Les doy un dato (manipulado)

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Como las cifras no mienten, los mentirosos las adoran.
Mark Twain

Esta etapa histórica que nos ha tocado vivir, de cambio de orden mundial en el que el entorno atlántico se aferra a su primacía con los peores horrores del imperialismo, estamos siendo testigos de situaciones esperpénticas. Para sostener lo insostenible, la alianza occidental necesita grandes dosis de propaganda, cada vez más difícil de hacer tragar. Más dosis cuanto más sometido a las exigencias de gasto se encuentre el país, como sucede en España. A las falacias sobre el rearme o la colaboración con el genocidio, se unen las mentiras económicas.

Así, vimos esta semana otro episodio del «España va bien», ese eslogan que se vienen pasando como la falsa moneda los gobiernos alternos del bipartidismo. Pedro Sánchez, Yolanda Díaz o Carlos Cuerpo celebraron entusiasmados los datos de la EPA: por primera vez España superaba los 22 millones de personas ocupadas, o personas trabajadoras como se dice ahora.

La economía española avanza con fuerza y lo hace creando empleo de calidad, dijo Sánchez. La España con la que soñaban algunos, gracias a políticas centradas en la gente, ya es una realidad, dijo Díaz. Los palmeros del Gobierno se apresuraron a aprovechar el rayo de sol tras la larga tormenta. ¡La economía funciona -exclaman- y además lo hace con un Gobierno de izquierdas!

En artículos anteriores de esta columna se habla sobre cómo los partidos principales del bipartidismo (PP-PSOE) y sus caballos de posta (Vox, Sumar, Podemos) mantienen una relación de mutualismo biológico entre grupos aparentemente opuestos, disparándose entre ellos tablas de datos, mientras el sistema no mueve ninguno de sus pilares fundamentales. Uno de esos artículos, referido al INE, lo titulé No disparen al de Estadística por un motivo que añado al final en nota para no distraer el hilo principal.

Sin embargo, no haría falta un análisis complejo para pensar que es incoherente ese triunfalismo sobre los datos del paro. Bastaría preguntarse: si España va como un cohete y las políticas están centradas en la gente y se avanza con fuerza, ¿por qué van más de una veintena de detenidos en las protestas del Metal en Cádiz, o por qué se manda a prision a sindicalistas como las 6 de la Suiza y hay que rogar indulto por el simple hecho de hacer labor sindical? ¿Por qué no se deroga ya la Ley Mordaza, si vamos tan bien en lo laboral? ¿Por qué se insiste en prolongar la vida laboral hasta casi la muerte?

Ustedes conocen la respuesta tan bien como yo. Porque es mentira. Ni España va bien, ni las políticas están centradas «en la gente» (a no ser que por gente entendamos a empresarios y rentistas), ni se avanza en nada, más bien se retrocede y se involuciona en derechos sociales.

Para empezar, los datos sobre la población activa siguen las directrices de la Oficina Estadística de la Unión Europea, EUROSTAT, y pueden por ejemplo no contabilizar como parados a las personas que se cansaron de acudir a las oficinas de empleo, visto que es una pérdida de tiempo en especial para los mayores de 50 años, pues España es el país con la mayor tasa de paro entre los 50 y los 65 años y donde más ha crecido en los últimos 20 años (España es el país de la UE con más parados 10, 29%, y el país con más paro juvenil en la UE, con una tasa del 25,5 % en febrero 2025).

O puede considerar a los trabajadores afectados por ERTE como ocupados. Es decir, las ayudas con dinero público para que las empresas no despidan a sus empleados son consideradas por la UE como una garantía de estabilidad, una estabilidad en la que las empresas se reservan el as en la manga de acogerse al cierre y a los privilegios (no derogados jamás) de la Reforma Laboral del ente M. Rajoy.

O puede también considerar como empleados a los miles de empleos temporales (bastaría para contar como activo con una hora de trabajo en la semana de referencia) que se crean estacionalmente en España, país abocado a los sectores de menor valor añadido como son la hostelería y el turismo, gracias al papel que nos reservó la Europa del jardín de los elevados valores.

Por si fuera poco esto, los sindicatos no afines al Gobierno denuncian que la «pobreza laboral» (entiéndase miseria) afecta al 11,7% de las personas con empleo en España. Es decir, una persona o una familia puede tener un empleo o varios, pero no ganar lo suficiente para cubrir sus necesidades básicas. No digamos la «precariedad habitacional» (entiéndase igualmente miseria) que condena a los españoles no propietarios a no poder acceder jamás a una vivienda y verse obligados a compartir con desconocidos en alquiler (recomendable ver este video sobre el asunto).

Los salarios reales en España sólo crecieron un 2,76% en treinta años, 30, y esto hace que seamos el cuarto peor desempeño de los 38 países de la OCDE, esa organización mundial cuyo fin es promover políticas que mejoren el bienestar económico y social de las personas en todo el mundo.

A los salarios insuficientes para vivir con un mínimo de dignidad, se une además que los precios de los alimentos suben en mayo por encima del IPC y acumulan en 4 años un encarecimiento del 33,1 %, en artículos básicos como fruta, pescado, carne y la alimentación en general. Esto es, en esta España tan potente y progresista, muchas familias deben decidir entre pagar el alquiler o comer productos alimenticios de calidad. Mientras las grandes superficies hacen su agosto, los consumidores renuncian a su salud (no solo en la sanidad pública, sino en la alimenticia) para poder llegar a fin de mes.

