El mejor reparto de los riders

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Hace algunos días andaba yo por Twitter buscando información de esa que en los medios más grandes y «serios» no suele tener el eco que merece. En los últimos tiempos una de las cuentas más interesantes a este respecto es la del colectivo Riders x derechos.

Lo cierto es que este colectivo tiene muy bien puesto el nombre, porque aun en el caso de que sea la primera vez que lo leen, ya pueden intuir quienes son y a qué se dedican. En efecto son una plataforma sindical que está plantando una fiera y muy desigual batalla contra la patronal y las empresas de servicio a domicilio por los derechos de esos repartidores (aunque la palabra riders se ha institucionalizado, y de hecho la he usado en el título de este artículo para hacerlo más comprensible, me niego a extender anglicismos habiendo un vocablo en castellano), que todos conocemos por representar, posiblemente, la última frontera de la precariedad laboral legalizada. Ya saben: sueldos irrisorios, horarios abusivos, situaciones de peligro cotidianas… A veces cuando uno los ve en las puertas de los establecimientos hosteleros esperando a coger el pedido se pregunta cómo algo así es posible. Pues bien, Riders x derechos ha organizado a estos profesionales y ha planteado su situación en varios frentes. Como aparecerá el espabilado que sostenga que al final luchar por los derechos no sirve de nada les aclaro que esta organización ha cosechado ya importantes victorias, como que múltiples sentencias judiciales reconozcan que los ciclistas de reparto son trabajadores asalariados y no autónomos, y por tanto es la empresa la responsable de su seguridad.

Últimamente este grupo tiene una complicada tarea intentando dar a conocer que ese acuerdo del gobierno con patronal y sindicatos que está apareciendo como una panacea en ciertos medios no es tan bonito como nos lo venden. La objeción principal al mismo de Riders x derechos es la conocida como «propuesta californiana».

¿Qué es la propuesta californiana? En dicho estado norteamericano (lo que ya es motivo para el recelo, pues en el autodenominado país de la libertad a lo que llaman libertad es a la posibilidad de abusar de poder financiero, económico, mediático, etc.) los trabajadores son por defecto asalariados y por tanto la empresa debe proporcionarles las coberturas correspondientes. Pero si la empresa logra demostrar que un trabajador reúne las condiciones necesarias para ser considerado autónomo, podrá tenerlo en ese régimen. Dados los antecedentes y el poder de la patronal en la redacción y aplicación de leyes, no fiarse de tal figura es un mero acto de precaución. Una cautela que ya impera entre los repartidores.

Bien, hace una días, siguiendo la evolución de este conflicto laboral, vi que el colectivo decía en su perfil de Twitter que también existían empresas de reparto que podríamos llamar éticas, incluso recomendaba tres de ellas y animaba a contratar sus servicios. Llevando el tiempo que llevo en este mundo desconfiaba; ya tengo experiencia en lo que suele pasar cuando una empresa de un sector tipo banca, mensajería, hostelería, etc, cuando alguien de un ámbito conocido por sus abusos sobre los trabajadores, en resumen, se cuelga medallas de honestidad. Pero también conocía a la organización que los recomendaba, de modo que puse un tweet al respecto bastante claro: desconfiaba pero el hecho de que lo recomendasen los repartidores me parecía digno de reseñarse.

Unos días más tarde mi compañero colaborador en este medio Carlos Rodríguez, que está siguiendo la titánica cruzada de Riders x derechos muy de cerca, me explicó que aquellas empresas, (Mensakas en Barcelona, Riders X derechos Madrid en la capital y Zámpate Zaragoza en la ciudad maña) eran cooperativas que habían montado los integrantes de dicha agrupación. Han creado su propia plataforma con su correspondiente aplicación, La Pájara, donde se puede contactar con ellos.

Sin ellos pretenderlo ni yo contratarlo, los repartidores me habían hecho su mejor servicio: me habían traído conocimiento de una realidad que desconocía.

En primer lugar me hicieron saber de una alternativa a este negocio tan lleno de miserables y explotadores. Debo decir que no soy usuario habitual del reparto de comida a domicilio, pero si por algún motivo realmente excepcional tuviera que recurrir a este en algún momento, ahora sé que tendría unas plataformas más dignas de mi dinero que las de Sacha Michaud, ese emprendedor, como dice la neolengua de la economía liberal que estos días proclamaba desde su puesto de cofundador de Glovo que tener dos o tres empleos era una tendencia que los jóvenes elegían por gusto, y por eso reclamaba más flexibilidad (otro eufemismo neolingüístico, esta vez para la precariedad laboral).

En segundo lugar mostraron cómo una vez más la organización en cooperativas puede ser la respuesta al modelo capitalista imperante. Ha funcionado muchas veces: funcionó en la URSS hasta que Gorbachov decidió vender y desintegrar el país que debía gobernar, funciona en Marinaleda, funciona en los kibutz de Israel, estado tan justamente denostado en otros aspectos, y en el siglo XXI puede funcionar con los productos y negocios que ahora imperan. De hecho conozco algunas localidades donde los trabajadores, en aquel momento mayoritariamente agrícolas, estaban organizados en cooperativas hasta que vino el liberalismo económico de los 90.

Incluso Michael Moore, cuyas películas y libros suelo animar a ver a pesar de todos sus tics de progre americano por mostrar la otra cara del país de la libertad, enseñó en uno de sus documentales, concretamente en Capitalismo: Una historia de Amor (2009), que precisamente en California, el estado de la ley de la que ahora recelan nuestros repartidores, los panaderos de una comarca, hartos de abusos, se habían organizado en cooperativa y abastecían de pan cada día a cuatro localidades cercanas.

Aun así les recuerdo que, si bien las cooperativas son una forma de organización útil para evitar que otro tipo con más poder les robe la plusvalía, el problema está en que muchas veces para crearlas primero hay que derrocar al zar, o como quieran llamar al capitalista. Por ello les emplazo a apoyar en el modo que puedan a cualquier colectivo que esté dando una batalla similar a la que he descrito.

Para finalizar, dado que mi propósito en este artículo era aprovechar el espacio que me brinda este medio para hablar de un tema, en mi opinión, no suficientemente tratado, creo que debo terminar mostrando el comunicado al respecto de Riders x derechos sobre ese acuerdo no tan maravilloso y la «propuesta californiana». Aquí lo tienen.

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Yago Pérez Varela (Madrid). Aunque en cierta época se fijó en las ciencias, acabó notando que la historia era su pasión y lo que le gustaba. La historia le ha permitido ejercer labores gratificantes en documentación e investigación, pero al ser un villano también ha conocido empleos precarios. Quiere a su villa natal de Madrid, aunque le preocupa ver que a veces paga el precio de ser capital de un país, y como tal, refugio de oligarcas.

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