Mario Amorós: «Pasionaria encarnó el valor de la “madre coraje” que se alza frente a la injusticia»

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Cien años dan para mucho, y era previsible que en una fecha tan redonda como la de un centenario apareciesen nuevos trabajos sobre la Historia del Comunismo español. Y por eso no extraña que sea precisamente ahora, a menos de un mes de que se celebre el nacimiento del PCE de la fusión del Partido Comunista Español y el Partido Comunista Obrero Español, haya aparecido una nueva biografía del mito comunista español por excelencia, Dolores Ibárruri, conocida por todos como Pasionaria. Y es que hablar de comunismo en España es hablar de ella, y de sus orígenes humildes como esposa, hija y nieta de mineros en su Gallarta natal, hasta su muerte en Madrid, con el sueño de la Unión Soviética a punto de ser derrotado.

Pero si hablar de comunismo es hablar de Pasionaria, hacerlo de biografías es también hacerlo de Mario Amorós, el escritor alicantino que ha convertido ese género en todo un arte, aunando con maestría el análisis crítico de un historiador con la capacidad expresiva de un periodista. Y una vez más, Amorós lo ha vuelto a conseguir. Y tras sus trabajos sobre Allende, Pinochet, Neruda o Miguel Enríquez, el autor vuelve a centrar su mirada en España para publicar una monumental biografía de la que ha sido, sin lugar a dudas, la mujer más influyente en la Historia de la izquierda española.

Amorós atiende a El Común en esta entrevista que tiene lugar escasos días después de la puesta en venta de su libro, que como sugerente título lleva el grito de lucha que su protagonista popularizó por todo el mundo como símbolo de resistencia ante la reacción: ¡No pasarán!

De hija, nieta y esposa de mineros a mito que cantaron los poetas… ¿Cómo escapa Pasionaria a su destino de mujer rural, esposa y madre?

Gracias a su compromiso político precisamente. Dolores Ibárruri nació en Gallarta el 9 de diciembre de 1895, en aquella España de Cánovas y Sagasta. Vino al mundo en el momento de mayor auge de la explotación de las minas de hierro de Vizcaya y en ese entorno vivió hasta que en septiembre de 1931 se trasladó a Madrid para trabajar en la redacción de Mundo Obrero. Tanto en su hogar como en la escuela le inculcaron los valores tradicionales, principalmente una fuerte religiosidad católica que ella practicó en su infancia y adolescencia hasta el punto de ser miembro del Apostolado de la Oración. No pudo formarse como maestra, tal y como deseaba ardientemente, y, tras asistir durante dos años a un taller de costura, trabajó durante tres años como sirvienta en un café de La Arboleda, primero, y para una familia de comerciantes de Gallarta después.

Su matrimonio en febrero de 1916 con el minero Julián Ruiz cambió el rumbo de su vida, puesto que este era un militante socialista muy activo. Aunque bautizaron a su primogénita, Esther, que nació en diciembre de aquel año, muy pronto Dolores Ibárruri se alejó del catolicismo y empezó a formarse políticamente en las reuniones de la Casa del Pueblo y con las lecturas de su biblioteca, como el Manifiesto Comunista. Después de la huelga general de agosto de 1917, en la que participó activamente (incluso en la fabricación de explosivos), ingresó en el Partido Socialista y desde 1918 empezó a publicar artículos en la prensa obrera con el seudónimo de Pasionaria. Junto con Julián Ruiz y sus compañeros de la Agrupación Socialista de Somorrostro promovió desde 1920 la fundación del PCE en Vizcaya. Su primera década de militancia comunista fue un tiempo oscuro marcado por la tragedia de perder a cuatro de sus seis hijos, la pobreza y las constantes represalias que su marido sufría por su acción sindical y política.

Su vida de ama de casa, al cuidado de los niños y una pequeña huerta, solo se veía interrumpida por su activismo en el reparto de propaganda, por las reuniones o por las movilizaciones. Todo empezó a cambiar para Dolores Ibárruri cuando fue designada miembro del Comité Central en marzo de 1930, tomó la palabra en los mítines comunistas en Vizcaya en la primavera de 1931 y fue candidata a las Cortes Constituyentes en junio de aquel año. El 30 de septiembre, llegó a Madrid, con casi 36 años, para trabajar en la redacción de Mundo Obrero. Atrás quedaban Julián Ruiz, del que se separó para siempre, y, por un tiempo, sus hijos: Rubén y Amaya. También se desligó de la vida a la que parecía predestinada. Le recibía el Madrid de la II República, en plena efervescencia política, social y cultural.

