Patria, la serie que define el dolor y la esperanza.

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Cuando vi el nombre y el título de la serie que hoy vamos a acercar, me vino la maravillosa obra de mi amiga y compañera María San Miguel (la última en su trilogía sobre el conflicto vasco), titulada “Viaje al fondo de la noche”. En ella (y sin ánimo de hacer spoiler), los personajes, que sacan sus respuestas de entrevistas hechas por la autora, intentan definir lo que es la patria. Dan alrededor de 20 respuestas, las cuales son confusas y a menudo no llevan a dejar nada en claro, consiguiendo un efecto real de definición, con lo indefinido, lo absurdo y lo confuso. Esto es una de las partes que también se consigue con esta serie, Patria.

Patria está basada en el libro de Fernando Aramburo, del mismo nombre, escrito en 2016 y que, pese a su temática, tuvo una gran acogida de público y crítica. El creador de la serie, Aitor Gabilondo, llegó a comprar los derechos de la novela nada más leerla, antes de ser exitosa, a sabiendas del potencial de la historia. Poco después la HBO se interesó por la serie y con tiempo, comenzaron la producción más ambiciosa en la que se han embarcado en nuestro país. Así, con la dirección de Félix Viscatter y Óscar Predraza, un diseño de producción y una fotografía ejemplar, que nos lleva directamente a las épocas en las que transcurre (los años 90, hasta 2011), llegó el 27 de septiembre a nuestras pantallas, a través de la plataforma HBO España. Cuenta con 8 capítulos de una hora aproximada de duración.

La serie nos muestra una historia, una entre tantas, sobre dos familias vascas, que pasan de ser amigos, a representar las dos facetas del conflicto. Por un lado, una azotada por el terrorismo de ETA, por el otro, la familia que tiene un miembro en la organización terrorista. En ellas, las madres son el motor de la familia y su amistad se ve sesgada de un día para otro. Bittori y Miren son las matriarcasque viven la polarización de un actoque cambiará sus vidas y las de sus familias, para siempre. El asesinato del Txato, marido de Bittori será el desencadenante de que cada familia se posicione.

La serie tiene una narrativa de asociaciones, entre 2011, cuando la banda ETA abandona la lucha armada, y los años 90, que es cuando se produce el atentado, momento al que se remite con periodicidad aportando una visión muy literaria. Y es sumamente destacable la ambientación, pero sobre todo, el trabajo del maquillaje, pues al principio no puedes dar crédito a que los actores sean realmente los mismos en ambas etapas.

El elenco elegido por Gabilondo y HBO es uno de los grandes aciertos de la serie. Por supuesto, como pide la serie, todos son vascos, aportando una veracidad muy necesaria. Pero hasta los personajes de otras comunidades siguen siendo de esas comunidades, como el gaditano Manuel Morón. Cuenta con Eneko Sagardoy, el ganador del Goya por Andia, muy alejado de aquel personaje y con una carrera prometedora. También un veterano Mikel Laskurain, en un personaje que te hace estremecer, consiguiendo una empatía brutal por su conflicto interno.  Pero aquí las grandes son precisamente las protagonistas, Elena Irureta y Ane Gabarain. Sus papeles son del todo paralelos, cada una hacia una parte, viviendo cada una su drama, a su manera, dando toda una lección de interpretación, tanto de jóvenes, como de maduras. Si hay que destacar un arco interpretativo, en realidad sería el del papel de Miren, por su fuerza, su carácter, sin llegar al cliché y viviendo un conflicto constante. Aunque también el papel de Bittori es espectacular, porque lleva a romper con prejuicios que en su situación cabrían esperar. Indudablemente, fantásticas. Pero es que todo el elenco está igualmente fantástico, tanto los grandes como los pequeños papeles, un lujo.

Lo mejor, diría que es un gran acierto la elección del elenco junto a todo el equipo técnico. Lo peor, que, si buscas algo, quizás te encuentres lo contrario, pero eso creo que es a la vez su mejor arma.

La serie, provocó mucha polémica al sacar un cartel, antes de ser estrenada, en el cual se veía una tortura a un preso y a una mujer abrazando a su marido muerto (ya podéis imaginar quien es). Gabilondo tuvo que salir a decir que no estaba equiparando la tortura con el asesinato. No tiene sentido. Pero el hecho es que las dos cosas sucedieron (o sucedían). No os equivoquéis, en esta serie no vais a encontrar una visión que os vaya a hacer sentir apoyado en vuestra versión sobre el conflicto vasco, de hecho, remover un poco la conciencia es su punto fuerte. Si eres un partidario abertzale, te vas a encontrar de cara con el drama de las víctimas de ETA, y si aborreces a la banda armada, vas a encontrarte con serios conflictos internos al ver algunas actuaciones del estado (que también existían, es innegable); aquí nadie sale bien parado.

Porque hubo atentados y asesinatos por parte de ETA. Y no solo a miembros del ejército, policía, o políticos incómodos, también hubo víctimas civiles, demasiadas. Pero también hubo unos GAL (cuyas víctimas aún no han sido reconocidas como víctimas del terrorismo), hubo represión, torturas y asesinatos, o gente que, por arte de magia, se moría en los interrogatorios, demasiados.

Pero si te quitas tus prejuicios y ves lo que muestra la serie, hay algo que no te cabrá duda: ya es suficiente. Suficiente de rencor, suficiente de odio y de usar a las víctimas políticamente, en cualquier dirección. La serie invia a dialogar, a ponerse a hablar sobre todo lo que es incómodo. Y esto es lo que puede aportar. Un poco de esperanza a que, al fin, haya verdadera paz. Después de tanto dolor, aún hay esperanza.

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