La odiosa Lisa Simpson

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Ha llegado a mis oídos últimamente que ciertos sectores del público norteamericano y mundial, ya saben ustedes cuáles, han emprendido una campaña de odio contra Lisa Simpson. Sí, sí, han leído bien. El personaje tierno, entrañable y querido por todos de la hija mediana de la familia televisiva más longeva de la televisión.

Bueno, Lisa Simpson es un personaje de ficción, así que no necesita defensa ni apología alguna. Prefiero hablar de seres de carne y hueso, sus haters. Resulta en verdad pintoresco que gente que en la vida real odia a migrantes, grupos étnicos y religiosos, mujeres y desfavorecidos en general alberguen tanto resentimiento que toda esta masa se le quede pequeña y aún les sobre bilis que necesitan descargar sobre personajes de dibujos animados. Más alarmante aún resulta que, caso de tomar manía a algún personaje, este no sea ningún villano —en Los Simpson clarísimamente podría ser el Señor Burns—sino, por el contrario, el personaje que en la obra de ficción representa la integridad, la bondad, la sabiduría bien entendida y los principios. Así que me he permitido ver algunos vídeos y post sobre tan curiosa campaña.

Algunos de estos haters dicen que es que Lisa ha cambiado, que parece estar siempre en posesión de la verdad y que no respeta las opiniones de los demás. Que antes tenía más conexión con su familia. Este argumentario me llamó poderosísimamente la atención, porque lo he oído básicamente igual aquí, en España, referido a la revista El Jueves. Bueno, yo no sé qué serie o revista habrán visto durante décadas ya estos seguidores. Porque si, como es lógico, la serie ha evolucionado a lo largo de los años, Lisa siempre ha representado en esta ficción el papel de brújula moral y ética. Podía salirse con la suya o no, pero siempre daba la impresión de que su pensamiento era el adecuado. Y claro que los geniales guionistas le buscaron defectos, Lisa podía resultar en ocasiones repipi o empalagosa, pero esto también ha sido así desde el principio de la serie. Del mismo modo que El Jueves siempre ha sido una revista costumbrista y de humor con una orientación ideológica clarísima, y que cuando «daba a todos» daba a Carrillo o a Felipe González por ser poco de izquierdas, no por lo contrario.

Sospecho, más bien, que quien ha cambiado es el público receptor. Quizás no en esencia, pues Los Simpson desde el principio recibieron críticas por la visión negativa que se daba de la familia americana o revistas como El Papus llegaron a sufrir atentados de la extrema derecha, pero sí en el atrevimiento o capacidad mediática. Cuando Los Simpson comenzaron su recorrido había un consenso claro en que entre un millonario sin escrúpulos y una niña idealista e inocente, la posición correcta era la de simpatizar con esta última.

Ellos mismos se encargan de confirmar esta sospecha con otra de sus razones: la ideología. El tipo de público que jamás vio mensaje alguno en que miles de héroes de acción aparezcan junto a la bandera norteamericana o en las películas sobre el sufrimiento de sus soldados en sus guerras de agresión, encuentra un adoctrinamiento político insoportable en el personaje de una niña estudiosa, empática, ecologista, feminista y con inquietudes artísticas.

Lo curioso en todo esto es que tengo la impresión de que la mayoría de los haters digitales de la niña amarilla, de parecerse a algún protagonista de la serie, sería más bien al paleto Cletus que a Montgomery Burns, el Alcalde Quimby o Krusty el payaso, pero parece que se identifican con estos, lo cuál, obviamente, no ha ocurrido de la noche a la mañana. Han sido necesarias décadas de campañas mediáticas, influencers, glorificación de la estupidez y similares para hacer que la gente tan vacía en todos los sentidos que tiene que derramar su odio a un personaje de ficción se sienta legitimada para defender la codicia, la rapiña, la falta de ética o la simple estupidez. Los consensos básicos de convivencia y respeto hoy resultan ser una imposición ideológica.

¿Por qué se ha hecho esto? ¿A qué obedece que alguien se moleste en extender la idea de que Lisa Simpson es un personaje molesto? ¿Molestaba el activismo animalista de Lisa Simpson? En absoluto. Esta particularidad es fácilmente convertible en un nicho de mercado, como demuestran los miles de productos absurdos para mascotas que ahora se venden y el floreciente mercado capitalista vegano. ¿Molestaban sus inquietudes feministas e intelectuales? Tampoco. Ella misma ayudaba en un episodio a crear una muñeca tipo Barbie que respondiera a su visión del mundo. Evidentemente, lo que molestaba de Lisa Simpson es que en varios episodios defendiera a trabajadores y plantara cara al capitalismo más despiadado. La imagen de la hija mediana de esta familia en el episodio 17 de la cuarta temporada de la serie, aquel donde con una canción reivindicativa animaba a su padre, convertido en líder sindical, y los trabajadores de la central nuclear en una huelga contra Burns era imperdonable para los gurús de la ideología dominante.

Aquí llegamos a una duda clásica: ¿gente tan puramente estúpida y amargada que convierte en una causa la opinión que les despierte un puñetero personaje de dibujos animados merece algo más que sorna y burla? Pues me temo que sí, porque, como decíamos en el párrafo anterior, son fácilmente manipulados por los gurús mediáticos y de opinión y también son gente capaz de poner bombas en la redacción de las revistas que no sean de su gusto, de montar pollos en eventos como la feria del libro o de agredir absolutamente a cualquier persona, incluso a ellos mismos. Pregunten a Charlie Kirk.

En todo caso se puede observar un ciclo que nos enseña muchas cosas sobre el pensamiento de esta gente: cuando en los 70 pusieron la bomba en el Papus recibieron el desprecio de todo el mundo. Así era internacionalmente cuando aparecieron Los Simpson. Estaban recluidos en sus refugios y no se atrevían a abrir la boca. Luego en vías como los informativos o el entretenimiento se les empezó a dar cancha y de nuevo están crecidos, hasta el punto de haberse hecho con casi todo el hemisferio occidental. Esta tendencia se revertirá el día en que volver a mostrar que uno es un cobarde, una mala persona, un estúpido, vuelva a dar vergüenza. Nos va la vida en ello. Porque lo que ahora se llama «ideología woke» no es más que las normas que regían y hacían posible la convivencia de todos.

Lisa Simpson buscándose el desprecio y el odio de un montón de amargados de todo tipo.

1 COMENTARIO

  1. Gracias por el artículo. Me surge una duda sobre la ultima frase ya que, según lo que he leído, la ideología woke no favorece la convivencia sino que genera confusión. Me gustaría que pudiera aclarar está cuestión ya que quiero saber más. Mil gracias.

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