Votad y botadles

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Vivo en una comunidad autónoma donde más de la mitad de mi vida ha gobernado la derecha. No alcanzo a recordar cuántos de sus últimos presidentes han sido imputados, condenados o «dimitidos» por corrupción, y leo con incredulidad encuestas donde vuelven a darles la victoria.

¿Qué tiene que ocurrir para que los maltratados ciudadanos de Madrid despierten? ¿Qué tiene que pasar para que Madrid vuelva a ser la casa de todos y no el cortijo de unos pocos?

Porque los últimos dos años una especie de loca psicópata al volante ha traspasado los límites de la desfachatez poniendo, literalmente, en peligro la vida de todos. Y encima se atreve a echarnos un pulso, subestimando a los que la hemos sufrido, creyéndose vencedora y dándonos por vencidos.

Sólo eso ya es suficiente para decirle que recoja su prepotencia y se vaya para no volver nunca.

Y una y otra vez la izquierda vuelve a dividirse, muy digna ella, muy de principios, de matices a veces absurdos. Y la derecha no vota señores, la derecha ficha como si les fuera la vida en ello. Les va. Pero a nosotros también.

El 4 de mayo deberíamos ir a votar porque nada cambiará, si no cambiamos nuestra actitud ante la política. Mientras, contemplo estupefacta cómo hay personas que dicen que «pasan de todo ese rollo», ¿quién creen que rige nuestras vidas? ¿Los astros?

Cada decisión, cada ley, cada decreto que se aprueba o rechaza influye directamente para bien o para mal en nuestra existencia. No podemos vivir ajenos a que, depende de quién nos gobierne, así será nuestro futuro y el de nuestros hijos.

O convertimos nuestras quejas en un clamor en las urnas o seguiremos teniendo razones para seguir quejándonos día tras día, mientras nos arrebatan los servicios públicos y nos privatizan hasta el aire -contaminado, por cierto- que respiramos.

Quizás la izquierda no logre resolver todos nuestros problemas, eso seguro, pero tal y como están las cosas creo que merece la pena arriesgarse. Decía George Bernard, Nobel de Literatura, que «los pañales y los políticos hay que cambiarlos a menudo, ambos por el mismo motivo» y ya ha llegado el momento en el que el hedor ha superado con creces lo que podemos soportar.

Cuando os hablen de «libertad» recordad que «su libertad» siempre depende de la capacidad económica: libertad para vivir donde quieras, elegir centro educativo para tus hijos, acudir a la sanidad privada, no viajar hacinados en transporte público, si puedes permitírtelo; y ahora la libertad para tomar cañas, cuando muchos no llegan a poder comer. La libertad de Ayuso es aquella que tiene un precio y si no puedes pagarlo, sólo serás un esclavo más del Madrid de las desigualdades.

En nuestra mano, en nuestro voto está intentar cambiar el futuro. Y quizás lo consigamos o quizás no, pero es responsabilidad de todos y cada uno de nosotros y nosotras.

Hay que votar en defensa propia, no con sed de venganza, pero sí con hambre de justicia social, porque ahora más que nunca nos van la vida y la salud en ello. Perder media hora en ir a depositar tu voto puede servir para recuperar los derechos que nos están quitando. Solo por eso merece la pena intentarlo.

Así es que ya sabes, si no votas el día 4 de mayo, no llores el día 5 (ni los próximos dos años). Nuestros padres y abuelos lucharon e incluso se dejaron la vida para que pudiésemos ejercer ese derecho. Honremos su memoria, defendámonos.

Porque cada voto cuenta, y el tuyo también. Y si tú no eliges tu destino otros estarán encantados de elegirlo por ti.

1 Comentario

  1. ¿Según están las cosas, de qué Izquierda habla, Podemos, PSOE, MM?. Podemos y sus escinsiones deben desaparecer, esta vez no será, lo siento por los madrileños que se comen el marrón, deben barrer la porquería como hizo Galicia o Euskadi. Al menos Madrid no tiene el cáncer del nacionalismo.

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