Como destacas en tu biografía citando a Kevin O’Donnell, es posible que Pasionaria fuese «la española más conocida universalmente en el siglo XX». En ello jugaron un papel importante su capacidad oratoria y la escritura. ¿Qué destacarías de ambas facetas?

En el verano de 1936, Dolores Ibárruri se transformó en una personalidad política de relieve internacional, en el gran símbolo popular de la resistencia republicana ante la sublevación militar fascista. Ciertamente, la potente maquinaria de agitación y propaganda de la Internacional Comunista impulsó su imagen ante una humanidad antifascista que siguió la guerra de España de manera apasionada: por ejemplo, sus discursos más importantes se tradujeron al ruso, al inglés y al francés y se distribuyeron por Europa y América. Las consignas comunistas, como el “No pasarán” del llamamiento que ella leyó en los primeros minutos del 19 de julio de 1936 ante los micrófonos de Unión Radio Madrid, dieron la vuelta al mundo. Su imagen enlutada, austera, encarnó el valor de la “madre coraje” que se alza frente a la injusticia, con un discurso potente, claro, emotivo, que exhortaba dentro y fuera de España a la unidad antifascista.

Su voz conmovió a varias generaciones, como reflejan numerosos testimonios, y su oratoria fue alabada de manera casi unánime, incluso por muchos de sus enemigos. Un ejemplo es el mitin que protagonizó el 3 de septiembre de 1936 en el Velódromo de Invierno de París, organizado por el PCF. Dos de los grandes historiadores del siglo XX, Pierre Vilar y Eric Hobsbawm, se encontraban allí y comentaron el impacto que les produjo su discurso y su figura. No fue una creación artificial, fue un sentimiento auténtico que compartieron muchas personas alrededor del mundo para quienes Pasionaria encarnó, como posiblemente ninguna otra mujer en el siglo XX, la causa del comunismo y también el heroísmo del pueblo republicano español, que fue el primero en levantar las armas contra el fascismo y que contribuyó, en la Resistencia francesa y en el Ejército Rojo, a su derrota en la Segunda Guerra Mundial.

En cuanto a la escritura, en la biografía cito decenas de artículos de Dolores Ibárruri publicados entre 1921 y 1986. Son especialmente relevantes los del tiempo de la II República y la guerra civil. Posteriormente, en el exilio firmó numerosos trabajos en Nuestra Bandera, por ejemplo, acerca de Lenin y la Revolución de Octubre, principalmente con motivo de los aniversarios más emblemáticos. Como curiosidad, he detectado que, tras la derrota de la República y hasta el fin de sus días, ya no volvió a firmar ningún artículo con su seudónimo, sino que utilizó siempre su nombre y su primer apellido. Nunca explicó por qué.

El drama familiar es común entre la militancia comunista de esos años. En el caso de Dolores Ibárruri fue la precariedad económica y la muerte temprana de cuatro de sus cinco hijas…

Desde luego. En su infancia y adolescencia, en un hogar sostenido por los salarios de su padre, Antonio, como artillero en la mina, de sus hermanos mayores y los ingresos que su madre, Juliana, aportaba con la venta de las morcillas que preparaba u otras tareas, Dolores Ibárruri no pasó penurias, ni estrecheces; siempre tuvo garantizada la alimentación y el vestido e incluso pudo ir a la escuela municipal hasta los 15 años. Fue a partir de su matrimonio con Julián Ruiz cuando, al depender en exclusiva de su salario, conoció años de pobreza, una vida muy precaria en la casa donde vivían, en el barrio de Villanueva en Muskiz, que carecía de agua potable y luz eléctrica. Por su activismo político y sindical incansable, su esposo estaba siempre sometido a las represalias de los patrones o a la persecución política. Entre 1916 y 1928, Dolores Ibárruri alumbró seis hijos; de ellos, Esther, Amagoya, Azucena y Eva fallecieron a una edad muy temprana. Solo Rubén y Amaya sobrevivieron a aquellas condiciones de vida durísimas, con una alimentación muy precaria, sin posibilidad de atención médica…

Esa “maternidad trágica” fue una de las claves que explican su discurso político, en el que siempre destacó, principalmente en los momentos más dramáticos (la guerra civil, la Segunda Guerra Mundial), su apelación a “las madres”.

A ello se unió la pérdida de Rubén en Stalingrado. ¿Cómo vive ella el hecho? ¿Marcará de alguna forma su vida?

