Aportes del Pensamiento de Lenin a la Teoría Marxista (Parte I)

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La obra de Lenin (1870-1924), es sin ningún género de dudas, una de las más relevantes e influyentes en la vida política y del desarrollo social del siglo XX. Cuando hablamos de Lenin y su obra estamos hablando de la primera revolución obrera triunfante de la historia, del primer intento por construir una sociedad postcapitalista, más justa y humana. ¿Cómo fue posible esto? Todos tenemos en mente multitud de ejemplos fracasados anteriores y posteriores, y la mayor parte de los que posteriormente triunfarían tienen la huella teórica y práctica del revolucionario ruso.

¿Cuáles van a ser los aportes teóricos de Lenin? ¿Qué va a añadir de nuevo a la práctica y a la teoría del marxismo que permitió el éxito por primera vez en la historia de una revolución obrera y popular? Para responder a estas preguntas debemos de partir del hecho fundamental de que la obra de Lenin es fruto de un contexto y unas determinadas circunstancias de lucha y de polémica. Lucha y polémica no especialmente contra los defensores del capitalismo y del sistema imperialista de fines del siglo XIX e inicios del XX, sino contra adversarios internos dentro del propio campo del marxismo y de la izquierda. En un primer momento contra el desviacionismo de derechas u oportunismo, práctica teórica y política propia de los partidos de la II Internacional; y en un segundo momento, ya más adentrados en la segunda década del siglo, con el izquierdismo, práctica y teoría política propia del aventurerismo revolucionario. En esta entrada, y en las sucesivas, veremos las características de cada uno de ellos.

1.- El oportunismo de derechas o revisionismo

Por oportunismo o revisionismo se puede entender una práctica política que tiene cierta tendencia a proliferar en las organizaciones de la izquierda política y social en momentos de calma del capitalismo. Momentos en los que este se encuentra sólido, y puede permitir un mínimo desarrollo y beneficio de sus clases obreras y populares. No olvidemos que los últimos años del siglo XIX, en pleno auge colonial, serían una de estas etapas. Entre sus principales características tendríamos:

  • Práctica de colaboración de clases. Veríamos como un sector del proletariado, principalmente los jefes sindicales y políticos (la denominada como “aristocracia obrera”) serían los protagonistas de esto. En sus labores de dirección y organización “pactan” con los representantes burgueses, desviando al movimiento obrero hacia posiciones reformistas.
  • Reconocimiento sin reservas de la legalidad burguesa, sin analizar los intereses de clase y de los distintos grupos de presión que han jugado en su configuración, así como el papel en la misma de la correlación de fuerzas entre las distintas clases sociales.
  • Apuesta única y exclusiva por las reformas, renunciando a la consecución de la sociedad socialista. Esto, en estos años de los que hablamos, no se afirma de forma abierta, pero sí en la práctica diaria, cuando se mantiene que el socialismo llegaría como fruto de la práctica reformista, fijándose su construcción a las calendas griegas.
  • Parlamentarismo burgués a ultranza, renunciando a la creación de tejido social, jugándose todo única y exclusivamente a la vía electoral.
  • Desprecio a la teoría revolucionaria y seguidismo de la práctica espontánea de las masas. De esta forma se deja al movimiento obrero a la merced de la ideología y los pensadores de la burguesía, que gracias a su poder económico consiguen impregnar al conjunto social de su ideología legitimadora, al no elaborarse una visión alternativa que la contradiga.
  • Concepción del Estado y de las estructuras estatales como neutrales en el conflicto capital-trabajo. Es más, se contempla al Estado como una entidad que procura el bienestar de toda la población, y no como unas estructuras de ordenamiento social al servicio de las clases dominantes. Este vaciamiento del contenido de clase del Estado por parte del reformismo, se acentúa aún más en regímenes democrático-burgueses. De esta forma, se anula toda crítica que se pueda hacer desde el movimiento obrero a su actuación.
  • Sacrificio de los objetivos estratégicos del movimiento obrero y socialista por los tácticos, desvirtuándolo en consecuencia, lo importante para esta práctica política sería el movimiento pero no los fines. En la práctica son pactos que acaban beneficiando de una u otra manera a la “aristocracia obrera”.

Varias son las causas de este fenómeno, que de alguna manera también está muy presente en la vida política de la izquierda actual en los países del centro capitalista e imperialista:

  • Raíces económicas. Beneficios de las clases obreras centrales fruto de la explotación imperialista, volviéndose por tanto más susceptibles al reformismo antes que a salidas revolucionarias.
  • Raíces sociales. Entrada en el seno del proletariado de capas pequeño burguesas, impregnándolo de su mentalidad, su entrada se explica por la ruina de estos sectores ante su incapacidad para poder competir con las grandes industrias y multinacionales. A ello también se une los intereses y las maniobras de la gran burguesía y la oligarquía por degenerar al socialismo (presiones políticas e ideológicas).
  • Raíces gnoseológicas. El marxismo-leninismo es una ideología altamente complicada para que pueda ser producido directamente por el movimiento obrero y sindical. Para ello es necesario la colaboración de determinadas capas intelectuales. Por tanto, no es fácil hacerlo llegar así como así a los trabajadores.

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