Cosas Nazis

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– ¿Qué haces Adolf?
– Cosas.
– ¿Cosas Nazis?
– ¡Sí Peter, cosas Nazis!

Bienvenidos de nuevo a esta en sección semanal sobre series, después de haber leído el título de la columna (y la referencia a Family Guy, los más avispados habréis supuesto ya de la serie que os voy a comentar y los que no sois unos freaks como yo, puede que también. No es otra (aunque podría serlo) que la que esta semana ha puesto su punto y final esta semana, la serie de la plataforma Amazon Prime, The man in the high castle.

Para los que no la conozcáis, se trata de una serie estadounidense creada por Frank Spotnitz (creador productor y guionista de algunos episodios de S-Files y sus películas) y basada en un libro homónimo de 1962, escrito por Philip K. Dick, que sitúa la acción en una ucronía (líneas temporales que varían de la nuestra), en la que el eje ha ganado la segunda guerra mundial y han llegado hasta los Estados Unidos y se lo han repartido por costas, oriental para el Reich y occidental para el Imperio Japonés. Libro que no voy a comparar con la serie, porque no lo he leído (pendiente lo tengo), lo cual es indiferente, porque si bien está inspirada, no es exactamente igual y solo abarca parte de la serie.

El tema de la serie, no está ya en la propia realidad cambiada sino en la introducción de un elemento fantástico, porque aparecen unas películas en las que se ven imágenes de nuestra realidad. Estas películas provienen de the man in the high mountain, que las extrae de un universo paralelo, que viene a ser el nuestro y verlas conlleva, la rebelión del pueblo ante unos estados represores e invasores.

No entraré en detalles de la trama para no fastidiar a nadie la serie, pero lo obvio salta a la vista y es imaginable, maquinaciones políticas entre dos superpotencias que, si bien han sido aliadas, siendo imperialistas, en su necesidad de expansión, chocan como colosales trenes al defender su propia estrategia, más las intrigas internas en cada bloque, sumado a los insurrectos que ven en las películas del otro mundo un rayo de esperanza ante la barbarie. Las contradicciones que tienen internamente ambos bloques también son evidentes y son una de las partes más interesantes, así como la visión personal de cada una de las partes implicadas. Son cuatro temporadas en las que como espectador te llegas a meter en ese universo, aunque tengo que decir que la tercera tiene algo de menos miga y llega a hacerse densa, pero consiguen resarcirse en la cuarta, donde se afrontan interesantísimos diálogos personales sobre la vida y los propios sistemas, algunos de ellos sorprendentes al tratarse de una serie estadounidense, que tan acostumbrados nos tienen a darse una propaganda a bombo y platillo de su propio régimen, pero que de manera elegante, plantean discursos diferentes, algo loable en este tipo de industria.

Los actores, con sus más y sus menos están bastante bien, destacaría sobre todo a Cary-Hiroyuki Tagawa, de origen japonés nacionalizado estadounidense, que maneja con mucho gusto un difícil personaje, parte del imperio japonés que desea la paz, Rufus Sewel, que recordaréis de otras series o películas como la adaptación de Los pilares de la tierra en la que hacía de Tom Builder, que interpreta a un nazi americano en su devenir y Chelah Horsdal, que hace de la mujer de este oficial, cuyo papel tiene mucha importancia a medida que avanza la serie, un actriz sutil y que desde mi punto de vista, llega a eclipsar por momentos a la protagonista Alexa Davalos, que no está nada mal en la serie pero que en algunos momentos llega a ser incluso cargante.

La serie técnicamente puede parecer obvia, tratando con unos tonos oscuros tanto al Gran Reich como a los estados del pacífico del imperio japonés, pero es una visión global, no hay un discurso cerrado, se mueven entre visiones personales con pesimismo y sin embargo ven ese pasado en blanco y negro de la derrota del eje, como la gran visión alentadora.

Lo mejor, el tratamiento estético, la libertad con la que se imaginan este mundo, la capacidad de sorpresa sobrepasada que dan algunos giros muy buenos.

Lo peor, creo que parte de la tercera temporada se puede pasar sin pena ni gloria.

Un hecho curioso. Cuando terminó el rodaje, se destruyó todo el material creado por los equipos de arte correspondiente a esvásticas y otros utensilios correspondientes al imperio japonés y los nazis. Aquí el Twit del video.

Al terminar de verla, sorprendido de como acaba (que aunque tenga un poco de “chimpunismo” que parece querer acabar a toda costa) y de la ausencia de algunas diatribas anteriormente mencionadas, me dejó algo muy claro, y es que estos imperios que cayeron, están a la vuelta de la esquina y viendo la actual situación, entre osos sitios, de América latina, no podemos descartar que vuelvan y si no somos conscientes de lo que podría haber sido, puede que los tengamos creciendo en nuestro propio jardín trasero.

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