Felices fiestas sólo para los rentistas

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Posiblemente tendríamos que retroceder a tiempos de la Guerra Civil y la Posguerra para recordar unas Navidades más tristes en España. ¿Es alarmista afirmar que son unas Navidades lamentables para la mayoría de la población española? Veamos lo que dicen los fríos datos objetivos.

La mitad de la población española sufre de forma directa la crisis de vivienda, desde la precariedad y el hacinamiento (la naturalización de la compartición de habitaciones, ya no pisos, que se ha denunciado reiteradamente en esta columna) o la imposibilidad de acceder a una vivienda digna, con más de 8.5 millones en exclusión residencial. Las familias desahuciadas, los familiares de aquellos que se suicidaron en el trance del desalojo, las personas que saben que en las condiciones similares nunca jamás serán propietarios. Aquí descartamos ya a la mitad de los residentes en España.

Por supuesto cuando hablamos de rentistas no nos referimos a los pensionistas, no le hagamos el juego a los indocumentados que pretenden distraer la atención creando pugnas inter generacionales. Nos referimos a esa clase social que va de la mano de los capitalistas, que es rica en posesiones pero es absolutamente improductiva. Los pensionistas que han sido trabajadores toda su vida son otro de los grupos que pasará unas felices fiestas sólo si no les afecta el problema de la vivienda y si son personas que se contentan con poco, pues las insuficientes cuantías de las pensiones están estudiadas para permitir que no se pase necesidad y poco más.

Podemos seguir reduciendo el círculo. Según Intermón Oxfam, tres de cada diez personas afirman que sus ingresos no les permiten vivir con dignidad. Si usted está leyendo esto y se encuentra en el grupo social de los trabajadores que cobran el salario más frecuente -como quien les escribe- seguramente habrán tenido problemas para averiguar qué van a cocinar en estas fiestas, si es que se pueden permitir ese lujo.

Salmón, cordero, incluso ternera o trucha, jamón, gambas, son productos que ya quedan en el olvido para millones de consumidores, que al hacer la compra van ya directos a los productos básicos para al menos llenar la nevera de algo que poder cocinar. Como denunciamos también en esta columna, para muchas familias es ya más asequible comprar comida prefabricada que prepararla en casa.

Descartemos también a los que no fueron atendidos en las listas de espera de una atención sanitaria o una ayuda a la dependencia, los que perdieron la vida esperando un diagnóstico o por culpa de los errores en cribados. Descartemos a los que no recibieron algún tipo de ayuda social, puesto que -según nos dicen- debemos priorizar el gasto en armas, pues nos encontramos en grave riesgo frente a Rusia.

Imagino en estas fechas a muchas familias realizando piruetas matemáticas para cuadrar el presupuesto de los regalos de Reyes. Si ustedes tienen hijos y han estado mirando precios, sabrán de qué les hablo.

Y habrá quien diga ¿de izquierdas y haciendo regalos de Reyes Magos? Bueno, verá usted, hay muchos que creen con fe ciega que el Gobierno de Progreso, este y el anterior, mejoraron la vida de la gente y ahí están, viviendo entre nosotros.

Luego entonces, ¿qué parte de la población residente en España queda que podamos afirmar que van a pasar unas felices fiestas? Sin duda, los rentistas, en especial los del sector inmobiliario.

Los rentistas españoles obtuvieron este año grandes beneficios especulando principalmente con el sector inmobiliario, tanto los que son poseedores como los que especularon en acciones de grandes tenedores (fondos buitre, bancos). Los hogares que alquilan propiedades en España ganaban, en 2022, una media de 47.022,29 € anuales, mucho más que la media nacional (34.110,39 €), evidenciando la brecha con los no rentistas.

Si bien los datos más evidentes se centran en la vivienda, la especulación en empresas se refiere a la obtención de beneficios por la tenencia de acciones, bonos u otros activos financieros (renta de capital), un concepto ligado a la estructura económica rentista, donde la riqueza no se genera por la producción, sino por la posesión de activos, lo que aumenta la desigualdad. 

Aunque la pregunta se centra en españoles, grandes fondos como BlackRock y Vanguard, junto a fondos españoles como Santander AM y Caixabank AM, son los mayores propietarios de la bolsa española. La Bolsa española (que por cierto tiene una fuerte presencia de capital extranjero, Reino Unido, EE. UU., Francia) está permitiendo la creación de grandes fortunas españolas y de sus migajas se alimentan también los incrementos patrimoniales más modestos, que obviamente presentan incrementos mayores que los aumentos salariales o de pensiones en el mismo periodo.

Por tanto, para ellos sí son felices fiestas, son las mejores fiestas posibles, es su agosto en pleno invierno.

Las políticas del Gobierno autopercibido como progresista han protegido y, en algunos casos, fortalecido el rentismo institucional e internacionalizado (SOCIMIs, fondos). La UE ha sido un factor multiplicador de este modelo a través de políticas monetarias y de libre circulación de capitales, censurando la libertad de la mayoría social -la clase trabajadora- para gestionar sus propios recursos, tales como su suelo, su agricultura, su pesca o la poca industria que queda.

¿Esperamos a tocar fondo o nos organizamos y recuperamos nuestra soberanía como pueblo?

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