¿Es la Teoría Queer Antimarxista?

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NOTA PREVIA: Este artículo salió en formato tuitero en junio, a raíz de una entrevista que le hicieron a Lidia Falcón en el digital El Español, en la que ella comentaba la base ideológica que está presente en la teoría Queer y de una de sus respuestas, que pasó desapercibida, ya que como es costumbre -mala- las críticas a su bien fundada opinión se centraron, una vez más, en si llamaba proxenetas o no a los queer. Así que cogí su opinión y revisé cuáles son los mimbres ideológicos de la teoría Queer. No he retocado el original que publiqué en Twitter, salvo por algún error sintáctico.


Leo la entrevista y comentarios. Me quedo con la primera pregunta y respuesta, que curiosamente es la que casi nadie comenta.
https://www.elespanol.com/espana/politica/20200629/lidia-falcon-ley-trans-izquierdas-hormonar-cambie/501200291_0.html

Ésta aparece en círculos académicos de USA en los 90 ocupados en los estudios sobre la homosexualidad y en relación con el activismo torno al Sida. Se centra en la cuestión de la identidad, el género y la orientación sexual.

La teoría queer no es una teoría unificada, hay tantas como autores, sin definiciones únicas. Si bien, hay puntos comunes, pe: la identidad no es real, sino algo cultural. Así, ser hetero, homo, bisexual, trans… son productos culturales que podemos modelar a nuestro antojo.

Que sea de los 90 es consecuencia del vacío ideológico en la izquierda tras el mayo francés del 68, la Primavera de Praga, el eurocomunismo, la guerra de Vietnam y el éxito de la escuela de Chicago. A lo que se suma en los 80 la Perestroika y la caída del muro de Berlín.

Los grupos feministas que habían sido cercanos al socialismo empiezan a alejarse de los ideas de Luxemburgo, Zetkin o Kolonttai, acercándose a las políticas identitarias y crear grupos de autoayuda locales. Por ejemplo Las mujeres de Boston.

Su trabajo se centra en el intercambio de experiencias, proyectos personales y en asegurar lo ya conseguido. Aparecen las primeras casas de acogida y los teléfonos tipo 016, los ministerios de la mujer y cátedras y estudios en las universidades.

Ese feminismo institucionalizado cambia la lucha de clases por la lucha contra el “patriarcado”. El sujeto ya no era la clase y cómo la mujer en su liberación apoyaba este cambio, sino sólo la mujer oprimida. Olvidan a Kolonttai de 1907: “las mujeres pueden llegar a ser verdaderamente libres e iguales sólo en un mundo organizado mediante nuevas líneas sociales y productivas”.

En este análisis del patriarcado y de cómo se llegaba a ser mujer va tomando cuerpo la idea de diferenciar entre el sexo biológico y el género -socialmente adquirido-. Y ahí se recurre a lo que en 1949 expresó Simone de Beauvoir, y se ha manoseado:

No se nace mujer: se llega a serlo. Ningún destino biológico, físico o económico define la figura que reviste en el seno de la sociedad la hembra humana; la civilización en conjunto es quien elabora ese producto intermedio entre el macho y el castrado al que se califica como femenino.

Y de aquí salen las ideas centrales de la teoría queer, tal y como Butler et al. la han desarrollado:
1. La “mujer” no existe.
2. Es moldeada y educada. (Esto último es cierto).

Pero si la “mujer” no existe, ¿quién es el sujeto de su lucha? O dicho de otra manera: ¿Quién tiene el derecho de representar a las mujeres? Lo identitario parecía una solución: quien se identifique con la lucha de la mujer y diga serlo.

Y en esa lucha contra la discriminación de la mujer y su invisibilización se coincide con el movimiento gay, lesbianas y cualquier grupo marginal y estigmatizado por la sociedad. Y como la izquierda andaba de capa caída ante el “fin de la historia”, pues la cosa pintaba muy mal.

