Retiro lo dicho: Eutanasia

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Decía Azaña -o si no lo dijo, a él se le atribuye- que, si cada español hablase sólo de lo que sabe, se produciría un inmenso silencio, muy provechoso para la lectura. Porque ya publiqué suficiente y en un libro sobre lo que sí sé (al menos de forma parcial pero acreditada por una tesis doctoral) guardo silencio sobre todo lo demás. Por eso y porque está el mundo como para comentar nada. Y desde que lo hago -lo de callarme- aprendo más y me desasosiego menos.

Si bien no me retracto de los adjetivos políticos que siempre he predicado sobre mí -feminista, comunista, republicana- ni, en general, de la mayoría de opiniones manifestadas en este y otros medios, sí advierto desde hace tiempo muy inoportuna mi posición favorable sobre la eutanasia, torpe y precipitadamente expresada en al artículo publicado en este mismo medio el 7 de octubre de 2020, titulado Defender una vida digna es defender una muerte digna, que también publiqué con otro título en el número 84 de la revista Derecho a morir dignamente.

Siempre he tenido considerables dudas respecto a la eutanasia. Aunque no tenga demasiada importancia lo que yo concluya, me sentía en la necesidad de advertir que no he logrado sostener, ni con anterioridad ni con posterioridad a la publicación de este, una postura sólida, fundamentada y estable sobre el asunto. Cuando intento situarme radicalmente en contra de la eutanasia, encuentro que tal oposición no contempla todas las casuísticas ni argumentos razonables que pueden ser esgrimidos a su favor. Y cuando intento sostener una postura nítidamente favorable, la encuentro -como encuentro lo dicho en el escrito mencionado- una postura de brocha gorda y más preocupada por alinearme con lo que estimaba ineludible para ser izquierda y “progresista” -sea lo que demonios sea esto último- que por exponer una reflexión fundamentada, honesta, sosegada y serena. También creo que, si bien todo el mundo tiene derecho a opinar y a cambiar de opinión, estimo que a los periódicos y otros medios deben llegar textos respaldados por una mínima solidez, conocimiento y talla intelectual que acredite lo manifestado, y en lo que respecta a este asunto en concreto, reconozco que ni tenía ni tengo conocimientos sólidos que aportar. Además, una reflexión más íntima y personal me lleva a exigirme prudencia y rectificación, especialmente en un asunto de implicaciones éticas delicadísimas que no se avienen a arengas panfletarias superficiales, que fue lo que ofrecí. De hecho, en una defensa cerrada como la que hice atisbo cosas que, sepa o no argumentar, no se comparecen con lo que me deja dormir tranquila, ni con lo que son mis principios. Y no quiero ser partícipe de ello, aunque no pueda ofrecer con exactitud una contraargumentación. Todo lo que puedo hacer es invitar a considerar las razones que lleva a no pocas personas y partidos marxistas, como el Partido Comunista de Portugal, a oponerse a esta práctica. A mí me resultan muy estimables. Por eso rectifico y me vuelvo a callar.

1 COMENTARIO

  1. No es necesario ser riguroso con uno mismo. Solamente ser generosa y amablemente crítico y someterse a continua revisión.
    La izquierda (sea lo que sea, como bien dices) ha admitido con frecuencia lugares comunes, presupuestos consolidados no sabemos cómo.
    No estas sola: somos muchos los que dudamos, incluso hasta influirnos esa duda no ya en nuestra postura ideológica sino, incluso, en nuestra declaración de últimas voluntades.
    Yo, personalmente, agradezco tu gesto de honradez y te animo a que continúes desde donde te encuentres en cada momento.
    Esa es la manera de no vivir de declaraciones de principios de origen incierto, sino desde la experiencia personal y colectiva, siempre cambiante.
    Creo que se aprende más de las contradicciones que de las certezas. Nadie está obligado a llegar a conclusiones d¡distintas de las que su experiencia, su descubrimiento y sus sentimientos le indiquen.
    Muchas gracias por hablar.

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