Esta entrada se enmarca en el dosier que el diario elcomun.es presenta para este Primero de Mayo, en estos momentos en los que más que nunca necesitamos movilización. Como medio apostamos por la alianza fraternal contra toda opresión, toda explotación y por la paz. Frente al rearme, respuesta obrera.
Entrevistamos a Álvaro Pastor, del Sindicato por la Vivienda de Sevilla, con motivo del Primero de Mayo y encuadrando la situación crítica de este sector en el marco de la lucha de clases y como uno de los problemas principales de los sectores más populares frente al endurecimiento de la opresión capitalista en el interés de rentistas y especuladores.
La reciente realización de la primera manifestación estatal con motivo del problema de la vivienda fue un éxito absoluto. Las avenidas llenas demostraron que se trata de una inquietud generalizada y un problema que se viene agudizando desde hace unos años. Después de este logro, ¿cuáles son los siguientes pasos a seguir en esta lucha?
Sin duda, la manifestación estatal fue un primer golpe de fuerza, una demostración clara de que el problema de la vivienda atraviesa de manera brutal a las clases populares. Pero no podemos quedarnos en gestos. Los siguientes pasos deben ser la organización territorial: extender y consolidar los sindicatos de vivienda en cada barrio, en cada pueblo, en cada ciudad. No basta con denunciar; hay que construir poder popular real, capaz de enfrentar los desahucios, recuperar viviendas vacías, organizar huelgas de alquiler, y forzar una ruptura con el régimen de propiedad capitalista. Nuestra tarea es acumular fuerza en el terreno, sostener la movilización en el tiempo y hacer que la vivienda deje de ser mercancía.
Desde ciertas voces críticas se estima que la creación de estos sindicatos no es demasiado acertada pues se distancia del concepto tradicional de sindicato. Sin embargo, es precisamente la sensación de los trabajadores de haber sido abandonados por los sindicatos lo que probablemente ha movido a que los vecinos hayan buscado estas nuevas formas de organizarse. ¿Cómo ves este aspecto?
Desde mi perspectiva esa crítica parte de una visión limitada y reformista de lo que es un sindicato. Un sindicato no es solo una herramienta para negociar salarios y convenios, es una forma de organización de clase, de defensa colectiva frente a la explotación. A la clase trabajadora no solo se le explota en el centro de trabajo, sino que también al momento en el que se nos extrae más del 30% del para acceder a una vivienda, cuando se infla el coste de vida y en momento en que los servicios públicos son desmantelados. Por eso, la creación de sindicatos de vivienda es una respuesta legítima y necesaria: No estamos inventando nada nuevo; estamos adaptando la lucha de clases a la realidad actual del capitalismo.
De hecho, La Ley de Libertad Sindical (Ley 11/19859) permite la constitución de sindicatos para la defensa de los derechos de los trabajadores, y de forma ampliada, de cualquier colectivo de personas que se vea afectado por un ámbito común de derechos o intereses.
En un día de lucha como es el Primero de Mayo, ¿crees que el problema de la vivienda puede relacionarse y vincularse con el resto de luchas de sectores laborales o con los servicios públicos? ¿Y de qué forma?
Absolutamente. A menudo se nos presentan los males que sufre la clase trabajadora de forma fragmentada, como si no fueran todos causados por un mismo sistema que pone las necesidades básicas para vivir al servicio de la acumulación capitalista.
Las problemáticas se abordan de manera fragmentada, en luchas económicas separadas, como vértices de una misma figura geométrica que nunca llegan a tocarse entre sí. De este modo, nuestras fuerzas como clase también se dividen en ámbitos de lucha, eligiendo una causa a la que dedicar parte del escaso tiempo que las exigencias laborales, académicas y familiares nos dejan. Sin embargo, todos los ríos desembocan en un mismo mar: la destrucción de los derechos de trabajadores y trabajadoras
Desde el Sindicato por la Vivienda de Sevilla creemos firmemente que el problema de la vivienda no solo puede, sino que debe relacionarse y vincularse con el resto de luchas laborales y por los servicios públicos. Porque todos los ataques que sufrimos —en vivienda, en educación, en sanidad o en el empleo— son fruto de un mismo sistema capitalista que convierte derechos básicos en mercancías y condena a la clase trabajadora a la precariedad y la exclusión.