Y en esta situación fue que el postmodernismo, que niega la existencia de la realidad objetiva y se recrea en las pequeñas “narrativas” personales de lo percibido, va ganando terreno la vivencia y la forma de expresarla. El lenguaje es la realidad y la construye.

Y así, entre el postestructuralismo de Foucault, el deconstrutivismo de Derrida y el psicoanálisis de Lacan se cuece la sopa de la teoría queer. Lo que explica la dificultad de leer El Género en Disputa: Feminismo y la Subversión de la Identidad (1990), de Judith Butler.

De este modo, y saltándose la idea de Beauvoir en El segundo sexo, afirma: “Hay muy poco acuerdo acerca de qué es, o debería ser, la categoría de las mujeres”. Ya está todo preparado para que mujer pueda ser cualquier cosa o sujeto.

Como punto de partida Butler toma el dualismo entre sexo biológico y género social. ¿Cuál es el origen de “mujer”: la biología o es la noción cultural de feminidad, y cuál es la relación entre estos ambos?

En este asunto de sexo biológico y rol de género está la cuestión de qué bases filosóficas tenemos sobre el mundo: idealismo o materialismo, ya que la teoría queer percibe el mundo, ante todo, a través de la cuestión de género.

La base filosófica de una teoría es cualquier cosa menos inocente. Según tenemos una visión idealista o materialista del mundo es relevante preguntarse si se puede eliminar la opresión de las mujeres con ideas, lenguaje, educación… o a través de cambios materiales en cómo vivimos y producimos.

El marxismo es materialista: nuestras ideas son funciones de nuestro cerebro, sentimos nuestros cuerpos en un mundo material, nuestra cultura y vida es un resultado de cómo vivimos y cómo producimos. Somos interacción con la naturaleza, de la que somos parte.

Y entre idealismo y materialismo, la teoría queer toma partido: el idealismo. Butler escribe: “Algunas teóricas feministas se han basado en la antropología estructuralista de Lévi-Strauss -que presenta la problemática diferenciación entre naturaleza y cultura- para tratar de respaldar y explicar la diferenciación entre sexo y género: la idea de que hay una mujer natural o biológica que más tarde se convierte en una “mujer” socialmente subordinada, con el resultado de que el “sexo” es a la naturaleza o a «lo crudo» lo que el género es a la cultura o a «lo cocido».

Quiere disolver esta distinción entre sexo y género, concretamente declarando el sexo biológico una construcción cultural. Luego, los sexos no son reales. Esta es la razón de porqué nuestros cuerpos humanos no son ni macho ni hembra. Ahí tenemos el sex spectrum.

A veces se dice que se exagera y Butler no niega los sexos y la biología, pero es que sus textos son de una abstracción tan posttodo que es casi imposible la crítica. En sus textos se puede leer una cosa u otra según convenga. Lo único constante es su idealismo:

“La presunción aquí es que el ´ser´ del género es una consecuencia, un objeto de una investigación genealógica que traza los parámetros políticos de su construcción del mismo modo que la ontología”.

En román paladino: la esencia es efecto del lenguaje; es decir: la idea, la palabra, es primaria. La materia (realidad), un efecto de ella. De ahí el éxito de las reclamaciones del lenguaje inclusivo y no sexista, y considerar el lenguaje como sexista. Cuando lo es el hablante.

Creen, que si el lenguaje que se emplea es inclusivo el sexismo desaparece del sujeto y del mundo. ¿Se puede ser más idealista? Todo es solo lenguaje. Esto significa que la biología y cualquier ciencia es al final una construcción del lenguaje. ¿Se entiende ahora el “elles”?

Y ello explica que en los textos queer se suele escribir naturaleza, biología, sexo, hombre, mujer, etc., entrecomillados; para mostrar que no se cae en la trampa de creer que el mundo real existe, sino que es una construcción del lenguaje.

Y estos son los mimbres ideológicos de lo queer: la voluntad de ser. El “si quieres, puedes” convertido en “si lo deseas, es”. El retorcimiento del lenguaje para crear la realidad a conveniencia. Idealismo frente a materia. Lidia Falcón ha acertado en esto.

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