Íbamos a ser libres

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El patriarcado ha utilizado diversas estrategias para someter a las mujeres y usarlas a su conveniencia con el objetivo de obtener el máximo beneficio de sus capacidades, su tiempo y su vida. Para ello, ha inventado miles de fábulas sobre lo beneficiadas que salen al ejercer sobre ellas un despotismo tan sibilino que consigue que se perciban como respetadas subalternas, cuya servidumbre ennoblece a sus superiores, (Millett, 1970).

Contradicciones patriarcales

La estrategia de la contradicción ha sido detectada por varias teóricas feministas que han observado como el patriarcado usaba una metodología y su contraria, al mismo tiempo, para poder subordinar a las mujeres en todos los ámbitos y todas las épocas. Sometidas a la «protección» de sus maridos, quienes tenían barra libre para agredirlas, eran explotadas de forma criminal por sus patronos. Las mujeres se incorporaron al mundo laboral en trabajos que hoy consideraríamos esclavos. Estos trabajos constaban de jornadas interminables, condiciones laborales peligrosas y bajo salario. Condenadas a ser las eternas menores de edad sin derechos civiles, eran castigadas como los hombres, con las mismas penas para los mismos delitos cuando delinquían, (Arenal, 2020).

El sexo femenino fue considerad, por la antropología, como naturaleza viva, dadora de vida, pero al mismo tiempo era soñado por el sexo masculino como un ente artificial, inmutable y atemporal. Un cuerpo que ni siente ni padece cuya existencia se limitaba a dar vida y dar placer, a la par que era fragmentado, cosificado, pensado para ser usado y abusado sin que nadie se escandalizara por ello.

Las contradicciones patriarcales, se proyectan en el feminismo introduciendo discursos paradójicos, presentados como transgresores. Aseguran basarse en la libertad de las mujeres para seguir siendo beneficiosas para el propio sistema opresor. Este entrismo se viste de corriente de pensamiento feminista para que puedas utilizar el feminismo a tu conveniencia, aunque esto suponga una grave vulneración de los derechos colectivos de las mujeres. El objetivo es convertir al único movimiento social que lucha por la emancipación femenina y la igualdad real entre sexos, como una ideología del disparate, que acepta una cosa y su contraria. La consecuencia más visible es una debilitación de la lucha de las mujeres.

¿Transgresor u opresor?

Este pensamiento transgresor consiste en desobedecer normas injustas de forma individual, lo cual no tiene ninguna consecuencia a nivel global, pero suena muy bien y muy progre. Se nos asegura, que somos libres para tomar las decisiones que adoptamos a lo largo de nuestra vida. Si quieres transgredir lo mejor es que, en pleno ejercicio de tu libertad, optes por prostituirte y convertir el sexo en una actividad laboral, en vez de utilizarlo para disfrutar de tu sexualidad. También puedes optar por gestar criaturas para esas “madres y padres” que sufren la frustración de no poder tener una hija o un hijo sangre de su sangre. ¿Qué es más transgresor que sufrir un embarazo y un parto sin tener ninguna intención de ser madre? ¿O dejar que te use un desconocido para que (él ¡claro!) tenga un orgasmos dentro de tu cuerpo mientras tú piensas en el dinero que vas a ingresar después? “La maternidad y la sexualidad transgresoras” son dos prácticas patriarcales que perpetúan la desigualdad entre mujeres y hombres, pero…, ¿y si es una libre decisión de cada mujer y no una necesidad?…

Y nos lo tenemos que creer a pies juntillas, como las buenas chicas rebeldes que somos.

¿De verdad íbamos a ser libres?

Íbamos a ser libres, pero a pesar de que nos titulamos más y mejor que ellos en grados universitarios, son ellos quienes mandan. De cada 100 catedráticos, 20 son mujeres; solo hay 4 rectoras frente a 46 rectores.

Íbamos a ser libres, pero el 90% de las personas que piden excedencias por cuidados son las madres; de las personas que aparcan sus proyectos profesionales el 17,7% son mujeres, mientras el 2,7% son hombres. Recientemente, se acogieron 330 mujeres al servicio de canguros ofertado por el ayuntamiento de Barcelona. ¿Quieres saber cuántos hombres? Uno.

Íbamos a ser libres pero la pobreza se escribe en femenino. 6,4 millones de mujeres están en riesgo de pobreza en España.

Íbamos a ser libres, libres de escoger la cadena que nos amordaza, libres para elegir qué necesidad cubrimos primero.

Las dicotomías patriarcales que han definido a la mujer como lo mismo y lo otro, que nos ha usado como madres y como putas, como adornos y como esclavas; se disfraza de colores para señalarnos de nuevo el objetivo de siempre: ser para todos, menos para una misma.

Webgrafía

https://cadenaser.com/ser/2018/03/02/sociedad/1520005123_473823.html
https://www.fundacioncyd.org/mujer-y-universidad-participacion-desempeno-academico-insercion-laboral-y-pdi/
https://www.inmujer.gob.es/MujerCifras/Conciliacion/ExcedPermisos.htm
https://www.msn.com/es-es/noticias/espana/solo-un-hombre-ha-solicitado-el-servicio-de-canguros-municipales-de-barcelona-frente-a-330-mujeres/ar-BB1emF2T

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