Rubén Ruiz era ya oficial del Ejército Rojo cuando la Alemania nazi invadió la Unión Soviética el 22 de junio de 1941. Por ser quien era, seguramente podría haber logrado destinos que no implicaran entrar en combate, pero, del mismo modo que durante meses indicó a su madre en las cartas que le remitía desde la URSS que quería viajar a España para luchar en el Ejército Popular, llegó al frente ya en 1941 y en agosto de 1942 fue destinado a Stalingrado, donde participó en los primeros combates en defensa de una ciudad estratégica. Luchó y murió como un héroe, cuando era uno de los cuarenta mil soldados del Ejército Rojo que la defendían frente a un ejército alemán que multiplicaba por diez tales efectivos.

Rubén Ruiz Ibárruri fue el único español que obtuvo la condecoración de Héroe de la Unión Soviética, que le fue otorgada en 1956. En el archivo que conserva Dolores Ruiz-Ibárruri Sergueyeva, la nieta de Pasionaria, está la ficha autobiográfica que Rubén escribió para la Internacional Comunista en Moscú en 1940. Es un documento muy valioso.

Su muerte, que Nikita Jrushchov le comunicó personalmente, fue la gran tragedia personal de Dolores Ibárruri en la edad madura de su vida. Son muy emotivos los testimonios de su hija Amaya en sus memorias inéditas y de Irene Falcón en su autobiografía… Sin embargo, la guerra y la vida continuaban.

Como bien adviertes en tu trabajo, Pasionaria se resiste a llamarse feminista a pesar de cumplir escrupulosamente lo que podríamos considerar los principios fundamentales de esa doctrina. ¿Era feminista Pasionaria?

Aunque desde una posición ortodoxa jamás se definió como feminista, puesto que para ella la definición de comunista era ya suficiente para cubrir todos los frentes de lucha, sí lo fue. Entre 1931 y julio de 1936 publicó varios artículos en los que defendió de manera ardiente la igualdad de derechos entre hombres y mujeres e incidió en sus discursos y en su trabajo político como dirigente del PCE en la importancia de la incorporación de las mujeres a la lucha revolucionaria. Su papel como presidenta del Comité Nacional de Mujeres contra la Guerra y el Fascismo, que convocó no solo a las comunistas, sino también a militantes de partidos republicanos y algunas socialistas, prefiguró el viraje unitario de la estrategia del PCE a partir de 1935. En la guerra de España, la Agrupación de Mujeres Antifascistas, que ella presidía, jugó un papel importante en la retaguardia. En 1945, participó en la fundación de la Federación Democrática Internacional de Mujeres, de la que fue vicepresidenta durante décadas.

De esposa de Julián Ruiz a amante de Francisco Antón cuando ya ha roto su relación con el primero. ¿Por qué se oculta esa relación de cara al exterior?

Francisco Antón, nacido en Málaga en 1909 y militante del PCE desde 1931, y Dolores Ibárruri mantuvieron una relación de amor desde 1937 hasta al menos 1943 que fue conocida por los principales dirigentes comunistas, pero también más allá de ese círculo. No trascendió a la opinión pública porque hubiera sido motivo de escándalo, ya que ella continuaba legalmente casada con Julián Ruiz. Se ha escrito mucho y en demasiadas ocasiones con pluma sensacionalista para criticarle a él que habría debido su ascenso en la dirección del PCE a su relación de pareja y, sobre todo, para atacar a Pasionaria.

En la biografía me he ceñido a la documentación que se conserva en el Archivo Histórico del PCE y, además, cito la ficha autobiográfica que Antón escribió para la Internacional Comunista en 1940. Abordo la relación de amor que mantuvieron durante varios años, sus repercusiones en la depuración de Jesús Hernández y Enrique Castro Delgado en 1944 y también examino el proceso político que el propio Antón sufrió entre 1951-1953 y que le llevó a su marginación política y “destierro dentro del destierro” en Polonia en circunstancias personales muy duras.

Tras la derrota en España y la victoria en Alemania llega la muerte de Stalin, después de años de culto a su figura. ¿Cómo vive Dolores la desestalinización?

Como todos los dirigentes de los partidos que fueron secciones nacionales de la Internacional Comunista, Pasionaria rindió un culto casi religioso a la figura de Stalin. En marzo de 1956 fue la primera dirigente del PCE que conoció el contenido del “informe secreto” que Jrushchov presentó ante el XX Congreso del PCUS.

