Multiverso

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Según la teoría del multiverso, el nuestro no es sino uno más entre una infinidad de universos que, algunos parecidos, otros muy diferentes, existen en paralelo al nuestro. Según ciertos místicos, los sueños son portales mediante los que se puede viajar entre estos universos. Así es como, en una noche de insomnio en su piso de Vallecas, se encontró Pablo Iglesias sin poder pegar ni ojo. La necesidad que Pedro Sánchez, dormido plácidamente en La Moncloa, tenía de sus votos para poder investirse Presidente lo atormentaba. Sabía que entrar en un gobierno con el PSOE no serviría de nada. La Unión Europea le ataría las manos desde un principio. Los compromisos que conlleva el Euro no le permitirían llevar a cabo ninguna reforma de calado. El descontento entre la clase trabajadora aumentaría ante la crisis que se avecinaba y en cuatro años sería Vox quien recogería los frutos. Sabía que Unidas Podemos saldría debilitada. Se acordó del excelente artículo que Fernando Hernández Sánchez había escrito para el nuevo periódico digital elcomun.es y que alguien le había mandado. En el artículo se analizaba la experiencia de gobierno de los comunistas franceses en el ejecutivo de Mitterrand entre 1981 y 1984. La conclusión era que “lo complicado es saber salir y preparar un espacio en el que fortificarse sin dejar tras de sí un solar yermo para dos generaciones”. Era verdad, ¿pero cómo salir de este atolladero? Necesitaba una idea fuerza que le sacara del apuro. No podía pedir la Luna. Si lo hacía y se celebraban unas terceras elecciones el electorado le castigaría todavía más, pero si se vendía demasiado barato o entraba en el gobierno se adentraría en un escenario como el descrito por Hernández Sánchez. ¿Qué hacer? ¿Cuál era esa idea fuerza salvadora?

No fue hasta altas horas de la madrugada cuando, por fin, exclamó “¡Ya lo tengo!”

En ese momento le vinieron a la cabeza sus lecturas de teoría monetaria moderna y de Kalecki, el Keynes del socialismo.

“Esta es la oportunidad para arrebatar al sector privado el control sobre el nivel de empleo de la economía”, pensó. Decidido, saltó de la cama. A su próxima reunión con Pedro Sánchez llevaría un dosier debajo del brazo que le entregaría tanto a él como a los medios de comunicación y a los responsables de la web oficial de Unidas Podemos. En él se detallaría una garantía laboral basada en las reservas de estabilización de empleo. Iba a ponerle a Sánchez encima de la mesa una vía para acabar con el desempleo de forma permanente y por ley, y el desembolso para ello no superaría el 1% del PIB.

Apenas un año antes había escrito él mismo el prólogo a la edición en español de Nuestra Revolución, el libro de Bernie Sanders en el que se expone una idea parecida para los Estados Unidos. Si Pedro Sánchez quería los votos de UP en el Congreso tendría que comprometerse a llevar a cabo su propuesta.

Esto aclaraba las cosas. Por una parte, esta alternativa le permitía presentar a la sociedad una propuesta profundamente socialista. Se acabó ser el ala izquierda del PSOE. Esa estrategia nunca había dado resultado, ya que al final el electorado siempre se decide por el original moderado antes que por la copia radical. La garantía laboral suponía presentar una política propia. Por otra, el hecho de que la propuesta no conllevara nada más que el 1 % de PIB la convertía en extremadamente razonable. ¿Acaso era el 1% de PIB un precio demasiado alto a cambio del pleno empleo? Sánchez tendría muchas dificultades a la hora de defender tal cosa. Por eso era fundamental no entrar en el gobierno. Que fuera Sánchez el que explicara que España no es un país soberano y que gracias a la Unión Europea y al Euro le sería imposible llevar a cabo la propuesta. “Buena suerte ante el electorado si haces eso, amigo Sánchez”, pensó para sus adentros.

Era fundamental empezar por el principio. La idea era sencilla, todo trabajador que quiera y pueda trabajar, pero no encuentre trabajo en el sector privado o en el sector público permanente recibiría un trabajo de transición en el sector público en el que podría permanecer hasta que encontrara una alternativa laboral mejor.

Cada uno de los ayuntamientos del país tendría que hacer una lista con todos los parados de su municipio. Una vez conocido este número, las áreas de trabajo de cada ayuntamiento deberían identificar las carencias que podrían ser solventadas mediante el trabajo de estas personas. Para ello, la mejor manera de actuar es mediante la puesta en marcha de planes integrales, es decir, planes que solventen problemas que no tienen por qué ser resueltos mediante el trabajo permanente, sino mediante acciones puntuales. Si, por ejemplo, un ayuntamiento se ve aquejado por la aparición de pintadas que estropean el mobiliario público, el ayuntamiento podría diseñar un plan para limpiar las fachadas afectadas. Si por el contrario el municipio se ve aquejado de un gran fracaso escolar, el ayuntamiento podría decidir no cerrar las escuelas e institutos durante las vacaciones para impartir clases de apoyo. La limpieza de los bosques y de los fondos de los ríos, la lucha contra el acoso escolar, el acompañamiento de ancianos y personas con discapacidad o la limpieza de las playas son ejemplos que le vinieron a la mente en los que se podrían poner en práctica planes integrales llevados a cabo por los trabajadores de los planes de trabajo garantizado basados en las reservas de estabilización de empleo.

Para no generar presiones inflacionarias, los instrumentos utilizados para llevar a cabo estos planes integrales deberían ser lo más rudimentarios posibles y el tiempo de formación del trabajador debería ser nulo o casi nulo. Asimismo, los planes de trabajo garantizado deberían amoldar lo más posible las actividades laborales del trabajador a sus capacidades.

Se explicaría que la ventaja de los planes integrales es que palían o acaban con dinámicas sociales destructivas que no suelen volver a aparecer hasta mucho después de haber sido atajadas por las autoridades. Por eso el fracaso escolar disminuye en hogares con padres que no hayan sufrido este fracaso, por eso el acoso escolar disminuye si los acosados no se convierten en acosadores, etc.

Para evitar posibles casos de corrupción, el salario de los trabajadores sujetos a la garantía laboral (que de facto pasaría a ser el salario mínimo) no debería ser pagado por los ayuntamientos, sino por el propio ministerio de trabajo, que a su vez debería velar para que los planes de trabajo garantizado se desarrollaran de manera satisfactoria y con unos estándares profesionales similares a los del resto de la economía.

Problemas sociales asociados al desempleo como la pobreza, el maltrato a las mujeres, la drogadicción, el alcoholismo, la delincuencia, la desestructuración familiar o la despoblación disminuirían. El apoyo a la medida por parte de las clases más desfavorecidas sería enorme. La clase obrera se recompondría gracias a su compromiso con el bienestar y el empleo de los trabajadores. Solo esa sería su prioridad, mejorar las condiciones de vida de la mayoría. Él asumiría ese reto costara lo que costara, frente a la UE, frente al Euro o frente a cualquier enemigo de la clase trabajadora.

Febril, se despertó de repente en un lugar lujosamente siniestro y se acordó de que era Vicepresidente.

Euro delendus est.

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