Simone Biles y su derrumbe

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Probablemente la gimnasta norteamericana Simone Biles nos ha dejado ya la imagen que se convertirá en el recuerdo icónico de los presentes Juegos Olímpicos de Tokio. Por desgracia, la atleta, de la que todos los aficionados y espectadores esperábamos grandes marcas, no será recordada, en estos juegos, por sus éxitos deportivos sino por haber puesto en relieve del modo más llamativo la enorme tensión que pueden llegar a soportar los deportistas de alta competición. Simone Biles se derrumbó. Llegó un momento que no se sentía capaz de continuar. El día 27, recuerden, abandonó la competición por equipos.

Biles es humana y tuvo un límite. Por supuesto que ver derrumbarse ante la presión a una joven sana y capaz de las proezas que ya nos había mostrado en anteriores citas sorprende. E invita a la reflexión sobre si aficionados y, sobre todo, medios, no están convirtiendo lo que debería ser un espectáculo y actividad sana en un circo macabro que machaca a quienes toman parte en él. Así que el asunto ha sido ampliamente comentado tanto en los aspectos estrictamente deportivos como en los personales y humanos. El lugar común que se ha desarrollado en los medios es alabar a Biles por reconocer el problema que sufría y por mostrar la realidad de los problemas de salud mental desde una plataforma mundial como la que proporcionan unos juegos olímpicos.

Sin embargo, a este villano de Madrid le gustaría analizar otros aspectos. De antemano digo que no me vengan con la martingala de que no hay que mezclar política y deporte, porque eso tendría sentido en un mundo ideal, pero ya somos todos mayorcitos para saber que la geopolítica ha influido y condicionado a fondo la historia olímpica casi desde sus inicios. En uno de los ejemplos más conocidos, el régimen nazi quiso convertir los juegos de Berlín 1936 en escaparate de la raza aria, y la cineasta Leni Riefenstahl, tan talentosa cinematográficamente como aborrecible en lo ideológico, nos dejó una magna obra de propaganda en forma de documental. La hazaña de Jeese Owens, un atleta negro ganador de cuatro medallas de oro, dio al traste con la idea de transmitir la superioridad aria y el berrinche de Hitler negándose a felicitarlo es una de las imágenes más recurrentes de la relación de política y deporte.

Pero fue a la vuelta del paréntesis obligado de la Segunda Guerra Mundial cuando la relación de la geopolítica con las olimpiadas alcanzó sus mayores cuotas. Durante la Guerra Fría el altavoz propagandístico de los juegos fue ampliamente utilizado por ambos bloques. Por cierto, cabe decir que en general el bloque socialista se limitaba a exhibir su excelente política deportiva de masas como escaparate de su país. Algo que por otra parte es la misma base de esta competición. Pero el bloque capitalista no dudo en presionar políticamente, mezclar argumentos y coaccionar para intentar desacreditar a sus adversarios. He aquí algunos episodios.

Los juegos olímpicos de Melbourne en 1956 estuvieron a punto de no celebrarse por las fricciones geopolíticas. En fechas muy cercanas a los mismos estallaron dos crisis internacionales: la de la nacionalización por Gamal Abdel Nasser del Canal de Suez y la revuelta anticomunista —como casi siempre aquí esta palabra es eufemismo de fascista— de Hungría, finalmente sofocada por la URSS. La tensión entre ambos bloques provocó que varios países, entre ellos España, declinaran su participación en protesta porque se permitiera competir a la Unión Soviética. Recuerden este dato porque volveremos sobre él.

En Múnich 1972, el equipo de baloncesto de los USA recibió una enorme bofetada en su orgullo al perder por primera vez en unos juegos olímpicos en la final contra la URSS. Cierto que el desenlace llegó con una canasta polémica sobre la bocina, pero lo que pasó después es una de las mayores vergüenzas nunca ocurridas en la competición: en un alarde de exquisita deportividad — modo ironía on—, los USA se negaron a recoger la medalla de plata, que a día de hoy sigue en una caja en la sede olímpica en Suiza, y aún no han reconocido su derrota.

Cuando en Moscú 80, por primera vez, un país del bloque socialista iba a organizar el evento, recuerden, la democracia ejemplar en el mundo decidió vender armas a los integristas islámicos de Asia Central en la llamada Operación Ciclón, cuyo objetivo era empantanar a la URSS en una guerra larga, cosa que finalmente ocurrió con la intervención en Afganistán. Exagerando su numerito propagandístico, los USA se negaron a acudir y varios países del bloque capitalista los secundaron, sin duda en pleno ejercicio de su soberanía nacional —de nuevo hablo irónicamente—. ¿Qué era la banalidad de una prueba deportiva ante la compasión y apoyo que merecían aquellos integristas germen de los talibanes en su lucha por la «libertad» capitalista?

