Investidura en mano, ciento volando

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Sergio Sánchez Sanz

Tan estéril sería caer en el izquierdismo que llevó a un grupo de jóvenes comunistas a gritar, durante la proclamación de la II República Española “¡abajo la República burguesa! ¡Vivan los soviets!” en la Puerta del Sol de Madrid, como convertirse en los guardaespaldas de Pedro Sánchez. Siendo ésta la sensación que da Pablo Iglesias incluso previamente a la investidura fallida, nacida de los resultados del 28A, en los debates electorales de la misma. Cuando su función, más que la de un candidato a presidir el Gobierno de España, parecía la del representante de una corriente dentro del PSOE, recogiendo así los votos de los desengañados del PSOE y heredando la tradición comunista encauzada dócilmente dentro del sistema.

Desde aquel abril, del que tan sólo han pasado unos meses de sequía, ha llovido bastante políticamente. De aquel PSOE intransigente con la izquierda a su izquierda no queda ni el recuerdo. Llegamos a las elecciones del 10N con una clarividencia respecto al papel del PSOE en la historia reciente de este país que parecía incluso fruto de la experiencia del maltrato y odio de este partido hacia los comunistas.

Como sabemos, si alguna capacidad tiene el partido por excelencia del Capital español, es la de ponerse el disfraz que más le conviene en el momento adecuado. Hoy, ese mismo PSOE, que nos parecía poco más que un apéndice del Partido Popular, de nuevo se ha desquitado de esa imagen derechosa y se ha puesto el disfraz de socialdemócrata, bailando al filo de las normas del libre mercado para que sea el currito el que se lleve la parte más jugosa del pastel.

¿Cómo comprender cuál es la cara real de Pedro Sánchez y su tropa en este enrevesado baile de máscaras? Si nos atenemos a su tradición de traiciones históricas hacia la clase trabajadora y hacia los principios de los que hace gala, seguramente veremos tras la máscara al mismísimo Felipe González. Si preferimos, por el contrario, en un ejercicio de buena voluntad, tener el acto de fe que nos demandan sus nuevos socios de Gobierno de Unidas Podemos, tras la máscara de Pedro Sánchez tan sólo veremos una convicción inédita en las últimas décadas en el rumbo del PSOE. La inocencia política, que es casi un don tras estos años grisescasinegros, es la que los representantes de Unidas Podemos presuponen a sus electores, una inocencia que al no ser tal, parece incluso estupidez.

Establecido el preámbulo del contexto en el que nos movemos, nos situamos ahora en el Primer Pleno de Investidura, momento histórico que ya es un soniquete en la cabeza de cualquier español –lo poco gusta y lo mucho cansa –pero bien, esta vez parece histórico de verdad porque al fin nuestro Phil Connors se ha atrevido a declararle su amor a Rita, y éste ha triunfado entre Pedro y Pablo –Alberto se ha esforzado mucho en encender las velas para hacer de ésta una cita idílica –y llegamos al momento triunfal, o trágico.

La política no es una ciencia exacta, aunque tenemos elementos de análisis que nos permiten intuir qué viene a continuación. Por ello afronto con pesimismo la investidura, con un Pedro Sánchez asumiendo todas las competencias de la izquierda, la que él representa y la que (en teoría) representan sus nuevos socios de Gobierno. Llegamos ahora a la piedra roseta de esta historia: cuenta Enric Juliana en una entrevista con el propio Pablo Iglesias, que González recibió un mandato sobre el papel que debía jugar el PSOE de la Transición “Que no ganen los comunistas”. Y no ganaron, pero se mantuvieron a su izquierda. Después este espacio a su izquierda, si bien electoralmente no tuvo opciones de Gobierno, fue incómodo.

Surgió Podemos, dicen que del 15M, otros que de un laboratorio y otros de los despachos de las altas instancias del poder, la cuestión es que con ellos ese espacio incómodo saltó por los aires y dejó de existir tal y como lo conocíamos hasta la fecha. Por aportar lo que ahora nos interesa, se abjuró de la tradición comunista que imperaba a la izquierda del PSOE y como el 15M vino a romper con todo aquello que tuviese cierta veteranía los nuevos muchachos que pasarían a la primera línea de la política acusaron a todos sus rivales (hablamos ahora del seno del PCE e IU) de carrillistas. Ellos, por el contrario, iban a traer un proceso constituyente y a romper con la vieja tradición pactista entre el PSOE y sus aparentemente aliados más afines.

Disuelto el espacio tradicional a la izquierda del PSOE y rebajadas sus propuestas programáticas para no asustar viejas, sólo quedaba la estocada final: la asunción del PSOE de las competencias tradicionales de dicho espacio para dejar sin lugar a quienes ahora detentan su lugar parlamentario y así ampliar su capacidad institucional sin depender de incómodos aliados.

Y así, llegamos al final de toda esta historia, que coincide con las sesiones de Investidura del día de hoy. Como es natural, cabe hacerse una pregunta, ¿es convicción lo que impera en las filas socialistas, el espíritu de Olof Palme se ha aparecido en las sedes del PSOE como una fuente de inspiración política? ¿O por el contrario estamos ante otra estudiada estrategia para cerrar por fin el mandato al PSOE de la Transición para “que no ganen los comunistas”?

Viendo el cierre de filas en torno al nuevo Presidente Pedro Sánchez, diría que, si no se pretendía el abrazo del oso del PSOE a su izquierda, éste no va a tener que esforzarse demasiado en conseguirlo. Unas cuantas carteras ministeriales, o ministerios sin cartera, han bastado para que a quienes llegaron a la primera línea de la política azuzando a diestro y siniestro el espíritu del carrillismo ahora se encomienden a él y quienes iban a sorpassar al PSOE y abrir un proceso constituyente ahora defiendan a un Presidente con sede en Ferraz al grito de “ley, ley y ley”.

Es natural entonces que, habiendo abandonado sus funciones los parlamentarios a la izquierda del PSOE, Pedro Sánchez las haya asumido todas (antifascista, líder obrero, republicano y casi marxista) consiguiendo la ovación cerrada de todo el espectro de la izquierda parlamentaria y de su electorado. Lejos de emocionarme, me horroriza.

*Cabe decir que las reflexiones trasladadas en estas líneas pretenden esbozar la nueva realidad que se puede establecer en el espacio de la izquierda, cuestión independiente de la labor del Gobierno la cual, si bien no espero, sí deseo que sea fructífera para la clase trabajadora, de un modo u otro. 100 días de cortesía.

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