Esa navidad

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Como diría el Rober “Merry Christmas, Manué” (y el que sepa por dónde voy ya conoce como sigue). Yo no soy muy navideño, no porto el famoso espíritu de la navidad porque veo muy hipócrita que se adhiera solo a unas fechas al año “Esa sensación de solidaridad y compartir que flota en el ambiente y se renueva mágicamente cada diciembre.” (lo he sacado de la página más cursi que he encontrado). Porque compartir y ser solidario no es flor de un día, o al menos no debería serlo si aspiramos a ser una sociedad más justa e igualitaria.

Por encargo (o casi), de mi amigo Alejandro Sánchez (@alejandrosanmo) os voy a hablar de una serie navideña, pero de otra navidad, de esa que vivimos más veces de lo que parece, basada en esos momentos de verdadera comunicación, que sientan como un terremoto en la vida de los más ingenuos o los que más se esfuerzan por guardar las apariencias. Y si bien es cierto que, la intensidad de estos choques es más acompasada y menos dramatizada, todos podréis sentiros identificados con algunos momentos de esta serie, Días de Navidad, de Netflix.

Se trata de una miniserie española de tres capítulos de una hora aproximada de duración, dirigida por Paul Freixas (Pulseras rojas, Sé quién eres), que gira en torno a una familia que pasa por tres momentos clave de su relación, en la susodicha celebración invernal.

Para empezar, debo decir que no esperaba nada. Bueno, sí esperaba, pero me fue sorprendiendo paulatinamente y encontré otras cosas. Y es que debo advertir que la serie en sí, tal y como llegan a decir en un momento, no se trata de un testimonio ultra veraz, sino que la memoria va engarzando recuerdos y estos se ven cada vez desde un enfoque. Con esto se quiere decir que no hay que mirar la serie con el prisma del realismo, pues hay momentos que no se tienen en pie de esta forma, hay que verlo como un cuento, un cuento Navideño, pero desde una perspectiva menos comercial y con un mensaje mucho más interesante.

Pero vayamos por partes, hablemos antes del factor técnico y estético de la serie, que como bien nos está acostumbrando Netflix, tiene una producción muy bien conseguida, a nivel visual, a nivel escénico, con un magnífico trabajo de vestuario y de caracterización por épocas y una fotografía espléndida de Gris Jordana. La localización es espectacular, en una casa enmarcada con montañas y el lago helado (si alguien ha conseguido saber dónde es, por favor, se lo agradecería, porque me he vuelto loco buscando y nada).

Del elenco, ¿qué decir? Se trata del elenco de mujeres españolas más fuerte visto hasta la fecha en la plataforma Netflix y casi me atrevería a decir en el mundo de las series españolas. Ángela Molina, Anna Moliner, Nerea Barros, Elena Anaya, Victoria Abril, Verónica Forqué, Charo López y Verónica Echegui. Los papeles masculinos son interpretados también por muy buenos actores, destacando a Antonio Dechent (que ya os contaré algún día mi experiencia con él), en el arquetipo de guardia civil malvado y Francesc Garrido en el papel del padre amoroso, que están más que correctos, pero el peso de la miniserie está en ellas.

La serie transcurre en cada capítulo el 25 de diciembre, en la misma localización (solo hay dos pequeñas partes en toda la serie en la que cambian), la casa familiar y sus aledaños. Con personajes que vienen y van según la época, lo cual es bastante elocuente y dentro de los preparativos de la comida, con sus leitmotiv (tanto musicales como escénicos). Por episodios se entenderá todo mejor:

Como adelanté, el primer episodio (van cronológicamente), es casi un cuento, en el que los arquetipos predominan frente a los personajes realistas, los buenos son muy buenos y los malos son muy malos (como diría Fito), situado en los años 50. En él, se gesta el gran secreto que la familia deberá cargar durante toda la trama y se irán perfilando otros. En mi opinión personal, es el episodio más flojo, pero es la base de lo que más tarde consigue resarcirse. Las cuatro niñas protagonistas, muy bien buscadas para las actrices que harán sus personajes en el segundo episodio.

El segundo episodio, unos 15 o 20 años después, nos presenta a los personajes con más riqueza, con Elena Anaya, Verónica Echegui, Nerea Barros y Anna Moliner que, junto a Alicia Borrachero en el papel de la madre, aportan más secretos y más mentiras familiares, que permitirán ahondar en el drama familiar e incluso el drama temporal (situado en esta etapa en los 70). Este episodio gana en calidad y en verosimilitud, haciendo que la miniserie crezca de manera flagrante y esperanzadora.

Y como capítulo de cierre, que transcurre unos treinta años después, en una especie de tiempo actual y que el gran elenco de actrices se encarga de llegar a su culmen. En este episodio, Ángela Molina, Charo López, Verónica Forqué y Victoria Abril toman las riendas de la acción para decir “Aquí estamos nosotras” y dar una lección que a veces se olvida. Ésta no es la de que “quien tuvo retuvo”, es que la edad no es un inconveniente y que tirar a la basura a actrices porque ya tienen unos años, es un error que vamos a pagar caro, pues se estará desperdiciando el talento y la profesionalidad curtida en las tablas. Este desperdicio lo hace la industria, de mala manera y por intereses más que dudosos, o si no que le pregunten a Meryl Streep, aunque en realidad lo que hay que preguntarse es a cuantas Meryl Streep nos hemos perdido.

Lo mejor, sin duda, el elenco que hace que la miniserie crezca en cada capítulo.

Lo peor, para mí, es que el primer capítulo cuesta, pero se solventa con creces en los siguientes.

Como reflexión tras la visualización, destacaría el tema principal, que está más sobre la mesa que nunca. Hoy que estamos a pocas semanas del momento en el que nos juntemos en familia o con los amigos, o con nosotros mismos, es el momento de lidiar con esas partes oscuras, de nuestra historia en general, de nuestro pasado en particular. Este año, puede que sea un buen momento para decir eso que no contaste, o para preguntar eso que nunca te atreviste o para hacer el “mic drop” que tanto has querido hacer, haciendo de estas fiestas algo aún más especial.

1 Comentario

  1. Comentar que el director de la serie, muy majo, me dijo que la casa está en una localidad llamada La Garriga, cerca de Barcelona y la montaña es la de Lles, el lago es recreación

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