Al PSOE el bosque no le deja ver los árboles

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Con la actuación de los antidisturbios en las protestas contra la encarcelación de Pablo Hasél ha vuelto a resurgir el viejo intento de criminalizar cualquier tipo de protesta que realice la ciudadanía en la calle.

El uso de diferentes estrategias en la lucha por la consecución de derechos o el intento de no perder los conseguidos, pueden ser más o menos criticables, lo que llama poderosamente la atención es la doble vara de medir con la que se calibran los mismos actos cuando se producen en otros contextos.

Los contenedores quemados cada año durante la celebración de fiestas son siempre tratados por autoridades, medios y políticos como «cosas que pasan», incluso cuando estos incendios afectan a vehículos privados que estén junto a ellos aparcados, un acto de violencia relacionado con el futbol siempre es anunciado junto a la coletilla «la acción de unos pocos», pero cualquier acto de violencia de un/a manifestante sirve inmediatamente a políticos y tertulianos no solo para descalificar a todas las personas estuvieran junto a él, sino a la misma causa que los/as manifestantes defendían.

Esta utilización política de lo que son casos aislados de violencia es previsible, cuando hablamos de los partidos y medios del arco de la derecha-ultraderecha. No en vano ellos no sólo están de acuerdo en encarcelar a aquellas personas que crean que la libertad de expresión les ampara a la hora de criticar a la Corona, sino que necesitan tapar como puedan la verdad de que España es un país donde criticar al Rey Emérito te lleva a la prisión, mientras que llevar esvásticas y montar manifestaciones donde se pide perseguir a los judíos te garantiza escolta policial.

Este artículo quiere hacer una mención específica la actual delegada del Gobierno en Valencia Gloria Calero, miembro del PSOE, hija de las luchas sociales que utilizaron todas las armas y recursos que tuvieron en sus manos (y que sí, incluyeron los adoquines, las barricadas y la quema de vehículos) durante la lucha contra el cierre de Altos Hornos, que sin esa lucha no hubieran llegado las ayudas que permitieron a esta ciudad sobrevivir a un futuro que no podía ser más sombrío.

Sus manifestaciones en prensa declarando sin ningún pudor horas antes a los medios que en el primer día de manifestaciones que ‘no hubo ninguna carga policial’, o que ‘se ha actuado con contención’ muestran una vez más el calado de fondo al que este artículo intenta referirse. En ella deberían depurarse responsabilidades, por cierto.

Quizás usted tenga también a bien, criminalizar a los Mossos d’esquadra o a la Policía Nacional cuando se observa como provocan con insultos a la muchedumbre, cargan de forma injustificada, y llegan al extremo insólito de usar munición real o le sacan el ojo a una muchacha por el uso de bolas de foam.

Podría usted haberse decantado por la opción de la reflexión y la serenidad y recordar que, en este momento, nuestros jóvenes llevan un año ya con sus proyectos de vida estancados y recortadas sus libertades al mínimo; algo que supera el efecto pandemia. Con un paro sistémico sobre sus espaldas desde hace ya más de una década, alcanzando hoy el 50%. Que las perspectivas de futuro para ellos son escasas. Y con una crisis que les golpea duramente desde el 2011.

Quizás deberíamos poner la luz larga y no despejar tan fácilmente de la ecuación que podríamos encontrarnos en la fase incipiente de una serie de protestas de cierto calado, donde se están juntando algunos elementos represivos que están convirtiendo nuestra sociedad en un polvorín.

Un estado este de la pandemia, que ha venido a saltar todos los puntos de las costuras de un capitalismo, que se ha mostrado una vez más incapaz de actuar como marco socio económico para la vida; donde el estado no ha dispuesto nunca las medidas necesarias para proteger a la clase trabajadora, pero sí ha obedecido a pies juntillas las peticiones de las oligarquías; una cada vez mayor falta de libertad de expresión para los de siempre, una justicia que ya no disimula cuando se trata de favorecer a elementos concretos pertenecientes a las estructuras de poder, etc.. y todo ello en un contexto pandémico en el que nos sentimos solos, aislados, desprotegidos, impotentes, frustrados y muy vulnerables. Todo ello parece mostrar un denominador común, capaz de aglutinar ese hartazgo colectivo y convertirlo en protesta social.

Y por qué no, se podría incluso considerar el escenario de regresar a 2011, donde por cierto también gobernaban ustedes; porque aquel movimiento lejos de encontrar solución se ha encontrado que 10 años después siguen con los mismos problemas enquistados en males mayores. No parecería descabellado pensarlo, ¿verdad?

¿Si lo que hoy parece una algarabía en las calles de Madrid o Barcelona, mañana pasa a ser un clamor en la calle, de qué lado estará usted señora delegado de gobierno? ¿No dudará en seguir con el mismo discurso de que la policía únicamente ha contenido o que no ha habido cargas policiales o entonarán ustedes el mea culpa por tan nefasta gestión derivadas de sus responsabilidades? Solo el tiempo responderá a eso.

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