El problema de la vivienda en España ha alcanzado una dimensión inadmisible. El monopolio de la vivienda ha llegado a tal punto de concentración que hemos convertido en costumbre que se compartan habitaciones, ya no pisos. Hasta la vivienda protegida, la promovida por la gestión pública, llega a precios inalcanzables para una familia trabajadora (más de 300.000 euros en una zona normal de Sevilla).
Los precios de compra se han inflado tanto que hoy se puede decir, con precisa rotundidad, que un trabajador fijo a tiempo completo, con un sueldo medio, JAMÁS podrá acceder a la compra de un simple piso, nunca en su vida. Este no es un dato exagerado, es un dato afirmado por expertos y por el propio Banco de España.
En esa tesitura, mirar el mercado del alquiler es asomarse al abismo de la especulación. Precios desorbitados por viviendas en barrios del extrarradio que no pueden ser asumidos por un solo sueldo. Los desahucios, supuestamente prohibidos por el Gobierno, se siguen produciendo cada día. Personas prefieren quitarse la vida ante la idea de verse en la calle. La situación es de alarma social.
Los casos cotidianos nos presentan situaciones intolerables, como la situación de 11 familias del barrio obrero de Palmete, que se enfrentan a un rocambolesco proceso de apropiación de una vivienda de VPO en manos de especuladores y que amenaza con culminar en desahucio.
Asociaciones vecinales, sindicatos y plataformas activistas se están organizando para, en contacto con los afectados, desarrollar diversas diversas acciones entre las que destaca una manifestación que se desarrollará el día 14 de febrero en Sevilla, sábado por la mañana, desde Gran Plaza a la Consejería de Vivienda.
Organizarse es necesario porque es evidente que, desde las administraciones, no va a llegar ninguna solución, ni del Gobierno, ya sea el central o los autonómicos, que tanto monta. El derecho a algo tan simple como un espacio donde habitar se ha convertido en España en una mercancía apetitosa para la especulación, actualmente la mayor fuente de beneficio rentista en un país (y una Unión Europea) cuya decadencia les hace incapaces de obtener ganancias de la producción industrial. Para más información sobre por qué se produce esta situación, este medio lleva años difundiendo abundantes análisis y notas informativas (ver listado de entradas al final de este artículo).
Los mismos que dedican miles de millones a la compra de armas, para guerras que los españoles no deseamos, nos dicen que no hay dinero para la Sanidad, para la Educación, la Vivienda o las Pensiones. Son simples subordinados de los intereses de las grandes empresas que arrancan nuestros olivos para plantar paneles solares, o echan de sus casas a los vecinos para meter turistas.
Contra esta ansia especuladora, contra estos vampiros de la sangre de los trabajadores, solo cabe poner pie en pared y decir BASTA. El caso de las familias de la calle Verdad ejemplifica lo retorcido de las maneras con las que piratean los intereses especuladores. La lucha de estas familias es la misma en la que podemos encontrarnos cualquiera de nosotros.
SU NEGOCIO, NUESTRAS VIDAS
Por la vivienda digna, todos a las calles de Sevilla el 14 de Febrero
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