Los sevillanos vamos de oca en oca y entre paseos de santos, ferias, romerías y magnas procesiones extraordinarias se nos pasa el año. La tendencia última está en exacerbar las tradiciones también en algo tan popular como la cabalgata de los Reyes Magos. Que, dicho sea de paso, este año pareció la cabalgata de la austeridad europea y fue más corta y pobre de caramelos que nunca, aunque llega al paroxismo en las barriadas de mayor índice per cápita como los Remedios.
En estos días festivos, la autopercibida izquierda parlamentaria española ha encontrado un filón para reforzar su campaña contra la funesta gestión del Partido Popular y Vox en la comunidad andaluza, tras los escándalos de los errores en el cribado de cáncer de mama.
El motivo empleado como excusa evidencia (o visibiliza, como se dice ahora) cómo esa supuesta izquierda se esfuerza por banalizar hasta las cuestiones más graves. Durante la cabalgata de los Reyes Magos de Sevilla hubo numerosas críticas a la presencia del presidente de la Junta, Juan Manuel Moreno, como rey Baltasar. Las críticas alcanzaron el ridículo cuando se refirieron al asunto del “blackface”, por disfrazarse de negro tal como indica la tradición, demostrando una vez más la futilidad de esta aparente izquierda, que importa de EEUU cualquier nimiedad woke.

En ese esperpéntico debate, queda claro cómo se engaña al pueblo con un falso enfrentamiento bipartidista, mientras los intereses de las grandes corporaciones siguen expoliando el interés común.
Por un lado, los supuestos izquierdistas hacen creer a la opinión pública que bajo su mandato las cuestiones como la Sanidad están mejor gestionadas, se preocupan más por lo público o por el interés general. En realidad esto no es así.
La cartera de Sanidad se encuentra en manos de Mónica García, portavoz de Más Madrid (spin-off de Podemos) dentro del Gobierno que reúne al PSOE y a Sumar. Este Gobierno que nos asegura defender con un “escudo social” podría haber hecho más por la derogación del marco normativo encuadrado en la conocida como Ley 15/97. Podría haber intentado, por ejemplo, no ceder al chantaje de las grandes compañías en el problema de MUFACE. O podría poner freno a los beneficios de récord de las grandes empresas farmacéuticas, que gracias al apoyo de los fondos de la UE se alzan como los mejores valores para la especulación de nuestro índice IBEX.
Por otro lado, la ranciedad de PP y Vox aprovecha para apropiarse una vez más de los símbolos populares y que pertenecen a la tradición de los barrios y de la gente más humilde. Así como hace con las tradiciones religiosas, con los símbolos culturales y con cualquier otro aspecto relacionado con lo patriótico o costumbrista, como si a estos señoritos vendepatrias (que han llegado a pedir la intervención de Trump en España, al pacifista modo de doña Corina) les preocupara el conjunto de la clase trabajadora.
Esta pantomima bochornosa pone de manifiesto la inoperancia de los partidos actuales y de la treta bipartidista, que trivializa a su antojo una cuestión tan grave como la salud y la vida de los usuarios.
Para apoyar de verdad a la Sanidad Pública, los gestores deberían abandonar las exigencias austericidas de la UE, que cumplen a rajatabla tanto el entorno de PP como el entorno de PSOE y sus satélites. Esas exigencias austericidas limitan la contratación de personal sanitario, empobrece la calidad del trabajo del personal sanitario, y mercadean con asuntos fundamentales como la Asistencia a Domicilio o las ayudas a las personas dependientes.
La defensa de los profesionales sanitarios y del conjunto de usuarios no es posible dentro de ese corsé al que nos reducen las políticas de austeridad de la UE, porque no puede tratarse como un negocio o una mercadería, al igual que se hace por ejemplo con la vivienda.
Necesitamos representantes que digan la verdad a su propio pueblo, no absurdos debates posmodernos. Pedirle a los Reyes Magos que haya Sanidad Pública, está dentro del mismo orden lógico que pretende vendernos la izquierda woke: una simple expresión de deseos.
Además, se olvida que existe más allá de la capital hispalense una infinidad de pequeños pueblos en la amplia geografía andaluza que están abandonados de recursos como centros sanitarios adecuados o profesionales que les atiendan. La organización y la comprensión de los verdaderos motivos de esta decadencia tan triste, que prioriza el gasto militar a la salud de su propio pueblo, es la única manera de revertir esta situación.
Señores y señoras de ambos lados de las orillas bipartidistas: ya sea blanca o negra, lo que tienen ustedes es cara dura.








