Jinetes en la tormenta

Poco a poco se ha forjado una cosmovisión de la política en la que solo caben dos opciones. De un lado los grandes gestores, una élite que sabe, que es capaz de entender los grandes secretos de la economía para lograr así el crecimiento y la prosperidad. Una élite que es global, liberal, tolerante con las diversidades étnicas, nacionales, sexuales y de todo tipo. Tolerante con todos excepto con los pobres, con las clases subalternas de un proceso de globalización que no entienden, no controlan, y en el que terminan excluidas. Un proceso que ha multiplicado las desigualdades sociales durante las últimas décadas. De otro lado los nacionalistas, los que en el siglo XIX sustituyeron el mito religioso por el mito nacional, que han reaparecido en el contexto de la fragmentación de la clase trabajadora en multitud de estratos y colectivos. La extrema derecha de siempre adaptada a la posmodernidad, para envolver en sus banderas a cabreados de todo tipo. Defensores de la caza, los toros, la familia tradicional, contrarios al feminismo, adictos a las teorías de la conspiración que circulan por internet, obsesos de la leyenda negra y la recuperación del Imperio Español como panacea universal… Se reafirman a sí mismos a través de la negación del otro, de la elaboración de un relato histórico ficticio en el que siempre salen bien parados, del odio con el que intentan atraer a los excluidos de la globalización.

Emmanuel Macron y Marine Le Pen han representado estas dos opciones en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas. La globalización y la tolerancia vertebradas mediante el utilitarismo de una sociedad de consumo, que banaliza la exclusión de capas sociales cada vez más amplias. El capitalismo se adapta muy bien a este tiempo sin alma, despojado de toda ideología, y genera líderes de cartón piedra, imitables en una sociedad sin valores. Frente a ello, los guardianes del templo, quienes alardean de la tradición para lanzársela a quienes les resultan incómodos, y confundiéndola con lo más oscuro de nuestro pasado (Vichy, Franco, el nacionalismo).

La tradición nos recuerda de dónde venimos, lo que nos une. Confrontada con los retos del presente, ayuda a cada generación a resolver su momento histórico, abriéndose camino hacia el futuro. Entendida así, como una herencia que ha de adaptarse a cada momento histórico, la tradición puede contener una fuerza transformadora, incluso revolucionaria, pues nos señala como comunidad política. Es el hilo rojo que vincula la solidaridad a la fraternidad. Algunos creemos ver esto en Jean-Luc Mélenchon y sus inesperados resultados en la primera vuelta de las presidenciales francesas de esta primavera, alrededor del 22 por ciento de los votos, muy cerca de Marine Le Pen, que pasó en segundo lugar a la segunda vuelta. Si se consiguiera una candidatura conjunta de las izquierdas para las elecciones parlamentarias del próximo mes de junio, podría romperse la dicotomía posmodernidad-nacionalismo. Sería posible una victoria de las izquierdas en la Asamblea Nacional y, en consecuencia, la obligada cohabitación del presidente Macron con un Mélenchon convertido en primer ministro.

Esto que representa Mélenchon en Francia es lo que representa en España el actual Gobierno central. La izquierda de toda la vida, los ideales del socialismo clásico que, mal que bien, se abren camino en estos tiempos confusos en los que los trabajadores siguen conformando la mayoría social, una mayoría cada vez más castigada. En un presente saturado por la dicotomía antes indicada, resulta esperanzador identificar a quienes, por sus actos y políticas, trabajan por mejorar nuestra vida en común, por fortalecer nuestros lazos comunitarios y renovar un contrato social que, en democracia, debe estar siempre vivo. Este es el horizonte, aunque en ocasiones nos equivoquemos y nos perdamos por el camino, como jinetes en la tormenta llegando a una ciudad sin nombre.

Artículo anteriorCultura contra Rusia
Artículo siguiente8 años de la masacre de Odessa
Javier Flores Fernández-Viagas (1979). Profesor de Geografía e Historia y escritor. Autor de publicaciones como La izquierda: utopía, praxis y colapso. Historia y evolución y Diez razones para ser de izquierdas… a pesar de la izquierda, ambos libros recientemente publicados por Almuzara. Ha militado en distintas organizaciones, como el Sindicato de Estudiantes, Izquierda Unida y CCOO, donde tuvo responsabilidades de carácter orgánico.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.