En Los Ángeles 84, la URSS devolvió el golpe no acudiendo a los juegos, es lógico.

Esto solo en el aspecto organizativo, luego están las campañas de desprestigio contra los éxitos de los países oficialmente «malos». Todos conocemos el dopaje de estado de la RDA y sus nadadoras hormonadas ¿verdad? Pero ¿a que muy pocos saben que en tiempos recientes se ha conocido que la RFA dopaba mucho más a sus atletas? Aquí tienen un reportaje al respecto. A fin de cuentas todos sabemos que la Stasi se comía crudos a los niños, pero muy pocos conocen las prácticas del servicio secreto de la Alemania Occidental, el BND, lleno de criminales nazis desde sus inicios, empezando por su jefe, el criminal de guerra Reinhard Gehlen, y dedicado al sabotaje y el terrorismo en el marco de la Operación Gladio. Y se ha llegado a convertir en un lugar común que la URSS fusilaba a los atletas que no lograban medalla. Si no se lo creen prueben a publicar algo sobre sus éxitos en las redes sociales y verán las respuestas que empiezan a recibir. ¿Y recuerdan el nombre de Nina Zhivanevskaya? Antes de Mireia Belmonte esta nadadora nos obtuvo una medalla de broce en Sidney 2000. Por su nombre habrán notado que no era producto 100% nacional ¿verdad? En efecto, esta nadadora había nacido en Rusia y se vino a España, donde se nacionalizó, durante la terrible crisis que trajo a su tierra natal la década de los 90 con la caída del bloque socialista. Sin embargo, la versión oficial era que huía de los métodos de entrenamiento rayanos en la tortura del sistema soviético.

Otra vertiente son las continuas operaciones de compra y soborno de desertores de países socialistas, que se extienden hasta hoy, donde los USA aún compran sobre todo beisbolistas y boxeadores cubanos, aplicándoles unas condiciones que no se aplican a los inmigrantes de ningún otro país del mundo en los USA. Esta práctica, por cierto, también la ejercía la RFA con la RDA en muchos terrenos, no solo el deportivo: tecnología, ciencia… Aquí ha llegado el momento de que recuerden la fantochada del gobierno franquista en Melbourne 1956 de la que antes les hablé: el mismo aparato mediático que nos comenta a todas horas las deserciones de atletas sedientos de libertad huidos de los países socialistas, sin embargo, se guarda mucho de que recuerden que el gran gimnasta español Joaquín Blume, sintiendo que si no acudía a dichos juegos perdería su mejor momento, consideró muy seriamente la posibilidad de nacionalizarse alemán para competir en los mismos. Como también evita por todos los medios recordar que el trato cotidiano que recibía por el color de su piel en los USA Jeese Owens no difería mucho del que le hubiera dado Hitler.

¿Acabó esta situación con la Guerra Fría? No, padre. ¿Se han fijado en que Rusia compite en los presentes juegos bajo el nombre COR (siglas de Comité Olímpico Ruso) y que en sus triunfos no se pone su bandera ni su himno? Es producto de una absurda sanción antidopaje nunca aclarada, seguramente promovida por quien ustedes saben. Y por supuesto los chinos también usan métodos de tortura para entrenar a sus atletas.

Bien, llega la hora de la conclusión. Con estos antecedentes ¿es mucho suponer que si el equipo de gimnasia de Cuba, China o Rusia hubiera sufrido en los últimos tiempos escándalos como la presencia de un médico depredador sexual con la aquiescencia, cuando no la promoción, de sus autoridades deportivas, y el abandono por problemas de ansiedad de uno de sus atletas el tratamiento sería distinto del que se da al caso de Biles con los USA? Me da que merecerían más comentarios que la grandeza de esos países poniendo en relieve la terrible realidad de las enfermedades mentales. Desde luego aquí lo importante es la salud y el bienestar que merece todo ser humano, también Biles. Y ansío profundamente el día en que podamos ir al deporte sin ver nada más que el espectáculo de la competición. Pero igual que la URSS no acudió a Los Ángeles 84 en respuesta al desaire previo, mientras el mundo no sometido a los USA sea atacado en este frente deberá defenderse con todos los medios a su alcance, también este.

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