Tirar la piedra y esconder la mano

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Alicia Rey, galerista y miembro del PFE.

El 8 de marzo de 2020 se celebró la manifestación que causó cientos de contagiados y probablemente otros tantos muertos. Una manifestación que sirvió de colofón a la aprobación del anteproyecto de Ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual. Ley plagada de generismo cuir cimentada sobre una frágil técnica jurídica cuyo proceso de creación ignoró todos los planteamientos feministas que se conocen. Cierto es que el mismo fin de semana hubo partidos de futbol, actos religiosos, etc. pero, ¿cómo prohibir estos actos si la manifestación convocada por la Comisión 8M Madrid debía celebrarse a toda costa? Las feministas hicimos todo lo posible por detener esta Ley. Era incomprensible la prisa que, a priori, entendíamos como parte de la hoja de ruta de Unidas Podemos en la que primero se aprueba la Ley para, acto seguido, escenificar el triunfo en una manifestación que nunca debió celebrarse. Hoy entendemos que lejos de encuadrarse dentro de este infantil plan se trataba de evitar la discusión pública y democrática acortando los tiempos.

Estos días hemos tenido que soportar que a las feministas se nos relacione con el pasado 8M. Un 8M en el que ni nosotras, ni nadie tenía información sobre la pandemia. La ministra sí, pudimos ver el video de Libertad Digital. Esa manifestación tuvo una bajada de participación de más del sesenta por ciento y no, no fue por la Covid porque nosotras estuvimos todas juntas frente al busto de Clara Campoamor. Este año decidimos separarnos por respeto y precaución, la que no tuvieron el año pasado. Habrá varias pequeñas concentraciones, por un lado El Partido Feminista de España, por otro Confluencia Feminista y demás grupos abolicionistas separadas pero con las mismas reivindicaciones. Todas unidas enfrentando al patriarcado y sus aliadas machistas en un año fundamental, pendientes de la aprobación de la Ley Trans. Si se aprueba esta ley las perjudicadas seremos muchas. En un año decenas de transexuales perderán el derecho a una asistencia sanitaria de calidad antes incluso de haber conseguido que esa asistencia sea completa, las mujeres también lo sufriremos pero sobre todo los niños y de forma irreversible.

Elecciones en Cataluña, manifestaciones de camisas azules, cenas innecesarias con todos los ministros charlando sin mascarilla, entregas de premios como la que se realizó en el Ministerio de Cultura en el que Irene Montero en calidad de Ministra jaleaba el ladrillazo a Lucía Etxebarria. Un acto con decenas de personas en un recinto cerrado, probablemente más personas de las que nos reuniremos al aire libre y con todas las medidas de seguridad el día 7M. Los premios, las algaradas pueden esperar. Los agricultores no pueden esperar un año, los hosteleros, el sector musical, no pueden esperar. Nosotras tampoco.

El Consejo de Ministros en pleno decide que ningún ministro acudirá a ningún acto convocado desautorizando a las feministas que sí acudiremos. La ausencia de la Ministra de Igualdad en estas concentraciones la exculpa de toda responsabilidad, resetea su historial y de paso nos señala como las responsables de las nefastas consecuencias del pasado 8M. Que nosotras no asistiéramos a esa manifestación es lo de menos, el señalamiento es necesario. Las feministas somos las malas y esto hay que visibilizarlo. La responsabilidad de todo lo ocurrido el pasado 8M es culpa del feminismo que vuelve a manifestarse, no la Ministra que respetando la pandemia se queda en casa. En el fondo no está mal clarificar la diferencia. Las feministas no somos la Ministra ni nadie de su ministerio. Rechazamos a Irene Montero desde el momento de su nombramiento que, dicho sea de paso, fue una bofetada con la mano abierta en la mejilla de todas las mujeres que luchamos por ser reconocidas laboralmente. El miedo a convertirnos en Giocondas tristes fue inmediato. Miedo a tiempos pasados en los que La
Coronela no era una señora que trabajaba en el ejército sino la mujer del Coronel.

Agradecemos que esta diferencia sea visible con su decisión de quedarse en casa, que quede claro y lo haga público.

  • Lisa Gherardini conocida como La Gioconda por ser la esposa de Francesco di
    Bartolomeo del Giocondo.

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