En definitiva, sí, es cierto que la economía va bien. Pero va bien para especuladores de la vivienda, rentistas en general y empresarios explotadores (valga la redundancia), para accionistas de grandes empresas energéticas, para los fondos de inversión, para el negocio de las armas. Para esos sectores España va fenomenal.

¿Qué se oculta realmente sobre estas falacias?

Si acudimos al acervo marxista (disculpen las molestias), sabemos que la economía vulgar no hace otra cosa que interpretar, sistematizar y apologizar doctrinariamente las ideas de los agentes de la producción burguesa, prisioneros de las relaciones burguesas de producción. Y que toda ciencia sería superflua si la forma de manifestación y la esencia de las cosas coincidiesen directamente, y que la economía vulgar se siente a sus anchas cuanto más escondida está la conexión interna (Marx en el capítulo sobre la Fórmula Trinitaria en el tercer tomo de El Capital).

En el caso de los ocupados y sus salarios, tenemos un contexto social, un caldo de cultivo, en el que todo está predispuesto para la proliferación del avispado rentista y del explotador capitalista sin escrúpulos. En un país abocado al sector servicios, por exigencia comunitaria en su alineamiento geopolítico, el modelo productivo está diseñado o conducido a los sectores de menor valor añadido, pero de mayor facilidad para el beneficio rápido.

Los capitales se dirigen más hacia los sectores que aseguren plusvalías derivadas de la revalorización de activos en el mercado, que de su valorización en procesos productivos. Véase la especulación con la tierra, muy apetecible ahora para los fondos de inversión, y con el valor del suelo urbanizable para los capitales extranjeros. El arquetipo de este modelo en Europa, que cambia la producción por renta, quizás sea España, pues tenemos el honor de ser uno de los destinos preferidos para el lucro derivado del turismo, en todas sus ramificaciones. Para ello se produjo el desmantelamiento industrial en las décadas anteriores y para ello hoy vemos las zonas vaciadas en el entorno rural y los municipios abocados al negocio de las renovables mientras arrancan sus cultivos e industrias tradicionales.

¿Y cuál es el otro gran interés de esta treta? Este modelo productivo favorece la hiper explotación de los trabajadores, pues en ese contexto los empleos tienden al aluvión, la temporalidad, la menor cualificación y en general a la mayor vulnerabilidad frente al capitalista. De esta forma, el capitalista puede no sólo exigir el aumento de la productividad, sino apretar las tuercas mediante la reducción de salarios, para en definitiva aumentar la tasa de plusvalía.

Y todo ello sin que hablemos del «techo de gasto» exigido por la UE, o el criminal gasto militar y las exigencias de subidas en la parte del PIB dedicada a la guerra.

España nunca podrá «ir como un cohete» en ese contexto, excepto que se trate de un cohete occidental de los que se estrellan o solo funcionan para dar paseos espaciales a los ricos. Para que fuese favorable a la mayoría social, la clase trabajadora, primero debería existir un Estado que planifique con orden social y no desde el caos capitalista. (Un Estado independiente y que no fuese otra cosa que el poder organizado conjunto de las clases poseedoras, de los terratenientes y de los capitalistas, dirigido contra las clases explotadas, los campesinos y los obreros, ahora es Engels, disculpen de nuevo).

Con esa finalidad deberían planearse acciones que modificasen el modelo productivo hacia los sectores de mayor valor añadido, los industriales, los de investigación y desarrollo. Pero eso, como sabemos, no nos es permitido en este país, lo tenemos vetado por los que usan nuestro territorio como base para trasiego de armas con destino a Palestina, Rusia o Siria y sabe dios dónde más.


Nota estadística

Hubo una noticia reciente en la que se decía que el INE maneja una estadística de reciente elaboración, ERADA, que afloraría el dato real de fijos discontinuos. Esta estadística daría nuevos datos clave sobre el mercado laboral, incluyendo las personas afiliadas reales y los fijos discontinuos que no trabajan cada semana. Y se entiende que esas cifras disgustan al Gobierno, que se ha resistido a publicar.

Bien. El INE, como explica el propio organismo en unos vídeos bastante didácticos, emplea para la elaboración de sus índices económicos (los que conforman la Contabilidad Nacional) las recomendaciones de la Unión Europea, de manera que los datos sean armonizados con los demás países miembros.

Por tanto, el INE no disimula sus métodos. Es la subjetividad con la que se presentan los datos la que recuerda a aquellas proverbiales palabras de Campoamor sobre la verdad y la mentira, que dependen del cristal con que se miran.

Como hoy es muy popular esto de dar datos, desde aquí aprovechamos para darles un dato: la plantilla de trabajadores del Instituto Nacional de Estadística, los que recogen los datos y son privilegiadísimos mileuristas, no se renueva desde hace décadas. Jamás se sustituyen trabajadores jubilados o que se muden a otros puestos. El Estado prefiere gastar cientos de millones de euros en subcontratar a empresas privadas, de manera que casi todo el trabajo de recogida de datos es realizado por personal subcontratado, y la tendencia es la de trasvasar la totalidad de ese trabajo a empresas privadas.

Tal vez entonces, cuando los datos estadísticos del país los manejen en su totalidad empresas privadas, como está sucediendo en todo el sector público, sí les parezcan fiables y nada sospechosos.

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