Semana Satán

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Existen sevillanos a los que la Semana Santa no nos hace mucha gracia (que tomen nota periodistas de alcurnia que no han hecho más que repetir lo tristes que están TODOS los andaluces porque se hayan suspendido las procesiones). Pero esto no significa que me alegre de que la hayan suspendido, ni mucho menos. Sobre todo, porque da de comer a mucha gente, atrae al turismo y hay personas que la viven muy arduamente, desde la humildad y el respeto (memes de chavales llorando y gritando guapa, aparte por favor). El caso es que hay gente que, si a un “rojeras” como yo le suspenden algo, se alegra mucho y lo comparte. La diferencia es ser un sectario, o no serlo. Y como la Semana Santa va de religiones a veces un poco sectarias, vamos a ver si con esta miniserie, alguno se da por aludido, hoy os traigo Unhortodhox.

La miniserie germana-estadounidense, basada en el libro de Deborah Feldman, Unorthodox: The Scandalous Rejection of My Hasidic Roots de 2012, producida por Alexa Karolinski, dirigida por Maria Schrader y distribuida por Netflix, nos acerca a la vida de una joven que intenta apartarse de la comunidad ultraortodoxa en Williamsburg, Brooklyn, Nueva York, huyendo de su marido, a Berlín, en cuatro capítulos que sorprenden y dan muchos y muy detallados datos gráficos sobre esta sectaria comunidad.

Como dato curioso, una gran parte de a serie, está en yiddish Satmar, el idioma que esta comunidad usa a diario entre ellos. En concreto, la ultra ortodoxia que practican desde su llegada a EEUU, viene arraigada en las comunidades judaicas procedentes de Hungría, que se trasladaron hasta Brooklyn desde diversos países cuando comenzaron a ser perseguidos por la extrema derecha y los nazis de cada zona en concreto.

Los actores están francamente bien, Shira Haas como Esther «Esty» Shapiro, la protagonista, es una joven actriz que tuvo que aprender a hablar yiddish Satmar, para interpretar el personaje y está genial, porque realmente el conflicto no está en la religión en concreto, podría ser cualquier culto llevado al absurdo, es la relación que estas religiones tienen con la mujer en general, pues en su inmensa mayoría, si nos retrotraemos a la palabra divina, la mujer es un mero cuenco para depositar semillas, tener hijos y nada más. Ella, con una humildad y una fuerza enormes, lo muestra sin decirlo. El personaje de su marido, también es destacable, no solo por la interpretación de Amit Raha, actor desconocido y volcado con el montaje, sino porque realmente, da a entender algo muy sencillo, que no te das cuenta de algo desde dentro y menos si eres la parte que tiene privilegios, cosa que más de uno tendría que mirarse. Solo hay un actor que hablaba el idioma originalmente, se trata de Jeff Widbusch, actor judío que nació en otra comunidad ortodoxa de Israel y se convirtió en el consultor de idioma de la serie.

Lo mejor, sin duda, la ambientación. Es detallista, aséptica y realista, sin clichés, que en su momento definen como una producción de época, por la cantidad de esfuerzo que requiere sin que pierda calidad.

Lo peor, yo diría que a veces idealiza la cultura europea, pero claro, en comparación, no hay color.

Como todas las Semana Santa llueve y algunas procesiones no pueden salir, o como esta, hay fuerza mayor que impide salir a las mismas, mi compañera se plantea que quizás sea una advertencia de que “quizás a su Dios, no le guste que saquen muñecos a pasear” y puede que (en un sentido teológico), incluso tenga razón. Por eso, a lo mejor estos supuestos cristianos que se pasan el dogma por el forro del pantalón, pero luego son los más radicales y fervientes devotos, deban mirarse al espejo y empezar a concluir que lo suyo es más algo de folclore y de costumbre, que un acto verdaderamente religioso, porque dudo que hagan la cuaresma o que no coman carne esos seis viernes que abarca. En fin, en mi opinión, disfrutar de las cosas es más importante que dogmatizar todo, así que yo este viernes santo me puse a escuchar Death Metal a todo tren, porque cada uno celebra lo que quiere y yo celebro la Semana Satán. A cuidarse, que no sobra decirlo.

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