En serio, nos pasamos con Vox

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Déjenme decirles algo: estamos demonizando en exceso a Vox. Sí, sí, lo han leído bien, como habitante de la Villa de Madrid estoy en uno de los mejores lugares posibles para comentarlo. Como capital de un país albergamos una enorme cantidad de oligarcas, así como centros de poder, y de primera mano veo siempre el comportamiento de sus esbirros políticos. En los últimos días hemos tenido una buena muestra de ello. No ignoran ustedes que esta semana el portavoz de Vox en nuestra ciudad ha tenido relevancia mediática por un espectáculo bochornoso y gratuito en un acto institucional contra la violencia de género, pero ciertos aspectos del incidente han pasado de tapadillo por los medios.

El comportamiento de Ortega-Smith fue inmediata y falsamente repudiado en el mismo día por el Alcalde, José Luis Martínez-Almeida y su Vicealcaldesa Begoña Villacís en un estallido de mal aparentada indignación. Dado que los dos partidos de la «derecha moderada» siguen necesitando a Vox para gobernar y en ningún momento han roto sus acuerdos, muchas voces los acusan de quedarse en lo meramente simbólico. La realidad es aún peor: ni a eso han llegado, al menos en el caso del PP. En una moción de urgencia presentada por el PSOE para reprobar al concejal «ultraderechista» (habrá que entrecomillar esta palabra en adelante, a la vista de lo ocurrido), el Partido Popular ha votado en contra, y no solo eso, sino que el discurso del Alcalde Martínez-Almeida (en su cuenta de Twitter tienen buena constancia de ello) ha sido un alegato en su defensa que ningún abogado contratado al efecto hubiera podido igualar.

No es la primera vez que sucede algo así, por otra parte. Aún está cercano en el tiempo el anterior esperpento sobre el mismo asunto del concejal reprobado, cuando reventó un minuto de silencio por una víctima de esta lacra. También entonces el primer edil del Ayuntamiento de Madrid fingió un enfrentamiento o reprimenda al portavoz del partido fascista, pero registrada quedó en innumerables vídeos y grabaciones esta frase de Almeida: Yo entiendo que hay violencia intrafamiliar, sabes que pienso como tu. Es decir, en cuanto se le va la cabeza, el Alcalde reconoce que también piensa diferente, usando el latiguillo más común en nuestros días como eufemismo de las posiciones más reaccionarias.

Esto en cuanto al Partido Popular, pero vayamos a la formación naranja, a Ciudadanos. Esta facción política, por si alguien lo ha olvidado en estos tiempos de memoria de pez que vivimos, fue el primer intento de las élites financieras y mediáticas de crear «un PODEMOS de derechas», según expresión acuñada por Josep Oliú, director del Banco de Sabadell, ya que en las propias palabras del banquero, el de ahora nos da un poco de miedo. Vox empieza a ser promocionado e inflado tras el fracaso de lo que podríamos llamar Operación Ciudadanos, y de hecho numerosos estudios y encuestas postelectorales recogen que la mayoría de nuevos votantes de la formación de Abascal venían de la facción naranja. Estos son indicios bastante claros de que, a la hora de la verdad, sus postulados son muy similares a los del partido de «extrema derecha» tras su apariencia progre y moderna, y por mucho que en lo cosmético, como la reprobación de Ortega-Smith, finjan distanciarse, también de esto tenemos constancia de primera mano los villanos de la Villa de Madrid: en el momento en que escribo este artículo, se cumple una semana justa de una comparecencia que no ha tenido, en mi opinión, la relevancia que merecía. A requerimiento nuevamente del PSOE comparecía el Concejal Delegado de Urbanismo y Vivienda, Mariano Fuentes, adscrito a Ciudadanos. Se le requería en respuesta a la publicación de varias irregularidades en el ejercicio de las actividades inmobiliarias de la portavoz de la formación «ultra» en la Asamblea de la Comunidad de Madrid, Rocío Monasterio, y su marido, Iván Espinosa De Los Monteros. Había documentados ocho (¡ocho!) casos de irregularidades, y muchos pensábamos que el Ayuntamiento de la Villa afectada debía tomar cartas en el asunto.

