Kalifat, esa serie incómoda

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No quisiera empezar a hablar de religión, porque, sinceramente, todas y cada una de ellas me parecen una estafa que juega con nuestros miedos más básicos (incluido el budismo, por mucha meditación que tenga). Y tampoco creo que haya religiones más o menos buenas, o más o menos dañinas para la humanidad, todas son la misma basura, exceptuando la del Monstruo del Espagueti Volador, pero entiéndase la coña que esta representa. En todas ellas ha habido un periodo en el que han resultado útiles y luego un grupo de personas la ha puesto al servicio de los intereses que les ha favorecido, recortando libertades y condenando a muerte en nombre de una entidad invisible llamada X. Así que quien crea que hablo de esta serie desde la perspectiva espiritual, que selo haga mirar. Hoy veremos Kalifat, la angustia hecha serie.

Kalifat es un thriller de procedencia sueca, inspirada en un caso real, ocurrido en Londres en el 2015 (el caso del trío Bethnal Green). Creada por Wilhelm Behrman y dirigida por Goran Kapetanović para la televisión sueca, en enero de 2020 y tras su éxito, comprada por Netflix, plataforma en la cual podemos verla desde el 18 de marzo. Rodada en Estocolmo y Jordania, tiene una producción excelente y puede verse la mano de su galardonado directos en momentos que crean una angustia casi constante durante toda la serie. Esta es auto conclusiva 8aunque puede que hagan una segunda temporada, que personalmente, evitaría) y consta de 8 episodios de entre 45 minutos y una hora cada uno.

La serie cuenta la historia paralela y conectada, de varios personajes. Arranca con Pervin, joven musulmana procedente de Suecia, que vive en Rappa (Siria) cuando la ciudad se encontraba bajo el control del Estado Islámico con su marido y su hija recién nacida. Pervin quiere volver a Suecia, pues está desilusionada con su vida en el EIL y consigue un teléfono móvil con el que contacta con una antigua trabajadora social sueca, que la pondrá en contacto con la policía. La policía en cuestión, con la que contacta, es Fátima, miembro del Servicio de Seguridad Sueco, que le irá sacando información sobre un atentado que planean hacer en Suecia a través de un enlace llamado el Viajero. Este a su vez, aparte de preparar el atentado, está en proceso de reclutamiento de niñas para el EIL, pues trabaja de asesor en un instituto. Y aquí es donde entran las niñas, Sulle y Karima, que se radicalizan poco a poco.

La historia está sin ningún tipo de Spoiler, es el planteamiento, sin más. Ya podéis imaginaros cómo puede retorcerse todo. No hay problema tampoco si revisáis el caso en el que está inspirada la serie, pues se trata de eso, inspiración, no revela nada de la ficción que nos atañe.

En referencia a los actores, están todos bastante bien, aunque hay algunos que me gustaría destacar. Lancelot Ncube como Ibrahim «Ibbe» Haddad, un actor de teatro sueco, de origen zimbabuense, de 24 años, nos da una lección de contención y de determinación, en un personaje complicado. No deja indiferente (en lo bueno y en lo malo), dando humanidad a un reclutador y principal enlace del ISIS en Suecia, un descubrimiento de actor, muy veraz. Nora Rios como Suleika «Sulle» Wasem, actriz sueca de ascendencia latinoamericana, de 21 años, abre un abanico interpretativo en la serie, que engancha desde su sencillez. Pero el gran personaje de la serie es el de Gizem Erdogan (nada que ver con el presidente turco), en el papel de Pervin. En la serie, la actriz sueca de 33 años, es el personaje con más fuerza, haciendo un arco hasta legar a lucir, desde la agonía, pasando por la lucha por su supervivencia, a la fuerza de la rebelión. Una joya.

Lo mejor, la serie es capaz de hacer que la angustia te mantenga en tensión en muchos momentos, cosa que a otras les cuesta, esta es el punto fuerte.

Lo peor, puede decirse que no ponen la cara normal del Islam, que no es el ISIS todo, pero hay que tener en cuenta que la historia es la que es, no se trata de contraponer, sino de mostrar lo que es.

Hace unos días saltaba la noticia: De fallera a yihadista. Una joven de Cullera (Valencia), pasó de ser una más de su pueblo, a ser enlace del ISIS y enviarles al menos 5000 euros (según fuentes policiales y por lo cual, se encuentra en prisión). Se casó con un marroquí en 2019, pero éste resultó no ser tan radical como ella quería, pues iban a hacer un viaje a Siria para unirse a los rescoldos del ISIS y él se arrepintió, lo cual provocó que ella decidiera divorciarse de él. Ella por su parte, ni corta ni perezosa, ha estado intentando ir por su cuenta, pero finalmente la pillaron infraganti.

Pero esta es solo una de las muchas historias de mujeres europeas, que se unen al ISIS por propia voluntad. Aquí la religión, es un anexo. Diariamente gente cambia o inicia su camino en una religión, pero esto es otra cosa. Hay personas, pendientes de los eslabones más débiles para atraerlos y con la promesa de una vida mejor, de ser diferente, de representar un papel importante, vampirizan y esclavizan, sin piedad. Solo para que ese grupito de personas, que jamás son tan radicales en sus creencias, siga teniendo poder.

Me recuerda todo esto a la película This is England (si no la habéis visto, ya estáis tardando). Porque es indiferente la “secta” que te pretenda, llámese ISIS, grupos neonazis, la cienciología, el Opus Dei (que muchos han calificado como tal), o el consumismo elitista. Se trata de hacer creer al débil, que puede formar parte de algo, aprovechar esas horas bajas, que todos tenemos, para atraerte con caramelos de importancia y de unidad. Para después subyugarte.

Y no, no es la policía la que tiene velar de que esto no pase, es el sistema educativo. Necesitamos una educación que nos muestre nuestra importancia, nuestra fuerza, nuestra unión, independientemente de religiones, de fronteras, de credos. Una educación que nos no nos enseñe, que nos haga ver, nuestra humanidad, esa sería la mejor vacuna contra este tipo de mal, que es la pandemia de la que nadie habla.

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