Los restos del experimento

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Hace pocos días mis quehaceres diarios me llevaron a la que fue sede de Ciudadanos en Madrid en los años en que este partido parecía la nueva esperanza de la derecha en España, el edificio de la Calle Alcalá 253. Era en verdad curioso y llamativo ver que no quedaba ni rastro de todo aquello. Ahora se había convertido en un campus privado de FP, la misma que está siendo maltratada por el gobierno de la comunidad donde vive el Villano. No queda ni rastro de ellos, pensé. Y por un momento hasta me reí de su fracaso. ¿Pero de verdad fracasaron? Vamos a verlo.

Podríamos empezar por el que fue el cabecilla y cara visible del proyecto, Albert Rivera. Como les dije en alguna ocasión, yo ni sabía quién era este caballero hasta que de pronto algún titular de los medios de la derecha nos informaron de que era el político mejor valorado de España. Eso ocurrió justo después de que el presidente de un grupo bancario hablara de «crear un podemos de derechas». A simple vista yo mismo he pensado en alguna ocasión que no sé de nadie que con tanto apoyo del orden establecido como tuvo este hombre hubiera conseguido menos, pero después de abandonar la primera línea de la política ingresó en un bufete de abogado en el que permaneció dos años antes de salir de malas maneras acusado de «baja productividad» y «nulo rendimiento» por sus compañeros y superiores. Pero ahora escribe columnas en The Objective, el panfleto ultraderechista y bulero creado por la cúpula de la oposición venezolana refugiada en España y de cuando en cuando da charlas y conferencias sobre liderazgo, emprendimiento y demás estupideces del gusto de los coachers neoliberales. Se ha convertido en lo que se denomina un «jarrón chino» sin haber hecho aparentemente nada, pero tiene su remuneración y un acomodo que muchos queríamos. Personalmente, el villano quisiera para sí la paga y la atención por sus artículos que recibe el «fracasado» Rivera.

Otros integrantes de Ciudadanos ni siquiera han salido de la política, muchos han encontrado acomodo en el Partido Popular o en Vox. Que yo sepa ninguno, posiblemente sí haya alguno, en el PSOE y mucho menos en formaciones de izquierdas. Curioso, dado que se nos vendía este partido como ni de izquierdas ni de derechas o transversal. Curioso también que cuando se hablaba de estos tránsfugas se les denominaba en la prensa sistémica «fichajes», como si estuviéramos tratando de la confección de una plantilla deportiva. Quien se mueve en las redes aun hoy los encontrará pontificando en sus nuevos puestos, a veces sin haberse molestado ni en cambiar sus nicks o distintivos de la época del partido naranja, como ocurre con Marta Rivera de la Cruz, @CiudadanaMartaR, nacida en Lugo pero enchufada en el ayuntamiento de José Luis Martínez Almeida y que de vez en cuando nos sorprende a los madrileños con una declaración altisonante. No, no creo que estos cuadros se pueda decir que fracasaron. Estaban en política para trepar y medrar, y vaya si lo han conseguido.

Pero lo más importante de todo, más allá de los casos personales, es preguntarnos por lo que ha dejado el proyecto de Ciudadanos detrás de sí. Recuerden que surgió en un momento de efervescencia de un partido de izquierdas, aunque luego volveremos sobre esta cuestión, con el fin de apuntalar el statu quo de los partidos sistémicos. Y en este sentido creo que dio resultado más allá de cualquier esperanza. Cualquier analista político de la última década podrá ver que nadie tuvo intención con ellos de que llegaran a gobernar. No sólo apuntalaron el régimen del 78, sino que movieron tan a la derecha la percepción de la calle que al final fueron sustituidos por otro partido mucho más explícitamente derechista pero con una función similar y que ya ha conseguido mover a la pata diestra del sistema hacia muchas de sus posiciones que antes eran impensables. O sea que sí, él proyecto político de Ciudadanos parece que también logró sus objetivos, que eran más sutiles de lo que muchos pensaron.

Resulta llamativo que mientras a veces da la impresión de que Podemos sigue con representación en el Congreso y de cuando en cuando aparecen en los medios, la imagen que queda del partido naranja son restos como ese viejo edificio vacío aprovechado por otra empresa, porque Ciudadanos era más que un partido una empresa. Porque si vemos sus logros en la política, la repercusión de los de Rivera ha sido dolorosamente más efectiva y duradera que la de los morados.

Sin embargo, también cabe una observación similar en Podemos. Como en el caso de Ciudadanos muchos de ellos han encontrado acomodo en otras formaciones de izquierdas o en medios de comunicación. El que fue figura mediática de Podemos tiene hoy su propio medio, auspiciado por un gran empresario de la comunicación. Y no se puede olvidar el juego que recibieron de la Sexta y otros medios sistémicos mientras fueron útiles. Podría pensarse que quienes les llevaron allí tampoco querían que gobernaran. No lo querían con Ciudadanos, imagínense con una formación de izquierdas. Podemos encauzó las protestas que surgieron como respuesta a la crisis de la pasada década. Vació a las calles y no hay más que mirar para ver que hoy la izquierda está mucho más dividida que antes de su aparición. Y hoy las movilizaciones de cualquier estupidez que se invente la derecha, güena o ultra, tienen más efectividad y calado que cualquier movilización de la izquierda.

Por tanto, podemos concluir que tanto Podemos como Ciudadanos eran agentes del mismo experimento político y empresarial en dos direcciones distintas. Y que lejos de lo que parece a primera vista, dieron resultado más allá de cualquier esperanza. Y todo ello con la observación de un simple edificio vacío.

La antigua sede de Ciudadanos en Madrid, en los tiempos del experimento. Como puede verse su estética no era tan diferente de la de Vox.

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