Así van avanzando los mediocres

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Si ustedes buscan Juan del Val en Google la descripción que aparece bajo su nombre es marido de Nuria Roca. Ese señor, el marido de Nuria Roca, tuvo una intervención muy desafortunada en un programa televisivo. En una especie de performance cómico periodística expuso que “cuando el niño suspende el padre dice: no, mi hijo suspende porque es superdotado, a lo mejor no… No hay ni uno que suspenda porque es un vago”. Ante las risotadas de todos sus compañeros yo sólo podía pensar en las consecuencias que su “broma” podría tener sobre los niños con alta inteligencia y malos resultados académicos. Obviamente lo que cuenta no es posible porque los padres necesitan un diagnóstico profesional que no se da en una tarde ni con un test por internet. De hecho, sólo el 2% de la población tiene un desarrollo intelectual alto.

Soy superdotada. No lo digo con presunción simplemente lo soy como soy bajita o morena es una cuestión genética, no obstante, no puedo decirlo en voz alta. Cuando no estás en la media es difícil encajar, lo asumo, lo que no asumo es que las personas que tienen un déficit de inteligencia sean tratadas con consideración y los que tenemos exceso seamos permanentemente señalados y odiados, lo que lleva a críticas crueles y atribuciones injustas. Este odio nace del desconocimiento de la cantidad de problemas que vienen asociados. Es una suerte tener buena memoria, ser resolutivo, pero no lo es tanto tener una empatía patológica o ser exageradamente sensible.

Días después de su intervención y tras ser denunciado ante el Defensor del Menor de la
Comunidad de Madrid y ante el Defensor del Pueblo por un posible delito de odio, el marido de Nuria Roca se excusó diciendo que el objeto de la mofa no eran los niños sino los padres. Quizá no conoce el bucle infinito que viven los padres, voy a explicarlo.

Actualmente las altas capacidades o la superdotación hay que justificarlas periódicamente. Como he dicho es una condición genética que te acompaña toda la vida, sin embargo, hay un momento en el que el docente plantea que el menor le reta (independientemente de la edad incluso en preescolar), que no quiere atender, o como diría Juan es un vago, tiene TDAH, hiperactividad o cualquier tipo de enfermedad o síndrome. Si el niño o niña no encaja en el calendario marcado no se respeta su diversidad, se pone el foco sobre el menor, no sobre la escuela. Los padres acuden a un profesional que facilita un informe descartando todo lo sugerido y certificando una inteligencia por encima de la media. Hablan con el servicio de orientación, estos menores tienen unos rasgos de carácter asociados a su inteligencia, entre otros, son más mordaces, imaginativos, habladores, etc. El profesor junto con el orientador parecen entenderlo, se recupera la dinámica, comienza la normalidad, las buenas notas. Al año siguiente cambian el profesor y el servicio de orientación explica la situación. Pasadas unas semanas no convence. De nuevo las mismas observaciones y otra vez vuelta a empezar, las malas notas, especialista, informe, pedagogía de los padres con el maestro y buenas notas. Así año tras año, o cada dos años. Esta es la pesadilla de un progenitor con hijos muy inteligentes. Lo último que necesitan los profesores es que en televisión les digan que son excusas y que los niños son unos vagos.

El marido de Nuria Roca defiende que es una broma sin más recorrido. Desde ALAC (Asociación Leonesa de Altas Capacidades) intentaron arrojar algo de información a través de Twitter. La totalidad de respuestas que recibió este hilo fueron multitud de insultos, padres que se inventan altas capacidades, niños putos vagos, malcriados, no se puede tener la piel tan fina… Es obvio que la broma sí tiene consecuencias sobre los que sufrimos una alta inteligencia.

A las personas que defendemos los derechos de los menores, que pensamos que las declaraciones de Juan de Val ciertamente se circunscriben dentro de un discurso niñófobo, desde algunos medios se nos ha definido como jauría de perros, ofendiditos, etc. Bajo la libertad de expresión el marido de Nuria Roca ha hecho una broma. Si algo nos sobra a los superdotados es sentido del humor. Ciertamente estaba bromeando sobre un colectivo sin representación, el de los menores. Evidentemente los niños son un colectivo del que nadie se ocupa salvo el feminismo. Son un colectivo con el que se mercadea, un producto de lujo dentro del catálogo de explotación sexual, víctimas de los mismos predadores que comercian con mujeres, en definitiva, vulnerables. El marido de Nuria Roca no se atrevería a hacer bromas sobre otros colectivos, por ejemplo, el colectivo gay. Luego, interpreto que hay colectivos de primera y de segunda. Se debe aceptar como libertad de expresión que una señora se desnude dentro de un templo católico y simultáneamente es imposible cuestionar el uso del pañuelo sin incurrir en un supuesto delito de odio o como mínimo acusación de islamofobia. Esto es una ley no escrita hasta que alguien decide que deje de serlo y es precisamente lo que ha pasado.

El delito de odio es un delito diseñado en época preconstitucional para limitar la libertad de expresión y a este juego podemos jugar todos. Hace pocos días alguien del otro lado, del de las minorías sin representación, del de los que siempre callamos ha decidido que ya está bien. Le ha tocado a Juan del Val. Tanto él como los periodistas indignados por lo que consideran un ataque a la libertad de expresión son representantes del postmodernismo que cancela a J. K. Rowling. Algunos somos estúpidamente pulcros. Incapaces de utilizar una herramienta que criticamos, pero ¿qué pasaría si, por ejemplo, las feministas decidieran denunciar a los que las llaman TERFs? En EEUU es un delito de odio. Quizá deberíamos revisar nuestros escrupulosos principios y empezar a ser más prácticos. No deseo que Juan del Val ni ninguna otra persona cumpla condena por emitir opiniones, aunque sean tan fáciles y abusonas como las de este caso, sin embargo, como mujer feminista, madre y superdotada quiero agradecer esta denuncia. Ya era hora de poner límites a esta dictadura en la que una parte expresa las barbaridades que le viene en gana mientras la otra está silenciada.

El marido de Nuria Roca se quejaba en sus redes, así van avanzando los mediocres, decía. Estoy totalmente de acuerdo. Estos niños tienen mucho que ofrecer a la sociedad. Sería prudente que se les cuidara en lugar de rechazarles para que la masa mediocre no vea herido su ego.

No tengo nada contra Juan del Val, de hecho, me gustaría que tomara un poco de conciencia, conciencia de clase. Que fuese consciente de lo que es y dónde se encuentra, dentro de la clase privilegiada de los políticamente correctos, de la censura y del poder. Que entendiera que sin mala intención mediante, ha dicho una barbaridad simplemente porque puede, porque siempre le han dejado, porque pertenece a esa clase predominante que se expresa con total impunidad, hasta ahora.

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