La autopercibida izquierda malmenorista se alimenta de fomentar dos enfermedades: el olvido de la realidad material más inmediata y la incapacidad de relacionar hechos razonando de manera dialéctica.
Venció en las elecciones chilenas José Antonio Kast, hijo de un refugiado nazi en Chile que huyó a Sudamérica a través de la vía española de la dictadura franquista. Un señor que públicamente es defensor de la dictadura de Pinochet. Además es seguidor de la secta ultracatólica Schoenstatt. La prensa occidental le califica como «ultraderecha», pero ustedes usen el calificativo que crean más oportuno.
Es muy curioso ver la respuesta española a este despropósito chileno. Sánchez no ha tenido problema en felicitar al ganador, una raya más para un tigre que envía armas a Ucrania o permite el comercio y tránsito de armas para Israel.
La autopercibida izquierda parlamentaria, Sumar y Podemos, se hace la sorprendida. Los de Sumar (que ayer exigieron a su socio de Gobierno cambiar sus políticas y les dieron el enésimo ultimátum bajo la amenaza de indignarse muchísimo) nos advierte de lo pernicioso de las «izquierdas tibias y sin proyecto». No es broma. Sumar advierte de las «izquierdas tibias y sin proyecto».

Por su parte, los portavoces de Podemos (a quien les falta dos Aperol para asegurar que jamás estuvieron en el Gobierno con el PSOE) afirman que es necesaria una izquierda «fuerte y valiente para hacer frente al fascismo». Parece ser que se han olvidado de cómo apoyaron al Frente Amplio de Boric en Chile. Es natural que ambos se apoyaran a través del océano, pues son estos dos partidos las franquicias del Partido Demócrata de EEUU en sus respectivos países.
No se pierdan el certero análisis del preparado Echenique:

«Después de A. Fernández vino Milei. Después de Boric vino Kast. Y después de Sánchez/Díaz vendrá Abascal. El mal menor lleva a la ultraderecha al gobierno«. En serio. ¿Cómo pueden tener tan poca vergüenza?
Esta plaga posmodena y woke sólo es posible si se alimenta de dos circunstancias necesarias: el olvido de la realidad material más inmediata y la incapacidad de relacionar hechos razonando de manera dialéctica. Sólo destrozando de ese modo la capacidad cognitiva de un votante es posible engañarle con tan tremenda violencia. Se necesita vaciar absolutamente la capacidad de razonamiento de un ciudadano para convencerle de esa manera.
Es por ello que su universo ideológico tiene que rellenarse permanentemente de polémicas inocuas para el sistema, de percepciones identitarias que crean una falsa sensación de transgresión pero que ni hacen cosquillas a los pilares del sistema capitalista. No le hacen cosquillas porque entre otras cosas no reconocen que exista algo malo en un sistema capitalista.
Señores de la izquierda woke, lo que ha ocurrido en Chile es que ha habido un enorme descontento social ante la incapacidad de la promesa de Boric de acometer proyectos como la reforma de la Constitución y la lógica percepción de que la agenda posmoderna no solucionaba los problemas urgentes.
A Kast le ha bastado moderar su discurso con respecto al pinochetismo, centrar su campaña en seguridad, orden y desarrollo económico, capitalizar el voto del rechazo a la constitución y la crisis de inflación que provoca la deriva neoliberal.
Es lo que tiene jugar a engañar a la ciudadanía en campaña electoral, que ese juego lo sabe jugar cualquiera que tenga un buen padrino y que ponga el dinero para salir en TV.








