El compromiso de Félix Matute Cañas

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El investigador, Sergio Calvo Romero trae al proyecto “Historias para un centenario” un esbozo biográfico del profesor, Félix Matute Cañas, de la Universidad de Zaragoza.

Esta no es una muy historia muy diferente a la de muchos aquellos protagonistas anónimos que durante la dictadura franquista se jugaron su vida para conseguir la democratización del país. La diferencia está en el balance y la conclusión que esta persona hace sobre todo lo padecido: “era la que había que hacer. Había que luchar por la democracia”. Son palabras que pronuncia hoy Félix Matute Cañas, un profesor de matemáticas jubilado que accedió a la Universidad de Zaragoza en septiembre de 1964, cuenta con la mayor humildad posible. Estamos ante uno de los cinco miembros originarios del Sindicato Democrático de Estudiantes de Zaragoza (SDEUZ), militante del PCE junto a “unos poco más”. Durante su época estudiantil entró rápidamente en contacto con las movilizaciones estudiantiles que desde 1965 se sucedían progresivamente en el campus de Zaragoza.

Su nombre será conocido rápidamente por la Brigada Política-Social; tanto en su ficha policial como en la sentencia del Tribunal de Orden Público se le achaca el cargo de captador de militantes y simpatizante para el PCE. Pues bien, así fue. Félix poco a poco fue captando para la organización universitaria del PCE docenas de militantes y “compañeros de viaje”, eufemismo que hacia alusión a aquellos estudiantes que no se atrevían a militar en el partido pero que secundaban sus convocatorias y participaban en las protestas universitarias. Hay que tener en cuenta que el PCE, y por ende el SDUZ, eran las organizaciones de mayor capacidad e influencia en la Universidad de Zaragoza.

Todo cambiaría con el estado de Excepción de 1969. La represión, reconoce, “La represión descabeza y desmantela la organización del PCE, del SDE y el movimiento estudiantil”. El propio Félix narra tranquilamente que estuvo detenido en 1969 (4 días en la cárcel, en 1971(14 días días de interrogatorio y mes y medio en la cárcel de Torrero) y en 1973 (4 meses en el verano). Incluso, añade, “solicité que se me hiciera un reconocimiento médico en la cárcel por la cantidad de moratones que tenía. El cuerpo lleno de hematomas. Al salir de la cárcel presente una denuncia contra los policías que me golpearon. Incluso me llamaron de la Audiencia de Zaragoza para ratificar la denuncia, y no he vuelto a saber del asunto”.

En uno de esos periodos de intensos interrogatorios llegaron incluso a meter a sus padres en la misma sala que a él; ante el deteriorado aspecto que presentaba su madre llegó a desmayarse. Aunque asevera con total firmeza que lo que más le marcó fue la imagen José Francisco Álvarez Álvarez, quien en ese año 1971 era el máximo dirigente del PCE en la universidad, lleno de sangre y siendo arrastrado como un cuerpo sin vida. La presión pudo con él e intentó suicidarse. La tranquilidad de Félix le llegó cuando se encontró a su camarada vivo días después en la cárcel Torrero.

Una vez se decretó el Estado de Excepción lo tuvo claro, la única salida era huir y esconderse. Más de 40 días estuvo escondido, estando en Tudela, País Vasco, etc. A la altura de 1969 la columna vertebral del PCE eran cinco: Manuel Valera, José Castillo, José Francisco Álvarez, Juan Garut y Félix Matute. Cuando reciben el aviso de la declaración del Estado de Excepción, narra: «Éramos 5. Nos dividimos en 2 grupos y nos escondidos, estuvimos 40 días, hasta semana santa: Tudela, en un pueblo de La Rioja, en Euskadi, etc. Cuando volvimos a nuestros estudios nos esperaban y fuimos detenidos: Manuel Valera y José Castillo son detenidos en una actividad cultural, José Francisco Álvarez lo detienen cuando va a sacar dinero al Banco Santander. Al salir, estando ya en un bar tomando algo, la policía lo detuvo sin detenerme a mí, que estaba delante. Y estando yo en San Fermín, alojados en un hotel en Irún, la policía me detuvo. Me trasladaron a Zaragoza, me interrogaron Latorre y “el Legionario”. Estuve una noche en comisaría, me pasaron a la cárcel, estuve 3 días y me dejaron salir. Cuando me detienen ya era conocido”.

A la altura de 1970, afirma: “el PCE éramos 80, por lo menos, naciendo todo de los cuatro de matemáticas. Los cuatro éramos el germen”. Félix llegó a encargarse del aparato de propaganda del partido y actuó de enlace entre el Partido y la gente escondida. Y ante una pregunta tan banal de ¿cómo se captaba a la gente? Él explica que “la captación se hacía por contactos personales. Se aprovechaban las actividades extra académicas, culturales, deportivas, excursiones y todo tipo de reuniones de alumnos. En este sentido juegan un papel importante el Teatro de Cámara de Zaragoza fundado a mediados de los años 60 y posteriormente, comienzo de los 70, el Teatro Estable que son activos focos de crítica social.

También los cine clubs Saracosta, Pignatelli, La Salle etc. Eran sitios de discusión cinematográfico política que permitían establecer relaciones.

Y ¿cómo se consiguió que el PCE fuera la vanguardia de la protesta universitaria? La respuesta es simple: aun no disponiendo de nada. Incluso de vez en cuando “Recibíamos algún ejemplar de Mundo Obrero que nos pasábamos entre nosotros y comentábamos las noticias con los posibles simpatizantes”. En suma, detrás de las palabras de Félix Matute Cañas podemos ver como la labor personal de unos cuantos y el compromiso de otros se pudo comenzar una largo y arduo camino hacía la democratización del país. Gracias a él y a otros, podemos dejar de poder considerarlos anónimos y poner nombre y apellidos a aquellos que hoy con normalidad cuentan todo lo que costó disfrutar de las libertades que hoy vemos como inherentes al ser humano.

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