El anuncio del Gobierno español de que las bases de Rota y Morón no se utilizarán para asistir a EE.UU. en su ataque contra Irán parece, a primera vista, un acto de desafío contra el imperialismo estadounidense. Sin embargo, esto encaja en un patrón de disidencia controlada bajo el mandato de Pedro Sánchez, quien perfecciona el método antes usado por sus antecesores Zapatero o González.
Ese patrón consiste en una maniobra muy simple, pero sorprendentemente efectiva: un bipartidismo de falso antagonismo donde las declaraciones públicas de la parte autopercibida como «izquierda» generan una apariencia de independencia, pero las acciones reales terminan alineándose con los intereses de Washington, ni tampoco suponen el menor perjuicio a la dependencia estructural -económica y social- hacia la UE y la OTAN, verdadero eje central de nuestra sumisión colonial.
Esta jugada beneficia al imperialismo de EE.UU. al permitir que España mantenga una fachada progresista en el escenario internacional, atrayendo apoyo de sectores «izquierdistas» en Europa, mientras preserva la dependencia estructural de España como miembro subordinado de la OTAN. En esencia, es una forma de «rebeldía» que no altera el sistema, ya que España sigue integrada en la alianza atlántica, con bases estadounidenses en su territorio que sirven como engranajes clave en la maquinaria militar de la OTAN.
La historia se repite, unas veces como tragedia, otras como farsa
Tanto con gobiernos de un color como de otro, las posturas iniciales se diluyeron bajo presión estadounidense, como en el caso de la guerra en Irak en 2003 (origen del eslogan No a la guerra), donde España inicialmente se alineó con EE.UU. pese a la oposición pública, para luego aparentar rechazo bajo mandato de Zapatero, un rechazo meramente superficial que no impidió tanto el uso de esas bases para otras barbaridades como la devastación de Libia, ni impidió que se prolongara la pérdida de soberanía ante los intereses económicos atlantistas.
Actualmente, el gasto militar se ejecuta obedientemente, pese a la grave situación que vive el pueblo español. Sánchez anuncia en público restricciones, pero las acciones posteriores revelan flexibilidad o incumplimientos parciales que benefician a EE.UU.
En el caso de Irán, aunque los aviones estadounidenses abandonaran las bases (cosa que habrá que ver), esto no impide que España siga siendo un «socio fiable» en otras operaciones OTAN, como el apoyo a Ucrania, donde España se unió a compras conjuntas de armas estadounidenses para Kiev, valoradas en miles de millones de euros, reafirmando su rol como parte de la «Coalición de Voluntarios».
De manera similar, en el genocidio de Gaza, el Gobierno de Progreso aseguró no haber comerciado armas con los sionistas, pero cuando tuvo que reconocer que era falso, prohibió el tránsito de armas estadounidenses hacia Israel a través de territorio español, cuestión que también se reveló inexacta, pues las bases podrían haber facilitado logística indirecta.
«Rebeldías» como esta se limitan a gestos simbólicos que no cuestionan la alianza, y tropas españolas siguen participando en las acciones que les demande Bruselas o Washington, tanto directamente como aportando apoyo e incluso entrenamiento.
La dependencia es estructural
Por mucho que Sánchez critique acciones unilaterales como el ataque a Irán, España sigue siendo un terreno abonado para la especulación de los grandes fondos, para los suculentos negocios subvencionados con fondos europeos, mientras el pueblo cae en una pendiente de miseria sin fin.
Sobre Ucrania, Sánchez ha criticado la escalada rusa pero apoya activamente a Kiev con paquetes de ayuda militar de miles de millones en 2025, incluyendo compras de armas estadounidenses. Aunque el uso de Rota y Morón para envíos a Ucrania es completamente opaco, las bases sirven como nodos logísticos OTAN, y España no las ha restringido para misiones aliadas, contrastando con el «no» rotundo para Irán. En años recientes, se exportaron municiones por 987.000€ a Elbit Systems (proveedor del ejército israelí); en diciembre 2023, más proyectiles; y en 2024, entregas por 1.45 millones bajo licencias antiguas, según centredelas.org.
En resumen, esta «disidencia» es cosmética: genera titulares progresistas pero no altera la dependencia de España de EE.UU. y la OTAN, beneficiando al imperialismo al diluir críticas genuinas y manteniendo la cohesión de la Alianza. Si Sánchez realmente desafiara a Washington, rompería acuerdos como el de las bases o abandonaría misiones OTAN, pero eso no ocurre.
La validación del espantajo «trumpismo»
La validación del concepto de «trumpismo», como una desviación de la política habitual de EE.UU., juega un rol clave en el mantenimiento y refuerzo de la disidencia controlada, como la que exhibe el Gobierno español bajo Pedro Sánchez.
Esta narrativa —que presenta el trumpismo como una anomalía temporal, en contraste con el verdadero consenso bipartidista en temas de política exterior (como la sumisión a la OTAN y la proyección imperialista)— permite que aliados como España critiquen acciones específicas de Washington sin cuestionar el fondo del sistema imperialista estadounidense.
Esta distinción es un constructo ideológico: en realidad, tanto demócratas como republicanos tradicionales comparten fundamentos imperialistas, como la expansión económica, el control de recursos y la contención quienes no se pliegan a sus exigencias (China, Rusia, Irán), con variaciones tácticas pero no estratégicas.
Al validar esta idea de bipartidismo —como si Trump fuera una aberración que no representa el «verdadero» EE.UU.— se refuerza la percepción de que el sistema de dos partidos es equilibrado y autocorrectivo. Es decir, refuerza la farsa del bipartidismo neoliberal, cuya sede oficial se encuentra en USA, y permite su exportación a las colonias como España, donde los avispados progresistas se postulan como encargados de gestionar el papel «demócrata» en la franquicia.
Y no, por favor, Sánchez no es un «gran estratega», ni es elogiable su astucia
Por tanto, es hora ya de quitar la máscara a estos pacifistas de premio Goya, que actúan en público apelando a los sentimientos, pero a las espaldas traicionan a su pueblo alineándolo con el imperialismo, contribuyendo a la dependencia de los fondos de inversión y especuladores de subvenciones europeas.
El oportunismo rastrero, histórico del PSOE y sus satélites, debe señalarse. Y ese señalamiento no debe confundirse con la torpe respuesta de la ultra derecha, con la que intentan frenar el aluvión de votos de incautos que esta treta les supone a los «socialistas». Tanto unos como otros son parte necesaria del teatro bipardista, ambos se retroalimentan en una simbiosis que permite el cierre hermético de su monopolio electoral.
En ese monopolio, las políticas verdaderamente soberanistas y de izquierdas no tienen cabida. Es un campo virgen al que el pueblo no tiene acceso, con sus ojos bloqueados por anteojeras como las bestias.
Por tanto, si elogiamos la supuesta habilidad de Sánchez y el PSOE, estamos validando el juego sucio y la trampa, la censura y el bloqueo a las opciones reales de organización de la clase trabajadora. No tiene nada de admirable y sí de repulsivo. Abrir los ojos ante ese engaño es vital para nosotros, pues de ello depende que se frene esta espiral de inflación, de paro, de especulación rentista, de privatización de servicios públicos y pensiones.









Muy buen análisis, aunque en la tesitura actual como suele decirse… «algo es algo» o menos da un pedrusco. Como sea, fiarse del PSOE es una temeridad.