La Lucha por la Emancipación de las Mujeres: un Derecho convertido en Privilegio

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El patriarcado, a través del género, ha creado el perfil de mujer que necesitaba para mantener el orden social. En el siglo XVIII, Rousseau afirmaba que cualquier mujer era buena y que el hombre la consideraba como un bien de su propiedad, incluso antes de la aparición de la sociedad. (Méndez, 2008) . Este concepto de la mujer como algo repetido, intercambiable es una concepción patriarcal que el feminismo ha desmontado, defendiendo la diversidad de mujeres que hay en el mundo. Pasamos del yo al nosotras.

El feminismo, no es un movimiento que busca la igualdad, como aseguran algunas personas. ¿Igualdad respecto a qué? Desigualdades e injusticias hay muchas, ¿a qué igualdad nos referimos? Tampoco persigue la libertad, y menos lo que ahora se entiende por libertad, una extraña libre elección que, curiosamente, es aplaudida por el sistema patriarcal.

Lo que persigue el feminismo es la emancipación de todas las mujeres de todas sus opresiones, lo otro (igualad y libertad), vendrá rodado.

El feminismo es un movimiento transformador de la sociedad en general. Esto no significa que tenga que incluir en sus demandas, otras luchas, ni incluir en su agenda consignas que involucran a otros movimientos sociales. No es cierto.

La transformación será la consecuencia de conseguir que las mujeres dejen de vivir subordinadas a las necesidades y deseos de los hombres y consigan la plena ciudadanía: sujetas de pleno derecho, no en un papel, sino en la vida real. Este es el primer paso para conseguir una nueva sociedad.

No obstante, parece que las mujeres no somos dignas de tener un movimiento que luche por acabar con la desigualdad que sufrimos por nuestro sexo, uno de los tres ejes de opresión que sufren los seres humanos. La existencia de un sector colaboracionista del patriarcado, cuyos argumentos son aplaudidos desde las élites y los lobbies más poderosos del planeta, está tergiversando el objeto del feminismo con una sola intención: desprestigiarlo, ante su incapacidad de poder contrarrestar su argumentario político y fracturar su agenda.

El sujeto mujer (…) se declara caduco, eurocéntrico, heteronormativo, un arcaico reducto esencialista en la diversidad sexual. (Rodríguez Magda, 2019) Se denigra a las que denominan ‘feministas blancas burguesas’, se las califica como privilegiadas por haber conseguido derechos que a otras mujeres aún se les niegan. Pero no acusan a un sistema clasista y xenófobo, sino a mujeres que tienen un bagaje en el activismo feminista.

Pizan, Zayas, Pardo Bazán, Beauvoir, Kollontai, fueron mujeres blancas bien posicionadas, algunas aristócratas, que fundamentaron muy bien las bases del feminismo. Las sufragistas fueron mujeres acomodadas, Davis y Williams Crenshaw, son profesoras de universidad; incluso Campoamor y Hooks, de origen más humilde, tuvieron acceso a estudios superiores.

Flora Tristán llamó a la mujer la proletaria del proletario. En la lucha obrera, no nos engañemos , se reivindican los derechos que les afectan a ellos. He visto, con mis propios ojos, como compañeros de sindicato abandonaban asambleas cuando se hablaba de conciliación laboral/familiar u otros asuntos que afectan a las mujeres. He visto como ‘secundaban’ las huelgas feministas del 8M, limitadas a dos horas. Sin embargo, este sector colaboracionista, se empeña en anteponer la opresión por clase a la sexual. Una lucha donde las mujeres seguimos siendo de segunda clase.

Con la etnia sucede lo mismo, anteponen este eje de opresión, obviando que los hombres de todas las etnias, subordinan a las mujeres de todas las etnias en mayor o menor medida, dependiendo de las costumbres y las tradiciones de su comunidad.

Lo más curioso de este sector colaboracionista es que se erige en abanderar la lucha de estas mujeres oprimidas por sexo, etnia o clase social al mismo tiempo que defienden la explotación sexual y reproductiva de esas mismas mujeres, como una forma digna para salir de una vulnerabilidad extrema. Señalan a las feministas blancas como opresoras, mientras defienden al putero como benefactor, ya que violándolas cuantas veces quiera, las migradas y/o empobrecidas no mueren de hambre. ¡Inaudito!

Pero no todo el monte es orégano. Existen colectivos de mujeres completamente invisibilizados por la sociedad en general e incluso por los movimientos sociales: las mujeres con discapacidad. Algunas no pueden/saben como defenderse, no se atreven a denunciar acoso por que las tratan de locas, se vulnera su autonomía, sus derechos sexuales, sus derechos civiles, pero este sector colaboracionista no mueve un dedo por estas mujeres. No tiene el glamour de otros colectivos, ni hacen ruido en redes. Es una auténtica vergüenza lo abandonadas que están.

El patriarcado nos ha hecho aprender que la culpa de todos los males del género humano, tiene detrás la mano de una mujer. El neoliberalismo nos presenta a víctimas como heroínas y héroes; nos hace creer que los derechos conseguidos por nuestras antecesoras son privilegios. No, señoras, los privilegios no se luchan, ni se ganan. Los privilegios te los regalan por tu condición, y hoy por hoy, solo tres condiciones te hacen un ser privilegiado: ser hombre, ser rico, ser blanco y heterosexual.

Convencer de que las mujeres somos privilegiadas es el nuevo paradigma del neoliberalismo, sistema que nos empobrece para mercantiliza el cuerpo de las mujeres, comerciar con ellos y sus criaturas, nos culpa de nuestra propia opresión y todo en nombre de un feminismo ye ye con el que se disfraza el camaleónico sistema patriarcal.

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