Por eso, este 27 de abril animamos con fuerza a participar en la movilización convocada por Marea Verde en San Telmo en defensa de una educación pública, gratuita y de calidad. Porque sin un hogar seguro y sin barrios dotados de servicios públicos, no hay acceso real a una vida digna.
Desde el Sindicato sabemos que la falta de vivienda adecuada y la pobreza energética —que afecta al 18% de los hogares con menores en el Estado— deterioran la salud, afectan al rendimiento escolar y rompen cualquier posibilidad de desarrollo personal o colectivo. Más de 780.000 menores han caído en la pobreza debido al coste de la vivienda. Esto no es casual: es la rueda de la desigualdad girando sin freno.
En Andalucía, más del 34% de los hogares son infraviviendas. Familias enteras malviven en edificios en ruinas mientras el precio de la vivienda se dispara un 16% en un año, la vivienda pública es inexistente y se recortan recursos educativos esenciales.
Mientras se elevan los presupuestos militares a 10.471 millones de euros para cumplir con los objetivos de la OTAN, se suprimen 706 aulas públicas en un solo curso en Andalucía y se proyecta la eliminación de otras 730 más en 2025. Mientras privatizan la educación, privatizan también la vivienda social, entregándola a constructoras sin control real de calidad ni sanciones.
Esta estrategia no es un error: responde a un plan consciente de las élites económicas y políticas para fragmentar nuestras luchas, debilitar nuestra fuerza colectiva y garantizar su dominio.
Por eso, no entendemos la lucha por la vivienda separada de la lucha por una educación pública digna. Porque cuando se derrumban las escuelas, cuando se cierran aulas, cuando se privatizan los comedores escolares y se disparan los alquileres, todo responde a una misma lógica de explotación y empobrecimiento de nuestros barrios y nuestras familias.
Hoy, en Andalucía, más del 70% de los trabajadores están en el sector servicios, sometidos a condiciones precarias, con bajos salarios y sin derechos. La degradación de la educación pública no es casual: es una estrategia para producir mano de obra dócil, barata y desorganizada. Lo vemos en las altísimas tasas de siniestralidad laboral, en la economía sumergida que condena a miles de migrantes a la esclavitud moderna, en los 115 trabajadores muertos solo en Andalucía en 2024.
Por todo esto, este 27 de abril y el 1 de mayo salimos a la calle. Porque la lucha por la vivienda es la lucha por la educación pública, por la sanidad, por el empleo digno, por una vida que merezca ser vivida.
Porque nuestros barrios no se resignan. Porque defender lo común es tarea de todas. Porque todos los ríos de nuestra rabia desembocan en un mismo mar: el de la lucha organizada de la clase trabajadora.
¿Cómo ves la situación del problema de la vivienda en el futuro cercano? ¿Llegará un momento en que los poderes políticos tendrán que ceder y comenzar a acometer a los monopolios y a los privilegios de los rentistas? ¿O crees que se necesitará mucha más movilización para que esos privilegios sean tocados, una vez que parece que los capitalistas en el Estado español han encontrado un filón donde seguir obteniendo beneficio?
No somos ilusos. El Estado burgués protege los intereses de los rentistas, los fondos buitre y los grandes propietarios porque forman parte de su base social de poder. Mientras no exista una presión popular organizada y permanente, no habrá ninguna concesión significativa. Harán maquillajes, aprobarán leyes simbólicas que no tocan lo esencial, pero el negocio de la vivienda seguirá creciendo.
Solo la movilización masiva, sostenida, con acciones directas y presión organizada, puede forzar que se toquen esos privilegios. Pero incluso si lográsemos arrancar victorias parciales, mientras no cambiemos de raíz el modelo económico —mientras no pongamos la vivienda bajo control social, fuera de la lógica del mercado—, cualquier avance será parcial y reversible. Por eso nuestra lucha no es solo por viviendas más baratas; es por la desmercantilización de todos lo necesario para una vida digna.








