No disparen al de Estadística

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Les invito a observar un momento la curiosa imagen que pueden ver bajo estas palabras. En ella se confrontan los mensajes de las cuentas oficiales de un mismo día, el pasado 27 de enero, de la ministra Yolanda Díaz (Unidas Podemos) y el presidente andaluz Juan Manuel Moreno (Partido Popular), sobre los datos de la EPA del último trimestre de 2021.

Aprecien la similitud. Ambos elogian la creación de empleo, que está referida a la variación de la ocupación, es decir, la diferencia de 2021 con respecto al año anterior, (recordemos, confinamientos, las primeras dosis de vacunas a finales de 2020, estados de alarma, etc, las circunstancias de una pandemia mundial).

Aprecien también que ambos toman como referencia una fecha, el 2008 (recordemos, explosión de la burbuja inmobiliaria, crisis bancaria, el comienzo de la gran recesión que afectó al mundo entero y hundió a España en una depresión económica).

Es decir, el dato que ofrecen los dos representantes parece un exceso de triunfalismo, es tan relativo y tan obvia su subjetividad, que hasta desde su antagonismo partidista coinciden en la necesidad de añadir una especie de excusa: lo hacemos muy bien pero se necesita mejorar.

Un día después de la nota de la EPA, el diario Público saca un artículo de Eduardo Garzón, profesor de Economía y hermano del Ministro de Consumo, que expresa: «La economía española registra récords históricos en el año 2021″. El profesor propone que la economía española se está recuperando, pese a los augurios de los voceros de la derecha. La conclusión del artículo es que, si bien es cierto que se necesita mejorar, los datos del Instituto Nacional de Estadística son positivos y son la prueba de que hubiera sido mucho peor con las políticas aplicadas por el PP.

No obstante, en el artículo citado, Eduardo añade que los datos del INE son incoherentes con los registros de otros organismos, y considera poco fiable el cálculo del PIB que el propio INE realiza cada año (que refleja en realidad un retroceso, pues en 2020 cayó un 10% con respecto al año anterior y ha crecido menos de lo esperado por el Gobierno, situándose en niveles por debajo de la precrisis). Garzón llega a calificar el indicador como «extremadamente sospechoso».

Luego, entonces, ¿el INE ofrece datos positivos o debemos sospechar de ellos?

Aquí habría que señalar al lector dos aclaraciones. Primera, el INE, como explica el propio organismo en unos vídeos bastante didácticos, emplea para la elaboración de sus índices económicos (los que conforman la Contabilidad Nacional) las recomendaciones de la Unión Europea, de manera que los datos sean armonizados con los demás países miembros. Esto es, las recomendaciones de la misma entidad, la UE, de la que el Gobierno se vanagloria de trabajar codo con codo, bajo su estricta supervisión y fiscalización, para esa recuperación histórica que nos sacará de la crisis y cambiará nuestro paradigma.

Por ejemplo, para la elaboración de la EPA, el INE, como indica en sus notas de prensa, sigue las prescripciones de la Oficina Estadística de la Unión Europea (EUROSTAT), que entre otras cuestiones considera a los trabajadores afectados por ERTE como ocupados. Es decir, las ayudas con dinero público para que las empresas no despidan a sus empleados son consideradas por la UE como una garantía de estabilidad, decretada por los respectivos gobiernos y sus diferentes peculiaridades, como el caso de España, cuyas empresas se reservan la potestad de finalmente acogerse al cierre y a los privilegios (no derogados) de la Reforma Laboral de M. Rajoy.

Por tanto, el INE no disimula sus métodos. Es la subjetividad con la que se presentan los datos la que recuerda a aquellas proverbiales palabras de Campoamor sobre la verdad y la mentira, que dependen del cristal con que se miran. Basta hacer una simple búsqueda en internet para encontrar artículos no muy lejanos, en tiempos en los que Fátima Báñez retorcía los datos para maquillar las iniquidades de la gestión del PP, tiempos en los que el propio Eduardo Garzón analizaba: «es importante mirar más allá de los mensajes claramente sesgados de la propaganda del gobierno, no hay motivos para felicitarse por los datos de empleo y sí muchos para continuar reivindicando verdaderas políticas de rescate ciudadano«.

O este otro artículo en el que su hermano, el ahora Ministro, respondía a las en teoría buenas cifras de contrataciones del entonces gobierno de Rajoy: «es positivo que el empleo se reduzca, aunque el dato no puede ocultar la gravedad de la permanente precariedad que arrastra la contratación laboral en nuestro país«.

La segunda aclaración que habría que hacer al lector es la siguiente. La Estadística, probablemente la ciencia con peor prensa de todas, es imprescindible en las ciencias sociales, en las que se necesita el muestreo y análisis de datos, como es el caso de la Economía. Pero una cosa es la estadística científica que se hace sin sesgo político y otra la interpretación de quienes la usan en beneficio propio. Al parecer dijo alguna vez Mark Twain: «como las cifras no mienten, los mentirosos las adoran».

Los biólogos hablan de mutualismo para referirse a la relación que une a individuos de diferentes especies y de intereses aparentemente opuestos, en la que se benefician mutuamente, de manera que ambos pueden seguir existiendo.

¿No será que en el circo parlamentario existe también esa relación de mutualismo entre grupos aparentemente opuestos, que logra perpetuar la escenificación del enfrentamiento de una izquierda (capitalismo moderado) y una derecha (capitalismo salvaje), disparándose entre ellos tablas de datos, mientras el sistema no mueve ninguno de sus pilares fundamentales?

Porque, si se fijan, tanto en la interpretación positiva del PP antaño, como en la de Unidas Podemos hoy, cuando dicen que la economía se recupera, ¿a la economía de quiénes se refieren?

Y es que el PIB es la suma de diferentes unidades económicas, muy dispares entre ellas. La recuperación ¿se refiere a los hogares, que sobreviven como pueden a esta escalada imparable de precios, tarifas abusivas, viviendas inaccesibles y cada vez menos servicios públicos?

¿O se refieren a las entidades como los bancos, que presentan suculentos beneficios a pesar de la pandemia gracias a los rescates, las absorciones con dinero público de los fracasos especuladores como Bankia, o la condonación de activos tóxicos como la Sareb? ¿Se refiere a las sociedades como, por ejemplo, las empresas energéticas que además de inflar los precios hasta niveles obscenos han solicitado su parte del pastel multimillonario de los fondos europeos?

Como hoy es muy popular esto de dar datos, desde aquí aprovechamos para darles un dato, señor Garzón, señora Díaz, señor Bonilla: la plantilla de trabajadores del Instituto Nacional de Estadística, los que recogen los datos y son privilegiadísimos mileuristas, no se renueva desde hace décadas. Jamás se sustituyen trabajadores jubilados o que se muden a otros puestos. El Estado prefiere gastar cientos de millones de euros en subcontratar a empresas privadas, de manera que casi todo el trabajo de recogida de datos es realizado por personal subcontratado, y la tendencia es la de trasvasar la totalidad de ese trabajo a empresas privadas.

Tal vez entonces, cuando los datos estadísticos del país los manejen en su totalidad empresas privadas, como está sucediendo en todo el sector público, sí les parezcan fiables y nada sospechosos.

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