Ni en la hora de la pandemia

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Levantarse sin ganas de hacer nada. Al mismo tiempo, curiosamente, una enorme ansia de pasear, de moverse. Dirigirse (quien puede) al ordenador a teletrabajar. Casi todo el tiempo pensar en tareas, habitaciones que limpiar, ropa que ordenar, lavadoras que poner… Cualquier cosa que a uno le ayude a mantener la cabeza ocupada. Todo esto hasta que llega por fin la hora de hacer la tabla de ejercicios que nos hemos autodiseñado para poder realizarla en casa. Porque el ejercicio físico de algún modo logra por unos leves instantes sacudirnos la ansiedad. Uno se turna con los de su casa pensando quién va a hacer las tareas habituales: compras, sacar dinero, en algún caso medicamentos… Parece una bendición poder pisar la calle, aunque uno sabe que al mismo tiempo se expone a una plaga letal.

Pero el tiempo que uno está en la calle, poco, tampoco logra despejar la cabeza ni alejar temores. Uno ve menos gente, algunos con medidas de profilaxis y protección exageradas, como las famosas mascarillas que tanto echan en falta los profesionales sanitarios, en manos o en la faz de gente probablemente sana, por más que las autoridades sanitarias repiten que quien no viva en contacto con enfermos no debe usarlas.

Una vez en el supermercado del barrio tenemos que usar guantes de plástico, hacer a veces auténticos equilibrios para guardar una distancia de seguridad, y pagar a ser posible sin dinero. Aun así, uno tiene suerte si piensa en la cajera que le atiende prácticamente embutida en plásticos, marcarillas y guantes, contando el dinero a toda prisa y soportando a algún cliente con preguntas estúpidas que no dejan de existir en estos casos. Haciendo a veces horas y jornadas muy largas de un trabajo desagradecido para que esto pueda tirar malamente hacia adelante. Y no les cuento ya si el establecimiento al que han acudido es una farmacia, con mamparas y plásticos recubriendo de forma muy aparatosa todo el local, y avisando ya de antemano que no tienen mascarillas ni otros útiles necesarios para el momento actual.

Esta rutina les va siendo ya familiar ¿verdad? Es lo que nos está imponiendo la terrible amenaza sanitaria del Covid-19. Una situación que muchos sencillamente no concebíamos que era posible que ocurriera. En algún momento del día uno tiene que informarse, oír el parte, y por desgracia hasta ahora no nos trae buenas noticias. Hoy incluso hemos oído a un equipo médico chino enviado a Europa decir que nuestra cuarentena es insuficiente, que habrá que parar toda actividad económica y que sólo tras 30 días será posible empezar a ver resultados.

Mientras todos nos esforzamos por guardar estas normas lo mejor posible, por proteger a nuestra gente, y seguimos las indicaciones tanto como podemos, hay quien se empeña en incendiar el ambiente. No sé si habrán oído que una de las peticiones que más se repiten es no dar publicidad a bulos, no extender falsas noticias. Pues resulta que la derecha nacional y periférica se dedica a extender infundios conspiratorios para meterse con el gobierno. En Madrid, la presidenta Díaz Ayuso acusa sin pruebas al gobierno de retener el material sanitario que la comunidad necesita en las aduanas. En Cataluña, Quim Torra, de la derecha periférica catalana, echa la culpa a Madrid de que no puedan confinar a la gente. El lehendakari Íñigo Urkullu, de la derecha periférica vasca se queja de que invadan sus competencias. Todos ellos, por cierto, gestionando comunidades muy afectadas por la pandemia. E incluso políticos sin cargos importantes, como Santiago Abascal se inventan una conspiración golpista para imponer no se sabe bien qué.

La derecha ha visto una oportunidad en esta crisis, y no para de agitar fantasmas. En un momento en que precisamente todos estamos valorando nuestros servicios públicos y estamos decididos a defenderlos, ellos ven peligrar sus privilegios. Por ello no van a parar de agitar el virus y el miedo con todas sus medios. Ya se pueden ver por Twitter mensajes pidiendo llevar al gobierno a los tribunales por su gestión, amenazas explícitas a miembros del mismo, etc. Por supuesto, el ataque tiene un objetivo preferente en la coalición de gobierno: ya se ha oído en más de una ocasión a políticos como Pablo Casado decir que ellos serán mucho más leales y fiables para el PSOE que los socios de gobierno más a la izquierda. Cada movimiento que hace estos días el Vicepresidente Pablo Iglesias es escrutado con lupa y machacado por toda la batería mediática del poder. Supongo que no es necesario comparar la atención que está recibiendo como posible fallo en la gestión la celebración del 8m y la de los actos en contra que varios partidos y organizaciones de derechas convocaron.

De modo que ya lo ven, ni en la peor crisis sanitaria que recuerda el mundo podemos olvidarnos de que los poderes financieros y sus voceros políticos harán todo lo que sea posible por no perder su fuerza. Ahora debemos centrar nuestros esfuerzos en superar la crisis. Pero no olviden que hay otras cosas en juego. El último escándalo en torno a la corona nos lo advierte: después de saberse de un cobro fraudulento de comisiones por parte de varios miembros de la familia real, no solo el asunto ha quedado eclipsado, sino que han pretendido vendernos una aparición del actual monarca como un gesto de valiente liderazgo en esta crisis. No bajen la guardia porque mucha gente está deseando ver una directriz o línea a seguir, y compran lo que sea, incluso aquella aparición como rayo de esperanza.

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