Semblanzas ancestrales: Halma contra María Francisca

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María Francisca Clar Margarit (1888 Palma de Mallorca – 1952 Madrid), cuyo segundo y más conocido pseudónimo era Halma Angélico, fue una mujer excepcional que participó en la construcción de un Madrid más feminista y artístico. Gracias a los estudios de la profesora Pilar Nieva de la Paz, de Ivana Rota o de Evelyne Ricci podemos acceder un poco más a su vida y a su obra.

Halma Angélico en el Lyceum Club, Ahora, 1935

Ella, con una educación estrictamente católica, se convirtió en toda una personalidad del Madrid de los años veinte y treinta, gracias a su trabajo como articulista, a su teatro y a su asociacionismo femenino, político y cultural. Se codeó con las personalidades más importantes del momento (Manuel Azaña, Margarita Nelken, Carmen de Burgos, Cristóbal de Castro, Concha Espina, María Teresa León, etc.) y, como sus personajes dramáticos, estuvo inmersa en una lucha constante: María Francisca representaba la sociedad y la familia tradicional, la fe religiosa, el respeto a las costumbres, el destino biológico de las mujeres; Halma, por el contrario, era una mujer libre de ataduras arcaicas, emprendedora, anarquista, mujer moderna y feminista.

No se sabe aún con certeza si estuvo casada. Es algo misterioso, pero se dice que se casó muy joven y que se divorció rápidamente con dos hijos. Sea como fuere, sus hijos llevaban sus dos apellidos y no hay rastro del padre oficial. Alguna idea tenemos del padre de su hija, pero seguimos buscando fuentes fidedignas antes de dar nombres. Quizá por ello la relación con su familia empeoró. Pero siempre guardó relación con su hermana pequeña, a la que tanto María Francisca como Halma, admiraban profundamente.

Al encontrarse sola, empezó a escribir y a colaborar en varios medios, tanto españoles como hispanoamericanos. Su primer seudónimo fue Ana Rius, utilizando el apellido de su padre, hombre militar, gobernador de Filipinas. Pero empezó a ser conocida con su segundo seudónimo: Halma Angélico. Comenzó a comprometerse en causas sociales, creando un Hogar Sudamericano para exiliados, haciéndose socia del Lyceum Club Femenino – del que fue la última presidenta antes de la guerra civil -, formando parte de la Asociación Nacional de Mujeres Españolas (ANME) – siendo la vicepresidenta en enero de 1935 – y de la asociación socialista Unión de Mujeres de España y España Femenina.

Antes de la llegada de la República, esta mujer, a través de sus obras y de sus artículos en la prensa, ya cuestionaba lo que la República iba a indagar a través de la educación: un cambio en los códigos sociales de las mujeres. Sus obras teatrales concretamente, demuestran una psicología de la mujer y una sororidad increíblemente modernas. De hecho, el feminismo que ella defendía era el de la solidaridad entre mujeres: había que dejar de estigmatizar a las madres solteras (¿experiencia personal?); amar no era un delito fuera del matrimonio; la mujer moderna no era una ‘femme fatale’; las mujeres, aunque opuestas, debían ayudarse mutuamente…

Halma Angélico hablaba por experiencia, creía firmemente en ese feminismo y luchó para demostrar que era posible. Al llegar la guerra pudo representar una obra en El Español, el teatro más importante por entonces, pero fue atacada por sus propios compañeros de sindicato (CNT) por ser considerada una obra derrotista. ¡Qué mal la comprendieron! Sobrevivió como pudo, siguiendo su frenética vida laboral y añadiendo trabajos suplementarios como ser la encargada de una de las librerías del editor Aguilar. En casa había muchas bocas que alimentar.

Precisamente por esta colaboración con Aguilar y otras acusaciones algo surrealistas, la dramaturga fue encarcelada durante tres meses y en arresto domiciliario tras el tribunal de guerra. Y ya está. En 1940 desaparece Halma Angélico, pues se quedó en Madrid, aislada intelectualmente, sin retomar la escritura, dedicándose a sus nietos. Ya no pudo ser Halma, tuvo que volver a ser María Francisca.

Halma sufrió la invisibilidad en la Historia literaria, como tantas otras dramaturgas y escritoras de la Edad de Plata, borradas del mapa cultural y artístico de su época, y lo que es peor, desapareció también de la Historia cultural, sin saber que fue una de las primeras mujeres que teorizó sobre el feminismo sororo. Murió el 9 de noviembre de 1952.

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