, como los energéticos o la sanidad.
Y de las migajas de ese monopolio de grandes tenedores surge el ejército de pequeños rentistas, que aprovechan esa carencia de vivienda para elevar los precios a niveles insostenibles para un trabajador medio. Rentistas que no creo puedan incluirse en la categoría de inquilinos pobres, pues según las estadísticas son quienes compran (pagando a tocajeta, en efectivo) la mitad de las viviendas.
Igualmente tampoco surge de la nada, sino de presidentes anteriores como Zapatero, la consideración de España como país destinado al turismo y a la hostelería, dentro del reparto económico decidido por la UE. Y que su industria fuese desmantelada para dar paso a personajes que crearon verdaderos imperios a golpe de ladrillo.
Así pues, de todas estos datos podemos inferir que, obviamente, Occidente tiene un problema de clase. Pero un problema en el que el propio Gobierno es parte, y en el que el Estado se estructura para garantizar que ese orden se perpetúe, y que entrega su soberanía a instituciones superiores que deciden sobre ellos.
Que se trata de un problema de clase es tan evidente que, en cuanto al problema de los alquileres, el Gobierno legisla en favor de los rentistas, no de los inquilinos, incluso cuando cínicamente reconoce que es un problema de clase: regala premios fiscales a los rentistas, para incentivar que estos pongan en alquiler sus viviendas vacías. ¿Por qué no soluciona el problema mejorando la capacidad económica de los inquilinos para que puedan vivir de manera digna? Tal vez así los asustadizos rentistas dejen de tener pesadillas nocturnas con «inquiokupas».
La respuesta está muy clara. Para redondear el cinismo del foro de la vivienda, el Presidente podría haber manifestado: esto es una cuestión de clases, de lucha de clases; y en esa lucha, ustedes, pobres, están perdiendo por goleada.
Lecturas en esta columna sobre el problema de la vivienda:
Actualidad de la contribución marxista al problema de la vivienda
Por qué no cambiaron el «paradigma de la vivienda» ni lo van a hacer
¿Desconecta la acumulación de capital? Veraneo de pobres, agosto de especuladores