La respuesta de Fuentes fue tan clara en el fondo, que no se iba a investigar el caso, como en su forma. Lo expresó diciendo que si lo que pretenden es que nos convirtamos en la Stasi, no lo van a conseguir. Es decir, para el concejal de Ciudadanos en una de la áreas más importantes de la ciudad que alberga buena parte del negocio inmobiliario de este país, vigilar que se cumplan las normas del Ayuntamiento es de comunistas (¡anatema!). Nada extraño, por otro lado, cuando buena parte de su campaña se centró en proteger los intereses de grandes propietarios y fondos inmobiliarios, y de hecho, la Vicealcaldesa Villacís viene de una familia de grandes terratenientes, y el concejal citado tiene recorrido por el negocio del ladrillo y no anda corto de posesiones.

No es necesario ceñirnos a la ciudad para ver que la «derecha moderada» no se diferencia en lo importante del partido al que ahora todos miramos con preocupación: el Partido Popular fue fundado por ministros y altos cargos de la dictadura, y Ciudadanos acudió a las europeas de 2009 en coalición hasta con negacionistas del holocausto. Albert Rivera congenió y dijo tener mucho en común con Abascal en una comentada entrevista a ambos emitida en Intereconomía.

La llamada «derecha periférica» tampoco se escapa. Pregunten por la respuesta del PNV a los que se manifiestan por derechos laborales y por las pensiones en Bilbao. Ana Oramas, diputada del Congreso por Coalición Canaria, tuvo relevancia en varios momentos en la pasada legislatura por declaraciones que nada tienen que envidiar a las de Vox. Carles Puigdemont se ha ufanado varias veces del apoyo de formaciones de extrema derecha. Y en el ejemplo más reciente, JxCat y Vox han presentado esta misma semana las mismas enmiendas, dictadas por la CEOE, en respuesta a un decreto sobre las ayudas por la quiebra de Thomas Cook.

Hemos de concluir, forzosamente, que estamos entrando al trapo de un partido que se caracteriza de peligroso y ultra, dejando pasar todo lo que hagan otros, que se da por bueno si no viene de los demonizados «extremistas» de Vox. Ciudadanos y Partido Popular, de hecho, se sienten cómodos, en mi opinión, con los excesos de este partido, porque así ellos pasan por moderados. Esto en realidad no es extraño: en toda Europa el auge de la ultraderecha está haciendo pasar por buenos a gobernantes como Angela Merkel o Emmanuel Macron. ¿Hubiera habido el mismo silencio por las muertes y los heridos producto de la represión contra el movimiento de los Chalecos Amarillos si esta la hubiera ordenado Le Pen?

La situación internacional nos va a llevar a una última señal de alarma: en Hispanoamérica, varios gobiernos de la «derecha moderada» han empezado a reprimir duramente a sus pueblos. A destacar, el gobierno de Sebastián Piñera en Chile. Aunque Chile, en las pocas veces que llegaba a nuestros medios, aparentaba ser la utopía última del progreso humano gracias al neoliberalismo implantado por ese adalid de los derechos humanos y la concordia llamado Augusto Pinochet, parece que los chilenos no opinaban igual. Así que Piñera, para mantener ese gran escaparate neoliberal, decidió convertirse en «Piñerochet». Su represión ya ha dejado muertos, desaparecidos, y violaciones tanto en sentido literal como figurado en relación a mujeres y derechos humanos, respectivamente. Bueno, dirán ustedes, esto no hace más que ahondar en lo que nos ha dicho este villano de Madrid. Pero es que resulta que nuestro flamante presidente en funciones, de la «izquierda moderada» le ha ofrecido…¡mandar a los antidisturbios españoles a explicar a los carabineros chilenos cómo tienen que reprimir! Y aquí mismo, en clave interior, también han aprobado un decreto que permitirá al gobierno intervenir de forma muy arbitraria en nuestras conversaciones por Internet. Parece que la «izquierda moderada» tampoco se diferencia de la «derecha moderada». Más sangrante aún es que en plenas negociaciones del gobierno, nadie de Unidas Podemos ha levantado la voz por ninguna de las dos cuestiones. Cuando hasta Vox, al que tanto tememos, protestó en el debate por el decretazo digital.

En una coalición habrá que hacer concesiones, pero mal empieza la izquierda, o quizá mejor decir lo que debería se la izquierda, si su primer gesto es callarse en temas capitales como estos. Sin minusvalorar a Vox, que en modo alguno es deseable que tenga poder, es hora de que empecemos a vigilar lo que hacen los demás. La derecha quizás, debemos aceptar que será siempre derecha, pero empecemos a exigir que la supuesta izquierda, por lo menos, se comporte como tal.

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