El impacto fue durísimo y lo expresó de manera muy cruda principalmente en la reunión del Comité Central del PCE de septiembre de 1968 que debatió la posición adoptada frente a la invasión de Checoslovaquia por las tropas del Pacto de Varsovia, cuando dijo: “Vosotros recordáis la impresión que nos produjo el XX Congreso de la Unión Soviética. Tengo que deciros que es verdad que hubo algunos camaradas que lo consideraban todo a beneficio de inventario y no les parecía que eso tenía ninguna importancia. Pero el día que recibí el informe donde se planteaba el problema del culto a la personalidad y de lo que eso había significado, para mí fue -como dicen las mujeres en nuestro país- caérseme los palos del sombrajo. La fe, la confianza, la ilusión, la emoción que sentía por Stalin, que sentía por todo lo que representaba la obra que se había realizado, para mí fue como si me hubieran dejado vacía…”. En su caso destaco que, a partir de entonces, jamás volvió a citar a Stalin en sus discursos.

Por cierto, el XX Congreso del PCUS, con su crítica al “culto a la personalidad”, puso fin a esta práctica dentro del PCE, que se había centrado en José Díaz y de manera especialmente exagerada en ella, principalmente con motivo de sus cumpleaños.

Pasionaria vivió como dirigente la puesta en marcha de la política de clase contra clase y el frentepopulismo, la Reconciliación Nacional, el paso de la ruptura a la reforma y hasta el eurocomunismo. ¿Hubo una evolución ideológica de nuestra protagonista en cada cambio o acatamiento de disciplina partidaria?

Hubo varios factores. Desde luego una evolución ideológica, paralela a la del propio PCE y a la del contexto político de España y el mundo. Solo tenemos que fijarnos en la distancia ideológica entre aquel PCE que en abril de 1931 no supo entender la importancia del advenimiento de la República y aquel PCE que, a partir de la sublevación militar del 17 de julio de 1936, se convirtió en su mejor defensor político y militar. O aquel PCE que en junio de 1956 (a veinte años del inicio de la guerra civil y frente a una dictadura inserta en el bloque occidental de la Guerra Fría) dio a conocer su Política de Reconciliación Nacional tras saber leer los cambios que se estaban produciendo en España y que ella misma tuvo que defender con tenacidad ante la militancia comunista en Europa oriental durante los primeros años.

Al mismo tiempo, creo que prevaleció en ella siempre una posición de cuidar la unidad del Partido; por esa razón, no se inmiscuyó en los años 70 en las ásperas polémicas que enfrentaron a Carrillo y su equipo de dirección con los dirigentes soviéticos. Al mismo tiempo, en abril de 1978, en las vísperas del IX Congreso, firmó un artículo de opinión en El País justificando la supresión del leninismo en la definición ideológica del Partido.

Has consultado importantes fuentes para la elaboración de tu monografía, siendo especialmente destacables los fondos de la familia hasta ahora inéditos. ¿Qué problema has tenido como investigador a la hora de abarcar una figura que ha generado tanta literatura?

Desde luego, los fondos del archivo personal de Dolores Ibárruri son un verdadero tesoro documental no solo para escribir su biografía, sino también para la historia del PCE. Soy el primer historiador que lo ha podido revisar y citar de manera profusa. Junto con la documentación del Archivo Histórico del PCE, se trata de dos repositorios inmensos que cubren un siglo de historia. Si a ello le añadimos la documentación de otros archivos, la prensa comunista (principalmente Mundo Obrero, Frente Rojo, España Popular y Nuestra Bandera), la bibliografía de referencia sobre la historia del PCE, la historia de España (desde el periodo de la Restauración hasta la Transición) y universal (el “siglo XX corto” en palabras de Hobsbawm), divisamos un verdadero océano bibliográfico. Ha sido un trabajo arduo y complejo para construir un libro de 608 páginas. La experiencia de mis biografías anteriores (Salvador Allende, Pablo Neruda, Augusto Pinochet, principalmente) y el oficio acumulado con los años han sido la tabla de salvación.

¿Puede decirse que con Pasionaria tenemos desinformación, precisamente por exceso de información?

Esta afirmación serviría para el grupo de historiadores, al que perteneces y que cito con reconocimiento en la introducción del libro, que con vuestras investigaciones en las dos últimas décadas habéis renovado de manera definitiva el estudio de la historia del comunismo español.

En cambio, me parece que para el común de la ciudadanía Dolores Ibárruri es una figura ya lejana, casi desconocida, más allá de algunas imágenes icónicas de la Transición o de la guerra civil, los tópicos al uso o la consigna del “No pasarán”, que procede, por cierto, no de un discurso suyo, sino del llamamiento del PCE que ella leyó ante los micrófonos de Unión Radio Madrid el 19 de julio de 1936.

Confío en que esta biografía sirva para recuperar la historia de su vida y de su trayectoria política, que merecen ser conocidas por los lectores del siglo XXI.

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